¿Cómo puede América Latina mantener un crecimiento inclusivo?

¿Cómo puede América Latina mantener un crecimiento inclusivo?
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La región de América Latina y el Caribe (ALC) ha sido la más inclusiva del mundo durante la última década: no solo redujo a la mitad la pobreza extrema, sino que también registró la mayor tasa de crecimiento de los ingresos entre el 40% con menores ingresos, tanto en términos absolutos como en relación con la población total. Entre 2006 y 2011, la tasa media anual de crecimiento de los ingresos medios del 40% más pobre de ALC fue de aproximadamente el 5,2%. Además, en comparación con el resto del mundo, el 40% más pobre de la región disfrutó del crecimiento de los ingresos más rápido en relación con la población total (Figura 1).

Figura 1. Prosperidad compartida: crecimiento anualizado de los ingresos,
Regiones en desarrollo, alrededor de 2006-11


Fuente: GDSP (Base de datos mundial de prosperidad compartida), Banco Mundial, Washington, DC

Estos avances han sido profundamente transformadores. En 2012, más de un tercio del 40% más pobre de la región estaba compuesto por hogares vulnerables (aquellos que vivían con entre 4 y 10 dólares al día). Esto representa una mejora con respecto a 2003, cuando el 40% más pobre estaba compuesto íntegramente por hogares que vivían en pobreza moderada (aquellos que vivían con menos de 4 dólares al día). Además, en 2012 había más latinoamericanos en la clase media que en situación de pobreza moderada: 34,4 frente a 25,1%. El carácter inclusivo del crecimiento de ALC también se refleja en la disminución de los notoriamente elevados niveles de desigualdad, medidos por el coeficiente de GINI, que bajó de 0,56 en 2003 a 0,52 en 2012.

Entonces, ¿qué impulsa el crecimiento inclusivo en ALC?

Al investigar para nuestro reciente libro, descubrimos que la acumulación dinámica de capital humano para toda la población, un mayor crecimiento de los salarios para quienes integran el 40% con menores ingresos y la estabilidad de precios, en un contexto de ligero descenso de la participación en la fuerza laboral de quienes pertenecen a los dos quintiles más bajos, han impulsado muchos de estos avances sociales.

También descubrimos que los países que obtuvieron mejores resultados en materia de crecimiento inclusivo adoptaron políticas que propiciaron una política fiscal equitativa, eficiente y sostenible, así como estabilidad macroeconómica; instituciones justas y transparentes capaces de prestar servicios básicos universales y de buena calidad; mercados que funcionen correctamente; y una gestión adecuada de los riesgos a nivel macroeconómico y de los hogares.

Sin embargo, la situación varía considerablemente de un país a otro.

Mientras que Bolivia, Brasil y Perú aprovecharon las altas tasas de crecimiento para reducir la pobreza e impulsar la prosperidad compartida, Guatemala, Honduras y México se enfrentaron a un crecimiento débil. También hubo diferencias importantes entre países en cuanto a la importancia relativa del crecimiento y la redistribución para reducir la pobreza. En Colombia, la reducción de la pobreza moderada se debió principalmente al crecimiento económico, mientras que en la República Dominicana, El Salvador y Nicaragua, la redistribución fue casi exclusivamente responsable de reducir la pobreza extrema. La sostenibilidad de los avances sociales de ALC podría verse amenazada por unas perspectivas menos favorables de crecimiento económico y por el estancamiento del ritmo de reducción de la desigualdad de ingresos (Cord et al. 2014; de la Torre et al. 2014). Hay otras diferencias. Los mercados laborales de Brasilse destacaron por generar empleos formales bien remunerados que han contribuido mucho a reducir la pobreza. Por otro lado, en Colombia, la política fiscal ha tenido un impacto limitado en la desigualdad, en parte porque las CCT distribuyen el 37,8% de los fondos a personas que no son pobres y porque componentes clave del gasto social son regresivos. En Argentina, existen disparidades regionales importantes en el acceso equitativo a los servicios, especialmente al saneamiento. Por último, en México, pese a los avances significativos en la gestión de los riesgos fiscales derivados de los desastres naturales, la capacidad de los hogares para hacer frente a estos desastres sigue siendo limitada.

Si el crecimiento pierde fuerza y se ralentizan los avances en la reducción de los altos niveles de desigualdad de la región, medidos por el coeficiente de GINI, será más importante que nunca que los gobiernos centren sus políticas en el crecimiento inclusivo (de la Torre et al. 2015). Por ejemplo, comprender los factores que explican la caída de las tasas de participación en la fuerza laboral del 40% con menores ingresos será fundamental para garantizar que el crecimiento sea inclusivo, especialmente en un contexto de menor crecimiento que limita los rendimientos laborales. Además, ALC también debería prestar mucha atención a su limitado margen fiscal para aumentar la recaudación tributaria, trabajar para mejorar el acceso a los servicios básicos y su calidad, y desarrollar políticas que protejan a las poblaciones vulnerables frente a las perturbaciones.

Referencias:

Cord, Louise, Oscar Barriga Cabanillas, Leonardo Lucchetti, Carlos Rodríguez-Castelán, Liliana D. Sousa y Daniel Valderrama. 2014. «Estancamiento de la desigualdad en América Latina tras la crisis financiera mundial». Policy Research Working Papers 7146, Banco Mundial, Washington, DC.

de la Torre, Augusto, Eduardo Levy Yeyati, Guillermo Beylis, Tatiana Didier, Carlos Rodríguez-Castelán y Sergio Schmukler. 2014. «La desigualdad en una América Latina de menor crecimiento.» Informe semestral (octubre), Región de América Latina y el Caribe, Banco Mundial, Washington, DC.

de la Torre, Augusto; Ize, Alain; Pienknagura, Samuel. 2015. «América Latina avanza por un estrecho camino hacia el crecimiento»
Informe semestral (abril), Región de América Latina y el Caribe, Banco Mundial, Washington, DC.

Este artículo se publica en colaboración con el blog Let’s Talk Development del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Carlos Rodríguez-Castelán es economista sénior en la Práctica Global de Pobreza del Banco Mundial. Louise Cord es gerente de práctica en la Práctica Global de Pobreza para la región de América Latina y el Caribe del Banco Mundial.

Imagen: Empleados trabajan en la cadena de montaje de la planta de Renault en Sao Jose dos Pinhais. REUTERS/Rodolfo Buhrer.

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