Egipto se enfrenta actualmente a lo que pueden parecer objetivos contrapuestos. Por un lado, existe una necesidad urgente de restablecer la estabilidad económica, reduciendo el déficit presupuestario, la deuda pública y la inflación, y garantizando reservas adecuadas de divisas. Al mismo tiempo, existe desde hace tiempo la necesidad de mejorar el nivel de vida, con más empleos, menos pobreza y mejores sistemas de salud y educación; esta fue una de las razones principales por las que la gente salió a las calles en 2011.
Algunos podrían pensar que esos dos objetivos son incompatibles; que las medidas necesarias para reducir los déficits presupuestario y externo necesariamente perjudicarán el empleo y el crecimiento. Pero no es así. Algunas de las mismas políticas que mejorarán la situación financiera de Egipto también pueden ayudar a mejorar el nivel de vida.
Un difícil punto de partida
El llamamiento a un acceso más justo a las oportunidades económicas, especialmente al empleo, fue una de las razones principales detrás de la revolución de enero de 2011. Sin embargo, los cuatro años de transición política han pasado factura a la economía. Como resultado, problemas económicos crónicos quedaron sin resolver y otros nuevos se agravaron.
El déficit fiscal global aumentó del 9,8 por ciento del PIB en el ejercicio fiscal 2010/11 al 13,8 por ciento en 2013/14. Como resultado, la deuda del gobierno general —interna y externa— aumentó del 76,6 por ciento del PIB al 90,5 por ciento durante el mismo período. Los datos de 2013/14 muestran que las reservas del banco central no alcanzaban para cubrir tres meses de importaciones, mientras que la inflación media se situó en el 10 por ciento.
Con un 2,2 por ciento en 2013/14, el crecimiento económico fue demasiado bajo para mejorar indicadores socioeconómicos vitales. El desempleo alcanzó un máximo del 13,4 por ciento, con los niveles más altos entre los jóvenes y las mujeres. La pobreza aumentó al 26,3 por ciento el año anterior, y se estimaba que otro 20 por ciento de la población estaba cerca del umbral de pobreza.
Cabe señalar que el bajo crecimiento, el alto desempleo y la pobreza en Egipto coexisten con debilidades en la estructura de la economía que, en gran medida, son anteriores a 2011. Estas se deben principalmente a sistemas ineficientes de subsidios, regulaciones empresariales engorrosas, bajo capital humano, infraestructura deficiente, acceso limitado a la financiación y escasa competitividad externa.
Políticas para impulsar el crecimiento y reducir los déficits: reforma de los subsidios y flexibilidad del tipo de cambio
En 2013/14, Egipto gastó más del 6 por ciento de su PIB en subsidios al combustible, más que en salud o educación. Irónicamente, los subsidios al combustible suelen beneficiar más a los segmentos acomodados de la población —por ejemplo, a los propietarios de automóviles que consumen mucha gasolina— que a los pobres, quienes necesitan más protección social y mejores sistemas de salud y educación escolar.
Los subsidios al combustible también favorecen a las industrias intensivas en capital, mientras que Egipto necesita más industrias intensivas en mano de obra para ayudar a reducir el desempleo. Además, contribuyen a grandes déficits fiscales y al aumento de la deuda pública y, por tanto, a la fragilidad económica, dejando muy poco para gastar en infraestructura.
La reforma de los subsidios, que forma parte del paquete de políticas económicas cuya implementación las autoridades egipcias comenzaron el verano pasado, puede corregir estas distorsiones. Al aumentar los precios del combustible, el gobierno podrá generar grandes ahorros. Esto dejará margen para más transferencias a las personas vulnerables y más recursos para mejorar las condiciones de vida de los pobres, junto con inversiones en carreteras, escuelas, hospitales y centrales eléctricas. Esto ocupa un lugar central en la agenda de las autoridades, que ya han comenzado a diseñar un sistema de transferencias monetarias condicionadas, financiado en parte con los ahorros derivados de la reforma de los subsidios al combustible.
Aumentar el gasto en salud, educación e infraestructura no solo ayudará a los pobres y a los grupos más vulnerables a corto plazo, sino que también podría contribuir a generar un mayor crecimiento potencial a largo plazo. Como muestran las investigaciones, esto es muy importante para la creación de empleo y la mejora del nivel de vida.
Otra política económica clave es la flexibilidad del tipo de cambio. Un tipo de cambio más flexible puede fortalecer la competitividad, atraer inversión extranjera y turismo, y respaldar las exportaciones de nuevas industrias. Estas pueden crear empleos y apoyar el crecimiento a largo plazo y, por tanto, elevar el nivel de vida. En este contexto, el reciente movimiento del tipo de cambio de la libra egipcia frente al dólar estadounidense es un paso en la dirección correcta.
Las reformas estructurales son cruciales
Serán importantes las medidas estructurales que mejoren el entorno empresarial y puedan hacer de Egipto un lugar más atractivo para los inversores. Por ejemplo, según el Banco Mundial, obtener un permiso de construcción en Egipto lleva 218 días, frente a solo 29 días en la República de Corea. Eliminar las regulaciones ineficientes y la burocracia será esencial para aumentar la inversión e impulsar el empleo. Los avances en este ámbito también ayudarían a incorporar el sector económico informal, con un efecto positivo en el desempleo y el nivel de vida en general. Hemos constatado que las autoridades egipcias son muy conscientes de la urgente necesidad de reformas estructurales y que los planes actuales, por ejemplo, para promulgar una ley de inversiones revisada, van en la dirección correcta.
Un desafío clave para el gobierno es crear instituciones modernas y transparentes que fomenten la rendición de cuentas y la buena gobernanza, y garanticen reglas de juego justas y transparentes. La equidad en la política económica puede garantizar que todos los integrantes de la sociedad se beneficien de las ganancias del crecimiento. Puede garantizar la imparcialidad en el acceso a empleos y oportunidades para las empresas, tanto si las personas tienen conexiones como si no.
Además, los responsables de formular políticas pueden tomar medidas para que el sistema financiero funcione mejor. Por ejemplo, actualmente solo el 10 por ciento de los egipcios tiene cuentas bancarias. Ampliar la difusión de los servicios financieros y otorgar más crédito a las pequeñas empresas que crean empleo podría ayudar mucho a la economía. También se están logrando avances en este ámbito en Egipto, con la aprobación de una ley de microfinanzas que podría contribuir al desarrollo del sector financiero.
Por último, mejorar el sistema educativo es de suma importancia para el desarrollo a largo plazo de Egipto. No se pueden crear empleos sin adaptar el sistema educativo para preparar a los graduados para las necesidades del mercado laboral moderno. Reorientar el gasto hacia la salud y la educación, como exige la constitución, si se implementa eficientemente, podría respaldar un crecimiento mayor y más inclusivo a largo plazo, preservando al mismo tiempo la sostenibilidad fiscal.
Con las políticas adecuadas, el gobierno de Egipto puede hacer realidad las esperanzas y aspiraciones del pueblo egipcio. La implementación firme de las reformas puede ayudar a restablecer la estabilidad económica e impulsar el empleo y el crecimiento. Por su parte, el FMI mantiene su compromiso de ayudar a Egipto a mejorar el nivel de vida.
Este artículo se publica en colaboración con IMF Direct. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Chris Jarvis es el jefe de misión para Egipto y asesor del Departamento de Oriente Medio y Asia Central del Fondo Monetario Internacional.
Imagen: El Cairo durante una tormenta de arena, en esta vista general tomada el 11 de febrero de 2015. REUTERS/Asmaa Waguih.



