¿Cómo puede Myanmar alcanzar sus objetivos de desarrollo?

¿Cómo puede Myanmar alcanzar sus objetivos de desarrollo?
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Myanmar atraviesa una transición histórica. Tras décadas de conflicto armado y estancamiento económico, el país empieza a dar pasos importantes para hacer realidad su potencial y las aspiraciones de su población.

Nuestro compromiso en Myanmar comenzó hace más de 60 años, cuando el país se convirtió en miembro del Banco Mundial, poco después de independizarse del dominio británico.

En 1955, el primer informe económico del Banco afirmaba: «la falta de seguridad sigue siendo un factor perturbador en la vida económica del país», mientras que «las perspectivas económicas a largo plazo son alentadoras», gracias al moderado crecimiento demográfico y a la abundancia de recursos naturales. También señalaba la importancia de «fomentar la iniciativa del sector privado para mejorar el nivel de vida de la población»; estos son temas que siguen resonando en el debate sobre el desarrollo actual.

A principios de la década de 1950, el PIB per cápita de Myanmar era comparable al de Tailandia, Corea e Indonesia. Al igual que otros países de la región, Myanmar salía del dominio colonial y de un período de lucha. Sesenta años después, Myanmar tiene un PIB per cápita apenas superior a 1.100 dólares, menos de un tercio del promedio de los países de la ASEAN y uno de los más bajos de Asia Oriental.

La buena noticia es que Myanmar ha iniciado el proceso de recuperación. Las importantes reformas políticas y económicas emprendidas desde 2011 han ampliado las libertades civiles, reducido el conflicto armado y eliminado obstáculos al comercio y a la iniciativa privada que durante mucho tiempo frenaron la economía.

Los resultados hasta ahora son alentadores. El crecimiento económico se aceleró del 5 por ciento en 2010 al 8,5 por ciento en 2014/15; las exportaciones aumentaron un 70 por ciento, la inversión extranjera directa se quintuplicó hasta alcanzar los 5.000 millones de dólares al año y las llegadas de turistas se multiplicaron por diez, hasta llegar a 3 millones al año.

La mayor apertura de Myanmar ofrece la oportunidad de contribuir a atender necesidades urgentes de desarrollo. El desafío consiste en mantener las reformas y los avances en materia de desarrollo a largo plazo, incluso mediante una paz duradera.

Aunque el esfuerzo de desarrollo está en manos del pueblo de Myanmar, la comunidad internacional puede desempeñar un importante papel de apoyo, incluso a través de instituciones multilaterales como el Grupo Banco Mundial.

Esta semana visito Myanmar para presentar el nuevo Marco de Asociación con el País (CPF) entre Myanmar y el Grupo Banco Mundial. Es una ocasión trascendental, pues marca la reanudación de nuestro pleno compromiso con Myanmar.

El nuevo CPF es fruto de amplias consultas con una gran variedad de partes interesadas, entre ellas el Gobierno, el sector privado y las organizaciones de la sociedad civil. Sobre esta base, el CPF expone cómo los conocimientos y el financiamiento globales del Grupo Banco Mundial pueden ayudar a Myanmar y a su población a transformar el país.

Centraremos nuestros esfuerzos en ayudar a reducir la pobreza rural, invertir en las personas y en instituciones eficaces e inclusivas que las empoderen, y apoyar la creación de empleo en el sector privado.

Durante los próximos tres años tenemos previsto comprometer unos 2.600 millones de dólares para apoyar el desarrollo de la población de Myanmar. De esa suma, 1.600 millones serán créditos en condiciones concesionarias (sin intereses y con un vencimiento de unos 40 años) de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), destinados a inversiones en salud y educación, así como en agricultura y electricidad. La Corporación Financiera Internacional (IFC), nuestro brazo dedicado al sector privado, prevé aportar hasta 1.000 millones de dólares en inversiones y 20 millones de dólares en asistencia técnica para impulsar el crecimiento liderado por el sector privado y contribuir a crear empleo.

Pero estas cifras son solo un indicador del compromiso del Grupo Banco Mundial con el pueblo de Myanmar. Igual de importante, si no más, es nuestra forma de trabajar: ayudamos a poner en práctica sobre el terreno el enfoque del Gobierno centrado en las personas, mediante los proyectos y programas que apoyamos.

El Programa Nacional de Desarrollo Impulsado por la Comunidad (CDD), el primer proyecto apoyado por el Banco Mundial tras una pausa de 25 años, trabaja para empoderar a las comunidades proporcionándoles las herramientas, los recursos y las habilidades para decidir sus propias prioridades de desarrollo y forjar su propio futuro.

Cuando el año pasado visitamos una comunidad participante en el estado de Chin, uno de sus miembros nos dijo: «Es la primera vez en mi vida que he presenciado un proyecto elegido por las comunidades, no por las autoridades de arriba, sino desde abajo».

Se aplica un enfoque similar en el Proyecto de descentralización del financiamiento para las escuelas, que permite a directores, docentes y padres decidir juntos qué adquisiciones son más necesarias en las aulas.

Para el Banco Mundial, alcanzar los objetivos de desarrollo de Myanmar —como el acceso universal a la atención de salud para 2030— requiere un enfoque integral que se base en un modelo inclusivo de participación local y en el fortalecimiento continuo de las instituciones del Gobierno.

La relación entre Myanmar y el Banco Mundial se forjó en 1951, hace más de seis décadas. Con el nuevo Marco de Asociación con el País, el Grupo Banco Mundial espera acompañar al pueblo de Myanmar como socio para el desarrollo a largo plazo.

Nos sentimos privilegiados, junto con otros socios para el desarrollo, de acompañar a Myanmar en su camino hacia un futuro más próspero y pacífico.

Este artículo se publicó primero en el blog East Asia & Pacific on the Rise del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Axel van Trotsenburg asumió el cargo de vicepresidente regional del Banco Mundial para Asia Oriental y el Pacífico el 1 de febrero de 2013.

Imagen: Niños con un antiguo peinado conocido como Sanyitwine juegan en un tamarindo en la aldea de Sat Sat Yo, en el municipio de Nyaung Oo, cerca de la antigua ciudad de Bagan, Myanmar, el 17 de abril de 2015. REUTERS/Soe Zeya Tun.

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