El Banco Popular de China ha recortado los tipos de interés por tercera vez en seis meses, con el fin de aliviar la carga de la deuda de las empresas y los gobiernos locales. Sin embargo, la flexibilización monetaria del Banco Popular de China —acompañada de ajustes fiscales y administrativos complementarios— ha contribuido poco a aumentar la demanda de nuevos préstamos. En cambio, ha provocado un fuerte repunte de los mercados bursátiles chinos. La pregunta ahora es si eso podría acabar siendo algo muy positivo.
Hay pocas dudas de que la economía china está cambiando de marcha con gran rapidez. Las estadísticas oficiales muestran una desaceleración del crecimiento real en la antigua economía basada en la manufactura y la construcción, reflejada en la caída de los beneficios empresariales, el aumento de los impagos y el incremento de los préstamos morosos en las ciudades y regiones con peor desempeño. Entretanto, las políticas del gobierno para combatir la corrupción, el exceso de capacidad, el exceso de deuda de los gobiernos locales y la contaminación han ejercido presión a la baja sobre la inversión, el consumo y la capacidad del gobierno para alcanzar la tasa de crecimiento prometida.
Ante las restricciones presupuestarias más estrictas impuestas por el gobierno central, los funcionarios locales y las empresas estatales han recortado el gasto en inversión y ahora están siendo excesivamente cautelosos. A corto plazo, esta reestructuración podría dar lugar a recesiones de balance localizadas, pese a los esfuerzos de las autoridades por crear un entorno macroeconómico más propicio.
Por el contrario, el sector privado está cobrando impulso; las recientes reformas administrativas han contribuido a un aumento del 54 % en los registros de empresas desde marzo de 2014. El aumento de la innovación y el auge del sector servicios han ayudado a China a superar su papel de fábrica del mundo y a desarrollar su propia versión de la Internet de las cosas, impulsada por empresas de plataformas como Alibaba y Tencent.
El año pasado se abrieron en China unos 14,3 millones de nuevas cuentas para operar en bolsa. Además, los recortes de los tipos de interés del Banco Popular de China, junto con las reducciones de los coeficientes de reservas obligatorias de los bancos, impulsaron subidas del 95 %, el 198 % y el 383 %, respectivamente, en los índices de Shanghái, Shenzhen y ChiNext desde enero de 2013. La capitalización bursátil china pasó del 44 % del PIB a finales de 2012 al 94 % del PIB a principios de este mes.
Esto tiene importantes posibles repercusiones, tanto positivas como negativas.
En el lado positivo, la reactivación del mercado bursátil chino en un entorno de tipos de interés bajos representa un cambio importante en la asignación de activos, que se aleja de los bienes inmuebles y los depósitos. Aproximadamente el 50 % del ahorro chino —que asciende hasta a la mitad del PIB— está invertido únicamente en bienes inmuebles; el 20 % está en depósitos, el 11 % en acciones y el 12 % en bonos. A modo de comparación, en Estados Unidos, los bienes inmuebles, los seguros y las pensiones representan cada uno alrededor del 20 % del ahorro total, mientras que el 7,4 % está en depósitos, el 21 % en acciones y el 33 % en bonos.
El aumento de la capitalización bursátil también ayuda a reducir la exposición de la economía real a la financiación bancaria. Estados Unidos está mucho más «financiarizado» que China: a finales de 2013, las acciones y los bonos equivalían al 133 % y al 205 % del PIB, respectivamente. En China, esos porcentajes eran de solo el 35 % y el 43 %, respectivamente. Entretanto, los activos bancarios de China equivalían al 215 % del PIB, más del doble del 95 % de Estados Unidos.
Por último, el vertiginoso aumento de los precios de las acciones en China incrementó la riqueza neta en CN¥37 billones (6 billones de dólares), equivalente al 57 % del PIB chino, en apenas 18 meses. Si los precios de las acciones pueden mantenerse, las repercusiones para el consumo, la liquidez y el apalancamiento serán profundas. Los hogares y empresarios perspicaces podrían obtener beneficios y reducir sus deudas. Del mismo modo, tanto las empresas privadas como las estatales podrían aprovechar el buen ánimo del mercado para captar capital mediante la emisión de acciones y financiar nuevas inversiones.
Pero la rápida escalada de los precios de las acciones también conlleva riesgos considerables: en concreto, la posibilidad de que el sector financiero haga un uso indebido de la liquidez recién obtenida para financiar más inversiones especulativas en burbujas de activos, mientras sostiene industrias antiguas con exceso de capacidad. Eso fue lo que ocurrió en 2008-2009, cuando la subida del índice de Shanghái (que alcanzó los 6.092 puntos en octubre de 2007), junto con el paquete de estímulo gubernamental de CN¥4 billones, sostuvo el exceso de capacidad en las industrias tradicionales. La mayor parte del crédito se destinó a bienes inmuebles y proyectos de infraestructura local, lo que reforzó, en la práctica, las tendencias más problemáticas de la economía china.
Cabe esperar que esta vez sea diferente. Pero, incluso si los inversores minoristas chinos empiezan a canalizar su dinero hacia iniciativas innovadoras, será difícil identificar las empresas y los sectores con más probabilidades de éxito.
En Estados Unidos, el estallido de la burbuja tecnológica en 2000 supuso una pérdida de 4 billones de dólares en capitalización bursátil. Sin embargo, Estados Unidos logró evitar una crisis sistémica. Si se permite que los espíritus animales de China actúen a través de mecanismos de mercado que distingan el valor real de los precios basados en aspiraciones, China también podrá mantener el rumbo hacia la nueva economía, pese a los fracasos y la consolidación que inevitablemente se producirán.
A medida que se canalicen los espíritus animales de China, pondrán cada vez más a prueba la determinación de las autoridades de resistirse a intervenir en los precios y, en cambio, permitir que las fuerzas del mercado impulsen el ciclo económico. No será fácil, dado que el Banco Popular de China dispone de un amplio margen adicional para flexibilizar la política monetaria.
De hecho, a finales del año pasado China aún contaba con CN¥22,7 billones en reservas reglamentarias, equivalentes al 36 % del PIB, que durante mucho tiempo se habían utilizado para «esterilizar» sus cuantiosas reservas de divisas. Esa «liquidez bloqueada» puede devolverse al mercado en forma de nuevos créditos bancarios o nuevas emisiones de acciones.
Por eso, la verdadera prueba de las reformas administrativas de China es si, mediante mejores mecanismos de quiebra y regulaciones que impidan el fraude y la manipulación del mercado, permiten —e incluso facilitan— el funcionamiento eficaz de las fuerzas del mercado. Si los espíritus animales, y no las autoridades, la guían, China puede construir la economía de alto valor añadido y alta tecnología que necesita para competir en el futuro.
Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate . La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autores: Andrew Sheng, distinguido investigador del Fung Global Institute y miembro del Consejo Asesor sobre Finanzas Sostenibles del PNUMA, fue presidente de la Comisión de Valores y Futuros de Hong Kong y actualmente es profesor adjunto en la Universidad Tsinghua de Pekín. Xiao Geng es director de investigación del Fung Global Institute.
Imagen: Peatones caminan bajo faroles rojos. REUTERS/Aly Song.


