¿Cómo puede China lograr el tipo adecuado de crecimiento?

¿Cómo puede China lograr el tipo adecuado de crecimiento?
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Durante más de tres décadas, el PIB de China ha crecido a un ritmo medio superior al 10 % anual. Pero el ex primer ministro Wen Jiabao describió acertadamente este impresionante desempeño de crecimiento como “inestable, desequilibrado, descoordinado e insostenible”, destacando los numerosos costes económicos, sociales y medioambientales, así como los desafíos que lo han acompañado. Ahora China debe elegir entre el modelo de crecimiento del pasado, basado en las exportaciones e impulsado por la inversión, y un nuevo orden económico más viable.

Los créditos baratos y los incentivos perversos (como los ascensos para los funcionarios que más contribuyen al crecimiento del PIB) han provocado inversiones masivas pero redundantes, lo que, a su vez, ha contribuido al exceso de capacidad en la industria y en las infraestructuras. Este modelo no solo es ineficiente, sino que, además, canalizar recursos públicos para apoyar la inversión socava también el desarrollo social de China.

Por ello, los dirigentes chinos han decidido dejar de utilizar el crecimiento del PIB como criterio principal para evaluar el desempeño de los funcionarios. De hecho, el 12.º Plan Quinquenal, que se extiende hasta 2015, pretende orientar la economía china hacia un nuevo modelo de crecimiento más sostenible, basado en la calidad y la innovación, y admite que el crecimiento anual del PIB probablemente se reducirá al 7 % durante la transición.

Hoy en día, gran parte del debate sobre los modelos de crecimiento se basa en la obra del premio Nobel Robert Solow. Para Solow, el crecimiento del PIB viene determinado por los factores de producción de tierra, trabajo y capital, junto con la productividad total de los factores de la economía (PTF, es decir, la variación de la producción no explicada por cambios en el volumen de los factores, sino por elementos como la innovación tecnológica y la reforma institucional).

Desde 1978, China, mediante la puesta en marcha de reformas de gran calado, ha registrado tres periodos de elevado crecimiento de la PTF, cada uno de los cuales duró entre 5 y 7 años. El primero, a comienzos de los años 1980, tras la introducción del sistema de responsabilidad de los hogares rurales, que impulsó la productividad agrícola y liberó una gran cantidad de mano de obra no cualificada para trabajar en los sectores urbanos e industriales de mayor productividad, hizo que el crecimiento anual de la PTF se acelerara hasta el 3-4 %.

El segundo de estos periodos siguió a la gira por el sur de Deng Xiaoping en 1992, durante la cual subrayó la necesidad de avanzar hacia un sistema basado en el mercado, aunque controlado por el Estado, abriendo la economía china a la inversión extranjera directa y estableciendo zonas económicas especiales para impulsar las industrias orientadas a la exportación. En esta ocasión, el crecimiento de la PTF se disparó hasta el 5-6 %, en parte debido al proceso de “ponerse al día” facilitado por la adopción por parte de China de tecnología y conocimientos extranjeros.

Por último, tras las importantes reformas de las empresas estatales (SOE) y del sistema fiscal, China se adhirió a la Organización Mundial del Comercio en 2001. Con el país plenamente integrado en las cadenas de suministro mundiales, el crecimiento de la PTF alcanzó el 4 %, nivel que se mantuvo hasta 2007. Sin embargo, desde entonces la tasa de crecimiento de la PTF se ha reducido casi a la mitad.

De hecho, la economía china ha experimentado una desaceleración significativa y aún en curso del crecimiento tras la crisis económica mundial que estalló hace cinco años. En 2012, la contribución del capital humano al crecimiento del PIB de China cayó casi a cero, mientras que la acumulación de capital fijo representó alrededor del 60 % del crecimiento total. Las inversiones de capital a gran escala financiadas con deuda han elevado la ratio crédito/PIB del país hasta casi el 200 %, lo que aumenta la vulnerabilidad del sistema financiero, un fenómeno que se refleja en el reciente repunte de los tipos de interés interbancarios.

Para lograr un crecimiento del PIB más equilibrado y sostenible, los dirigentes chinos deben aplicar un conjunto de reformas institucionales profundas, integrales y de largo plazo, destinadas a impulsar la PTF. En particular, las reformas deben diseñarse para facilitar la transición de China desde su modelo tradicional de crecimiento basado en la oferta, que supone que la construcción de infraestructuras físicas genera automáticamente crecimiento de la demanda.

De hecho, es posible que el crecimiento del PIB se esté ralentizando precisamente porque la inversión existente en la industria y las infraestructuras, realizada en gran medida por los gobiernos locales y las empresas estatales, no se ajusta a la pauta de la demanda interna. Como resultado, China se enfrenta ahora al problema del exceso de capacidad a corto plazo.

Mejorar la calidad del crecimiento del PIB dependerá de la voluntad de los dirigentes chinos de poner en marcha reformas orientadas al mercado. En lugar de impulsar directamente la inversión, el Estado debe hacer hincapié en sus funciones reguladoras y de control del cumplimiento, incluida la fijación y supervisión de normas, la creación de una infraestructura eficaz de derechos de propiedad y la gestión de las condiciones macroeconómicas. Al mismo tiempo, el Estado debe mejorar la calidad y la prestación de los servicios de educación, sanidad y seguridad, al tiempo que reduce al mínimo la corrupción y los abusos administrativos.

En definitiva, China debe desplazar su atención de la consecución de los objetivos de crecimiento del PIB a la creación de un entorno que favorezca la innovación y la competencia, permitiendo así que las fuerzas del mercado fijen los precios y asignen los recursos de forma más eficaz. El Estado se convertiría así en un agente intermediario que facilite el desarrollo de un orden económico sostenible en el que menos es más; es decir, un sistema en el que una menor intervención genere más oportunidades de creatividad.

Las empresas estatales desempeñaron sin duda un papel importante en el modelo de crecimiento anterior de China, al proporcionar las infraestructuras y los servicios considerados necesarios para que funcionara la cadena de suministro manufacturera mundial. Pero el acceso a crédito barato de bancos controlados por el Estado crea un incentivo para que las empresas estatales generen exceso de capacidad, lo que aumenta el riesgo sistémico de la economía. Para corregir el problema de exceso de capacidad de China sería necesario que las empresas pertinentes, ya fueran estatales o privadas, abandonaran el mercado.

A menos que los dirigentes chinos pongan en marcha reformas estructurales de gran alcance destinadas a establecer un modelo de crecimiento basado en el mercado, no podrán evitar la “trampa de los ingresos medios”, que ha impedido a tantas economías en desarrollo alcanzar la condición de país avanzado. La desaceleración del crecimiento del PIB que provocarían tales reformas se vería más que compensada por un mayor dinamismo del mercado y por una mayor estabilidad económica general.

Las opiniones expresadas aquí son las del autor y no necesariamente las del Foro Económico Mundial. Publicado en colaboración con Project Syndicate.

Autor: Andrew Sheng, presidente del Fung Global Institute, es expresidente de la Comisión de Valores y Futuros de Hong Kong y actualmente es profesor adjunto de la Universidad Tsinghua de Pekín. Xiao Geng es director de investigación del Fung Global Institute.

Imagen: Un hombre manipula un armazón de acero en una obra de construcción en Hefei, provincia de Anhui. REUTERS/Stringer.

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