Cómo impulsa la juventud africana el avance del continente

Cómo impulsa la juventud africana el avance del continente
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Son tiempos interesantes para quienes se preocupan por el futuro de África. En todo el mundo, una comunidad cada vez mayor de economistas, ingenieros, defensores de los derechos humanos, filántropos, emprendedores y responsables de políticas públicas se involucra con mi continente natal. Como fundador y presidente africano de Ashesi University en Ghana, a veces me invitan a conferencias donde disfruto de la oportunidad de intercambiar ideas sobre el desarrollo en África.

Nadie, ni siquiera yo, conoce el enfoque «correcto» para abordar los complejos e interconectados desafíos de África. A primera vista, la enorme variedad y cantidad de proyectos en África puede parecer caótica. Los donantes se preguntan si conviene centrarse en la educación, las microfinanzas u otro ámbito, y cada categoría puede subdividirse en múltiples modelos. Algunos de los numerosos proyectos en África aportarán beneficios reales a muchas comunidades, y otros fracasarán y desaparecerán con poco o ningún impacto duradero. No me preocupa. Así como los mercados libres generan más crecimiento que las economías planificadas, creo que este enfoque de libre iniciativa tiene más probabilidades de dar frutos que algún plan de desarrollo sistemático y jerárquico, diseñado desde arriba.

Durante las próximas décadas, África necesitará —y se beneficiará de— múltiples oleadas de innovación y exploración. Muchos países africanos están registrando cierto progreso, con tasas de crecimiento del PIB que promediaron más del 5 por ciento en la década que comenzó en 2004. Pero, para que este progreso perdure y no quede eclipsado por cada nueva crisis, los ciudadanos africanos tendrán que impulsar por sí mismos gran parte de esta innovación.

A menos que todas las ONG globales que operan en África y cuentan principalmente con profesionales occidentales tengan la intención de quedarse allí para siempre, tendrán que encontrar ciudadanos africanos capaces para incorporarlos como socios. Una vez construidas las clínicas, puestos en funcionamiento los pozos de agua potable y capacitados los profesores de informática, los ciudadanos locales no solo tendrán que mantener estos avances, sino también actualizarlos continuamente y extenderlos a más comunidades. De lo contrario, África seguirá rezagándose.

Por suerte, los estudiantes y graduados con quienes hablo están deseosos de dar un paso al frente y generar un impacto en África. No quieren volver a la cultura imperante de burocracia, complacencia y corrupción. Como explicó un joven graduado de Ashesi: «No estamos esperando a que venga algún superhombre a arreglar las cosas. Sabemos que, si África va a cambiar, tenemos que actuar».

Para poner esta afirmación en contexto, conviene entender que la mayoría de los africanos todavía recibe educación según el sistema africano tradicional: se les enseña a no hacer preguntas, a copiar todo lo que dice o escribe el profesor y luego a memorizarlo palabra por palabra. Con demasiada frecuencia, los profesores de secundaria africanos siguen preparando a sus alumnos para hacer trampa en los exámenes nacionales estandarizados. África necesita que más de estos jóvenes den el difícil paso para convertirse en innovadores y emprendedores exitosos, que resuelvan problemas y creen empleos. Para que eso ocurra, necesitarán más que conocimientos actualizados de informática o finanzas.

Necesitarán valor.

El valor es la base de la ética, la innovación y el emprendimiento. Da a las personas la capacidad de asumir riesgos, superar obstáculos y decirle la verdad al poder. David Darkwa, un joven graduado de Ashesi, contó cómo, apenas unos años después de graduarse, se encontró al frente de un equipo que desarrollaba el primer servicio de cajeros automáticos sin tarjeta de África Occidental. Había promovido el proyecto, pero la empresa se había vuelto escéptica y el equipo se redujo de siete a tres personas. David recurrió a una técnica de sus proyectos en Ashesi University: implementar rápidamente una posible solución, fracasar pronto y luego iterar. Estar dispuesto a fracasar va en contra de la cultura africana, que da importancia a guardar las apariencias, pero es una parte necesaria de la creación de una solución verdaderamente novedosa.

Este tipo de práctica con desafíos complejos del mundo real ayudó a David a ganar confianza. Pero la práctica, por realista que sea, no basta. Los jóvenes también necesitan inspiración y estímulo. Para guiar a su equipo a través de los obstáculos, David se mantuvo motivado gracias a una visión que iba más allá de sí mismo. «Estaba decidido a ayudar a la gente común de nuestra economía basada en el efectivo a acceder de forma segura a su dinero desde cualquier cajero automático». Como líder del proyecto, David se mantuvo firme frente a un mar de dudas. Su equipo tuvo éxito y varios bancos de África Occidental han implementado su plataforma. «Estoy orgulloso —dice David— de que esta solución haya sido creada por africanos».

En promedio, los jóvenes africanos que se incorporan al mercado laboral necesitarán más visión y valor que sus homólogos occidentales. En África, incluso profesiones como la contabilidad pueden plantear desafíos heroicos. Hace poco conocí a un joven de Níger, formado en Francia, que ha fundado su propio despacho de contabilidad en Níger. Cuando su despacho se negó a aceptar sobornos a cambio de pasar por alto irregularidades en los libros contables de sus clientes —una práctica habitual en Níger—, perdió a la mayoría de sus clientes. El joven se mantuvo fiel a sus principios y se ha ganado la lealtad de empresas y ONG internacionales en Níger que reconocen el valor de trabajar con contables honestos. Estoy animándolo a seguir su sueño y abrir una nueva universidad en Níger, centrada en formar profesionales éticos e innovadores. Cuando los ciudadanos más éticos de África se arriesgan a educar a sus compatriotas para que sigan su ejemplo, los cambios positivos que se están produciendo en África seguramente se extenderán con mayor rapidez.

Incluso cuando no se ven presionados para tolerar el fraude, los contables de África tienen una plataforma desde la que pueden impulsar cambios, si tienen el valor de utilizarla. Anita Ayamgha, graduada de Ashesi que trabaja en PriceWaterhouseCoopers, explica: «Trabajo para que llegue el día en que todas las empresas ghanesas se rijan por estándares internacionales de transparencia, con controles y contrapesos debidamente establecidos». Al ayudar a las empresas africanas a operar con mayor eficiencia, prevenir el fraude y evitar formas fáciles de ocultar sobornos, Anita las prepara para reunir los requisitos para obtener capital de inversión. Está ayudando a sus clientes a hacer crecer sus empresas.

Resulta que el valor es bueno para los negocios. He escuchado conversaciones en las que graduados que llevan algunos años trabajando en África regresan para hablar con los estudiantes actuales. David Darkwa confiesa que su reputación de integridad le ha ayudado a destacar y a asumir más responsabilidades. «Es mi arma secreta para progresar en mi carrera».

El valor no es lo mismo que la confianza ciega en uno mismo. Debe atemperarse con humildad. El valor permite a un joven emprendedor asumir un riesgo e iniciar una nueva empresa. La humildad —la capacidad de escuchar con empatía— ayudará a orientar las decisiones de ese emprendedor y a diseñar productos que respondan a las necesidades de los clientes.

Incluso en plena crisis actual del ébola, un estudiante de Ashesi de Liberia logró aprender por sí mismo la importancia de tomarse el tiempo para escuchar con humildad. A primera hora de cada mañana del otoño pasado, antes de asistir a sus clases universitarias, Kpetermeni Siakor participaba en angustiantes conferencias por Skype con sus antiguos colegas de iLab Liberia, un espacio tecnológico sin fines de lucro que ayudó a poner en marcha. El equipo de iLab Liberia había hablado con tantas personas directamente involucradas en el brote como le fue posible. Se enteraron de que, como los trabajadores sanitarios solo recopilaban registros en papel de los casos de ébola, había largos retrasos entre la recopilación de datos y su transmisión al ministerio de Salud, demoras en el envío de equipos de emergencia y una confusión general entre los responsables sanitarios, lo que ralentizaba el trabajo de seguimiento, control y contención de la enfermedad.

Con esa información, Kpetermeni y sus colegas desarrollaron herramientas de datos para el ministerio de Salud de Liberia. Kpetermeni podía desarrollar software a distancia desde Ghana, pero cuando el equipo de iLab tuvo problemas que impidieron la puesta en marcha del proyecto —el esfuerzo por proporcionar computadoras, establecer una conexión fiable a Internet y coordinar a los voluntarios de iLab para digitalizar los formularios de casos en papel y hacer seguimiento de los contactos de casos de ébola—, Kpetermeni no sabía cómo ayudar desde su residencia universitaria en Ghana.

En el punto álgido de su frustración, Kpetermeni obtuvo permiso de la ONU para salir de Ghana y embarcarse en un vuelo de emergencia a Liberia. «Pero entonces —dijo Kpetermeni— me di cuenta de que, en vez de preguntar continuamente cómo podía ayudar —algo que nadie sabía responder—, tenía que dejar que el equipo simplemente me explicara lo que ya estaba haciendo». Kpetermeni tuvo que escuchar con mucha atención, intentando percibir las lagunas no expresadas del proceso. Finalmente pudo guiar a sus colegas liberianos para que el sistema funcionara. Es admirable que Kpetermeni estuviera dispuesto a volar al corazón de la epidemia de ébola para ayudar a su país, pero, en lo personal, me alegra que encontrara la manera de hacer una contribución importante mientras permanecía en Ghana para completar su último año en Ashesi.

Kpetermeni Siakor, David Darkwa y Anita Ayamgha representan a una nueva generación de jóvenes africanos que combinan el valor para emprender nuevas iniciativas con la humildad para escuchar atentamente a las personas a quienes esperan servir. El motor más importante del progreso a largo plazo en África serán las capacidades, la mentalidad y las acciones de esta nueva generación de jóvenes líderes. Las ONG globales se beneficiarán de colaborar con ellos como socios. Tienen sus propias visiones de un futuro mejor para África y están dispuestos a trabajar arduamente para acercar esos sueños a la realidad.

Para quienes nos preocupamos por el futuro de África, estos jóvenes africanos son motivo de esperanza.

Este artículo se publica en colaboración con Medium. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Patrick Awuah Jr. es el fundador y presidente de Ashesi University en Ghana.

Imagen: Un hombre somalí navega por Internet en su teléfono móvil en una playa de la costa del océano Índico, en Mogadiscio, capital de Somalia, el 10 de enero de 2014. REUTERS/Feisal Omar.

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