Este año, las tensiones comerciales y los cambios en la demanda mundial ocuparán un lugar destacado.
Las cadenas de suministro asiáticas están cambiando en respuesta a los aranceles y buscan nuevos socios regionales.
A medida que los líderes de Asia se esfuerzan por aumentar los ingresos y distribuir la riqueza, el impacto en la estructura de la economía mundial podría ser significativo.
Todo apunta a que 2025 será otro año volátil, y la reacción de Asia ante los cambios previstos en la demanda mundial ocupará un lugar destacado. Dada la persistencia de las tensiones comerciales —y su probable aumento—, las empresas necesitarán nuevos clientes, nuevos socios comerciales, nuevas tecnologías y nuevos canales de capital.
Está por ver hasta qué punto resultan perjudiciales las nuevas barreras a la exportación. Pero está claro que los mercados de exportación europeos y norteamericanos, que antes absorbían de forma fiable la producción de Asia, están menos dispuestos y tienen menos capacidad para hacerlo. Las cadenas de suministro asiáticas están cambiando, no solo como reacción a los aranceles, sino también para buscar nuevos mercados entre sus vecinos; una tendencia que se acelerará.

Por fortuna, la región alberga tres de los cinco principales motores del PIB mundial (China, Japón e India). Igual de importante es que aproximadamente el 70 % de las solicitudes de propiedad intelectual de todo el mundo proceden ahora de oficinas asiáticas. Esto ha coincidido con el auge de líderes asiáticos en los mercados de las telecomunicaciones, la logística, la energía limpia, la tecnología financiera y los nuevos materiales, entre otros.
Las enormes reservas de capital invertible en China, Japón, Corea y los Estados del Golfo han propiciado este desarrollo, canalizadas a través de dinámicos centros financieros internacionales en ciudades como Tokio, Singapur, Dubái y Hong Kong.
Comercio con socios regionales
Mientras tanto, los pactos comerciales multilaterales están estrechando los vínculos. La Asociación Económica Integral Regional es el mayor bloque comercial del mundo y abarca cerca de 30 billones de dólares de PIB. Según una simulación de la Brookings Institution, el pacto podría sumar 209.000 millones de dólares anuales a los ingresos mundiales y 500.000 millones de dólares al comercio mundial para 2030. Es probable que los acuerdos bilaterales de libre comercio que están en negociación también impulsen el crecimiento. Casi el 60 % del comercio de Asia se realiza ahora con socios comerciales regionales, frente al 53 % en 2000. Prevemos que el comercio intrarregional seguirá aumentando hasta alcanzar el 65 %, o 400.000 millones de dólares al año, para 2030.
Las autoridades locales colaboran para mejorar las instituciones y abordar cuestiones complejas, como el intercambio transfronterizo de datos. La revolución de los servicios digitales en Asia —desde los servicios gubernamentales y administrativos hasta las finanzas— impulsará aún más la productividad.
¿Cómo está mejorando el comercio el Foro Económico Mundial para construir sociedades más resilientes?
El Centro para las Regiones, el Comercio y la Geopolítica ofrece un espacio de confianza para que los líderes comprendan la evolución de las dinámicas comerciales, los acontecimientos regionales y la fragmentación geopolítica.
Al promover el diálogo entre sectores y regiones, el Centro ayuda a sus socios a afrontar la incertidumbre y explorar enfoques de cooperación ante desafíos comunes.
Sin embargo, los desafíos son graves. Para impulsar la inversión en infraestructura y en capacidad manufacturera para la exportación, muchos países asiáticos han tendido a mantener tasas de consumo de los hogares más bajas que las de los modelos centrados en las compras y los servicios de gran parte del mundo desarrollado. En Asia Oriental, por ejemplo, la tasa media nacional de ahorro equivale al 38 % del PIB, 14 puntos porcentuales por encima de la media de los países de ingresos altos.
Esta estrategia ha propiciado la formación de un grupo de dinámicas economías de los «tigres asiáticos», que han inspirado a otros países a imitarlas. Pero los cambios de actitud hacia el libre comercio en Estados Unidos y otros lugares probablemente dificultarán que los países pobres apliquen esta estrategia en el futuro. Para los exportadores consolidados, esto supone reorientar los ingresos de las exportaciones hacia programas que aumenten el poder adquisitivo de sus ciudadanos.
Cambios en el gasto de los consumidores
Los líderes de Asia están tomando medidas para aumentar los ingresos y distribuir más riqueza entre los consumidores de clase media, mientras siguen invirtiendo en infraestructura necesaria, servicios públicos y energía limpia. Esto no significa ignorar sus ventajas comparativas en el comercio, pero el impacto resultante en la estructura de la economía mundial podría ser significativo.
En la actualidad, los asiáticos representan solo el 27 % del gasto agregado de los consumidores a nivel mundial. Pero, a medida que aumenten los ingresos y mejoren los servicios sociales, la clase media empezará a destinar sus ahorros al gasto en bienes y servicios. Los proveedores de todo el mundo tendrán que adaptarse.

Reducir la dependencia asiática de los mercados de exportación no asiáticos no supondrá una reducción del comercio agregado; ocurrirá más bien lo contrario. Pero el impacto será un cambio en la demanda entre categorías de productos y servicios. Por ejemplo, ya estamos viendo un auge del comercio de servicios digitales en Asia, mientras que las materias primas utilizadas para la electrificación y la digitalización seguirán teniendo una gran demanda. Es posible que los consumidores asiáticos más prósperos compren más carne y fruta, y más servicios de viaje. Casi con toda seguridad consumirán más energía, por lo que es fundamental seguir invirtiendo en energía limpia. La demanda de otros productos y materias primas que han recibido un impulso excesivo debido a una inversión desmesurada podría enfriarse.
En última instancia, los socios comerciales asiáticos, con economías más equilibradas, estrecharán sus vínculos tanto con las economías desarrolladas como entre sí. El resultado será una Asia aún más dinámica e innovadora, que contribuirá a un crecimiento mundial más sostenible.



