¿Cómo puede Sudáfrica mejorar la salud rural?

¿Cómo puede Sudáfrica mejorar la salud rural?
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Las comunidades rurales de Sudáfrica, al igual que las de otros países del mundo, tienen menos acceso a la atención sanitaria. Las instalaciones son limitadas, la información es insuficiente y hay menos profesionales de la salud para atender a la población, lo que da lugar a que esta tenga un estado de salud más precario.

Se estima que en Sudáfrica más del 70 % de los médicos trabaja en el sector privado, por lo que poco más del 27 % atiende a la gran mayoría en el sector público. La distribución desigual de la atención sanitaria favorece a las personas más ricas, aunque las enfermedades son más frecuentes entre las personas pobres.

Para mejorar la disponibilidad de profesionales de la salud, especialmente en las comunidades rurales, en 2008 el Departamento Nacional de Salud de Sudáfrica creó el puesto de asociados clínicos como parte del programa de trabajadores de salud de nivel intermedio.

Los asociados clínicos son profesionales de la salud competentes, con los conocimientos, las habilidades y las actitudes necesarias para formar parte de un equipo clínico de hospital de distrito, al que se accede como parte de los servicios de atención primaria de salud comunitaria en las provincias. Trabajan bajo la supervisión de médicos y pueden realizar ciertos procedimientos; evaluar a pacientes en las salas de urgencias y emergencias, así como en otras salas y quirófanos. Su función es aliviar la carga de trabajo de sus equipos. Su presencia permite que los médicos realicen labores de extensión en clínicas rurales.

Pero, siete años después de la creación del programa, y pese a las respuestas positivas basadas en experiencias anecdóticas del personal hospitalario sobre la ayuda que prestan, el programa de asociados clínicos no ha producido el número de trabajadores de salud de nivel intermedio que se había propuesto.

Obstaculizado por limitaciones financieras

El programa ha afrontado desafíos, sobre todo en lo relativo a su financiación. Al principio, se preveía formar a 1350 personas y enviarlas en grupos de cinco a más de 200 hospitales de distrito de todo el país. Sin embargo, para 2014, cuando debía graduarse el tercer grupo de asociados clínicos, el Consejo de Profesiones de la Salud de Sudáfrica solo había inscrito a 369).

Conseguir financiación de donantes al inicio del programa para crear el plan de estudios fue difícil, y la falta de comunicación entre el Ministerio de Salud y el Tesoro Nacional acerca de las asignaciones especiales del programa agravó la situación. La insuficiencia de fondos para las universidades también dificultó el cumplimiento de los objetivos.

Las universidades han tenido que aprovechar al máximo los recursos docentes existentes, porque solo podían acceder a las subvenciones del Departamento de Educación una vez que los asociados clínicos se hubieran graduado.

Los hospitales también han tenido dificultades para financiar los costos de formación, incluidos los puestos docentes. La situación financiera no ha alentado a las universidades a ampliar la formación. Y, dado que ha habido muy pocos asociados clínicos en ejercicio, todavía no se ha podido determinar el impacto total del programa.

Un programa de formación a medida

Aunque los asociados clínicos se forman en facultades de medicina y están regulados por el mismo organismo que los médicos, no son médicos. Su formación difiere de la de los médicos en varios aspectos. Su carrera dura tres años, frente a los seis años de la carrera de medicina necesaria para convertirse en médico. Se forman en las salas hospitalarias mientras aprenden la teoría de su profesión. En cambio, los médicos realizan su formación en servicio una vez terminados sus estudios.

Todos los asociados clínicos siguen el mismo plan de estudios y presentan el mismo examen nacional, lo que garantiza que reciban una formación de nivel comparable en todo el país. Durante la formación, se ha incorporado cierta flexibilidad e innovación local en las distintas universidades.

Varios aspectos del programa de formación de asociados clínicos contribuyeron a su éxito.

La formación junto con los médicos fomenta la sinergia entre los asociados clínicos y los médicos, porque tienen que trabajar juntos. Como su trabajo debe estar supervisado por médicos, cuentan con el apoyo adecuado y se mantiene la calidad de la atención a los pacientes.

El ámbito de práctica de los asociados clínicos se adapta a las necesidades y al contexto del hospital de distrito. Hace hincapié en las habilidades generales, pero responde al perfil de los pacientes del hospital de distrito.

El programa aborda otro gran desafío que afrontan las facultades de medicina: cómo atraer a estudiantes de zonas rurales. Los estudios han demostrado repetidamente que el origen del estudiante es el principal factor que determina su permanencia en la práctica rural.

El programa está diseñado para captar estudiantes de zonas rurales y formarlos para que trabajen en ellas, ofreciendo a las comunidades marginadas una nueva vía de acceso al ámbito médico. Ha mejorado la retención del personal en las zonas rurales y los pacientes reciben atención de trabajadores de la salud que hablan sus idiomas.

La formación en servicio permite que los asociados clínicos se familiaricen con las condiciones sanitarias locales y alivien de inmediato la carga de trabajo del personal al que acompañan. Sin embargo, los beneficios totales del programa solo podrán determinarse cuando se haya titulado un número suficiente de asociados clínicos.

En Estados Unidos, donde el programa de asistentes médicos funciona desde la década de 1960, hay alrededor de 90 000 asistentes en ejercicio en 50 estados.

Mantener el programa en marcha

Para sostener los primeros logros del programa de asociados clínicos, es necesario formar a más personas y en mayor número. La retención también podría ser un problema. Las aparentes malas condiciones laborales y los sistemas de gestión que, en el pasado, han contribuido especialmente a la baja retención del personal en las zonas rurales podrían frenar las aspiraciones de los asociados clínicos, que quizá sigan buscando crecer profesionalmente.

También ha habido tensiones entre los asociados clínicos y los profesionales de la salud ya establecidos respecto a lo que se permite hacer a los asociados clínicos. Uno de los desafíos es que el Consejo de Farmacia había impedido que los asociados clínicos recetaran medicamentos.

Pero el desafío más preocupante es que, dada la conocida escasez de personal sanitario en Sudáfrica, existe el riesgo de que no haya médicos disponibles para supervisar a los asociados clínicos. Esto podría impedir que los asociados clínicos trabajaran a plena capacidad.

El programa de asociados clínicos tiene potencial para mejorar la calidad de la atención, especialmente para las comunidades pobres, marginadas y rurales. Sin embargo, el éxito del programa requiere sistemas de salud de distrito sólidos, una buena gestión sanitaria y suficientes médicos para supervisarlos.

Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Daphney Nozizwe Conco es profesora honoraria en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Witwatersrand.

Imagen: Un niño de nueve años muestra sus pastillas. REUTERS/Siphiwe Sibeko.

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