Este artículo se publica en colaboración con SAP Community Network.
Los más pobres de los países occidentales están económicamente mejor que hace 300 años, y de ello podemos agradecer a la Revolución Industrial. La mayoría de los países modernos ofrecen alguna forma de seguridad social, que garantiza que incluso los desempleados tengan comida que comer, ropa que vestir y un techo sobre sus cabezas. No afirmo que el sistema sea perfecto en modo alguno ni deseo la pobreza para nadie, pero, si debo elegir entre hoy y hace 300 años, elegiría hoy.
La industrialización transformó radicalmente la vida de la gente común. Muchos abandonaron el campo para dirigirse en masa a las ciudades: algunos en busca de aventura y oportunidades; otros por desesperación, obligados a buscar trabajo por la mecanización de la agricultura. En este proceso, la forma de sus empleos, familias y actividades diarias adquirió una configuración completamente nueva. Y mejoró su situación económica. La propiedad de vivienda, los electrodomésticos, los inodoros con cisterna, el agua caliente, la electricidad, los automóviles, el ocio y el entretenimiento formaban parte de este nuevo mundo.
En marcado contraste, muchos de los países más pobres aún no se han transformado en naciones industriales. El empleo en el sector agrícola del África subsahariana sigue mostrando cifras preindustriales: 61% en Kenia, 79% en Etiopía, 80% en Mozambique, 84% en Burkina Faso y 92% en Burundi, por citar algunos casos. En comparación, menos del 2% de la fuerza laboral de Estados Unidos trabaja en la agricultura, con cifras similares en Canadá, Reino Unido, Francia y el resto del mundo occidental.
La infraestructura fue fundamental para lograr la industrialización y la prosperidad que de ella resultó. En el núcleo de la Revolución Industrial se encontraban las innovaciones en banca e inversión, que ayudaron a financiar la invención tecnológica y la producción. Las nuevas fábricas se desarrollaron a lo largo de los ríos y cerca de los yacimientos de carbón, próximas a las fuentes de energía necesarias para impulsar los emergentes complejos industriales. Las vías navegables, los ferrocarriles y las carreteras conectaron los nuevos bienes con los mercados nacionales y, finalmente, globales. La infraestructura impulsó la industrialización y se desarrolló junto con ella.
La infraestructura necesaria para la industrialización no será la misma para África que la que fue para la Europa y Norteamérica del siglo XVIII. Para empezar, sabemos mucho más sobre cómo construir procesos industriales más sostenibles. Menos del 20% de las carreteras del África subsahariana están pavimentadas, pero los drones podrían ofrecer, por ejemplo, una nueva forma de llevar los bienes al mercado. La energía es fundamental para la producción, pero la electricidad de origen renovable podría convertirse en la norma.
Los datos y la tecnología de la información que los genera, recopila y analiza son fundamentales para construir una infraestructura resiliente que garantice una industrialización sostenible. Muchos países emergentes carecen de la infraestructura básica de TI que necesitan tanto las grandes como las pequeñas empresas. Sin embargo, las tecnologías móviles y los servicios en la nube ofrecen a las pequeñas empresas la oportunidad de adoptar las últimas tecnologías sin realizar enormes inversiones en centros de datos. La innovación no tendrá oportunidad de arraigar y crecer sin una infraestructura básica y emprendedores motivados.
¿Dónde está en África el próximo Thomas Newcomen y Thomas Edison, Henry Ford y Henry Maudsley? Crearán pequeñas empresas que se convertirán en grandes compañías con miles de empleados. Empoderar a los emprendedores con las herramientas y el apoyo necesarios para hacer realidad sus sueños requiere organizaciones sin ánimo de lucro como Endeavor, empresas privadas como Compartamos Banco, y compañías como SAP, que hacen de su visión y propósito de formar una nueva generación de innovadores para África y para el resto del mundo en desarrollo.
La publicación no implica el respaldo de las opiniones expresadas por el Foro Económico Mundial.
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Autor: David Jonker es redactor en SAP Community Network.
Imagen: Una chimenea en una zona industrial emite vapor. REUTERS/Tim Wimborne.


