He aquí por qué los economistas deben ir más allá de las cifras

Books on sobriety lie on a shelf in the break room at the Barnett Community Center in Huntington, West Virginia, U.S. May 4, 2017. REUTERS/Lexi Browning - RTS1580O
Economist Morton Schapiro says that a love for literature has made him 'a lot more humble'.Image: REUTERS/Lexi Browning
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Cuando los economistas intentan comprender la economía del crecimiento, suelen guiarse por las cifras. Sin embargo, estas no siempre cuadran y, además, carecen de la dimensión y el contexto necesarios para resolver algunos de los problemas más desconcertantes del mundo. Esa es la opinión de Morton Schapiro, economista y también rector de la Universidad Northwestern, y Gary Saul Morson, profesor de lenguas y literatura eslavas allí. En esta entrevista, defienden una perspectiva más amplia, tal como la presentan en su libro, Cents and Sensibility: What Economics Can Learn From The Humanities. Los autores sostienen que, al formular políticas económicas, los economistas deben tener en cuenta la cultura, el arte, la historia y muchas otras disciplinas. Así lo explican en esta entrevista del programa de radio Knowledge@Wharton en el canal 111 de SiriusXM. (Escuche el pódcast completo con el reproductor de arriba.)

A continuación, presentamos una transcripción editada de la conversación.

Knowledge@Wharton: ¿Cuál es la idea detrás de este libro?

Morton Schapiro:Saul y yo impartimos un curso de grado sobre las distintas disciplinas y lo que pueden aprender unas de otras. La idea surgió de este curso, que ya hemos impartido siete años seguidos. Empezamos a pensar en lo que la economía podía aprender de las humanidades, en concreto de la literatura, pero también, en un sentido más amplio, de otros campos humanísticos e incluso de las ciencias sociales cualitativas: la sociología, la antropología, la historia y disciplinas afines.

Saul Morson:Teníamos la idea de que las distintas disciplinas no solo abordan temas diferentes, sino que también ven el mundo de manera distinta. Su visión de las personas es completamente diferente. Y muy a menudo no se entienden entre sí, hasta el punto de que cada una no solo rechaza las creencias de la otra, sino que ni siquiera puede creer que la otra crea lo que dice creer. Me asombraba que los economistas realmente pensaran que las personas siempre actúan según sus propios intereses, que se puede matematizar el comportamiento humano y que la cultura es irrelevante. No pueden creerlo de verdad, ¿o sí? Del mismo modo, a los economistas les cuesta creer algunas cosas que a veces creen los humanistas. Eso le dio mucha energía a la clase mientras intentábamos abordar las preguntas de unos y otros desde nuestros propios marcos de referencia.

Knowledge@Wharton: ¿Qué consecuencias ha tenido no incorporar las humanidades a la economía?

Schapiro:Me encanta enseñar, publicar y la economía. Mi trabajo diario está en la administración, pero nada me enorgullece más que ser profesor de economía. Llevo casi cuatro décadas haciéndolo. Sin embargo, aunque en nuestra disciplina buscamos temas fuera de la economía, no nos relacionamos realmente con la bibliografía de otros campos.

«No nos sentimos cómodos con aquello que no podemos expresar en una ecuación, y creo que por eso perdemos mucho». –Morton Schapiro

Hace poco se realizó una encuesta entre profesores de distintas universidades de Estados Unidos. Se los clasificó por campo y se les hizo esta sencilla pregunta: ¿Es mejor mantenerse dentro de la propia disciplina o puede ser más productivo adoptar un enfoque multidisciplinario? El 79 % de los profesores de psicología dijo que es mejor salir del propio campo. Coincidieron el 73 % de los profesores de sociología y el 68 % de los de historia. Pero solo el 42 % de los profesores de economía dijo que conviene salir de la propia disciplina.

Hemos encontrado otros estudios que analizaron con qué frecuencia las personas de disciplinas específicas citan a especialistas de otros campos y, una vez más, no sorprende que los economistas rara vez citaran a alguien ajeno a la economía. Así que dejamos mucho sobre la mesa. Es una disciplina magnífica, pero podría ser mucho mejor si fuéramos menos endogámicos.

Morson:A veces da la impresión de que los economistas creen que los demás campos están poblados por profesores confusos, capaces de plantear buenas preguntas, pero sin idea de lo que es una respuesta rigurosa y sistemática. Así que, que ellos planteen las preguntas y nosotros daremos todas las respuestas. Es como si pensaran que han creado una ciencia exacta basada en la mecánica newtoniana, mientras que todos los demás simplemente van dando tumbos. Pero nada en el comportamiento predictivo real indica que hayan logrado crear una ciencia tan exacta.

Knowledge@Wharton: ¿Los economistas están tan concentrados en las cifras y los datos que ni siquiera consideran la posibilidad de ir más allá?

Schapiro:Es un muy buen punto. Creo que también están orientados hacia un enfoque matemático. Me dedico a la econometría aplicada, así que no tengo nada en contra de las matemáticas ni de la estadística, pero es muy difícil incorporar cosas como la cultura. ¿Cómo se expresa eso en una fórmula matemática? Se tiende a elaborar modelos de comportamiento, que a menudo constituyen la base de los modelos predictivos, y suelen ser muy ingenuos respecto al comportamiento humano real.

Uno pensaría que, al hablar de modelos de comportamiento, nos relacionaríamos más con la psicología, pero la bibliografía al respecto es bastante clara. No lo hacemos. Muchos economistas estudian el ciclo de la pobreza, pero ¿con qué frecuencia citan a alguien de sociología o antropología? Tengo amigos que estudian el comportamiento electoral, pero ¿realmente consultan la bibliografía de ciencias políticas? Muchas personas investigan el pasado remoto, pero ¿de verdad intentan integrar los conocimientos de los historiadores? La respuesta suele ser no. Creo que en parte se debe a la concentración en las cifras. Pero también se debe a que no nos formamos de esa manera. No nos sentimos cómodos con aquello que no podemos expresar en una ecuación, y creo que por eso perdemos mucho.

Knowledge@Wharton: ¿Qué le ha aportado su amor por la literatura como profesor de economía?

Schapiro: Bueno, creo que me ha vuelto mucho más humilde. Saul y yo contamos historias sobre cómo empezamos a pensar que podíamos entablar un diálogo productivo y quizá contribuir, aunque fuera modestamente, como intentamos hacer en este libro, al diálogo entre las humanidades y la economía.

Cuando lo pienso, nunca he sido principalmente un economista dedicado al mundo en desarrollo, aunque trabajé en ese ámbito, sobre todo al principio de mi carrera. Cuento esta historia de cuando trabajé en África como consultor del Banco Mundial y de lo que me perdí por no comprender de verdad los países en los que trabajaba.

Hay una abundante bibliografía sobre los aspectos positivos y negativos del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y organismos similares. En algunos continentes, la economía del desarrollo tiene una trayectoria bastante buena. Pero en el África subsahariana, donde yo trabajaba, la historia no es tan buena. Creo que, si nos hubiéramos comprometido de verdad a comprender la historia, la política, la religión y la sociología de la familia, en vez de limitarnos a ajustar los precios y aplicar el mismo modelo económico básico al desarrollo exitoso, las políticas habrían sido mucho más eficaces.

Morson:Hay que poder ponerse en el lugar de las personas a las que uno intenta ayudar. No todas son iguales. La cultura y los valores varían. No responderán de la misma manera ante las mismas medidas. La gran literatura, y en particular las grandes novelas realistas, es especialmente buena para enseñar empatía. Al leer una de estas obras página por página, ves el mundo desde la perspectiva interior de alguien distinto de ti, con otro género, otros valores, otra cultura, otra época y otras normas. Así practicas mucho la empatía.

«Me asombraba que los economistas realmente pensaran que las personas siempre actúan según sus propios intereses, que se puede matematizar el comportamiento humano y que la cultura es irrelevante». –Gary Saul Morson

Otras disciplinas te dicen que debes empatizar, pero basta con leer una gran novela para practicar mucho la empatía. Y, una vez que empiezas a pensar de esa manera, te sale naturalmente preguntarte: «¿Cómo se sentirán las personas a las que intento ayudar? ¿Cómo podrían responder?». Puede que no tengas la respuesta, pero hacerte la pregunta se vuelve algo natural.

Knowledge@Wharton: Poder siquiera plantearse la pregunta es dar un paso en la dirección correcta en este proceso, ¿verdad?

Morson:Sí, así es. Uno quiere que esa sea una pregunta que se haga siempre para lograr eficacia, pero también hay aquí una dimensión ética: ver las cosas desde el punto de vista de otras personas. Lo que tú crees que les ayuda quizá no les parezca útil. Lo que tú consideras bueno quizá no les parezca bueno. ¿Cómo lo ven ellos? Uno pensaría que eso es fundamental. Y para ello hace falta empatía, tanto intelectual como emocional.

Knowledge@Wharton: En el libro hablan de ética. Dicen que hay una brecha entre las creencias de los economistas y el campo de la ética, y que los economistas no reciben formación para reflexionar mucho sobre ella.

Morson:Sí. Se puede intentar traducir las cuestiones éticas a alguna forma que permita matematizarlas, pero eso ofrece una imagen muy pálida de su complejidad. De hecho, eso es precisamente una cuestión ética: una pregunta cuya respuesta correcta es muy difícil de determinar. No es lo mismo que preguntarse si uno debe actuar éticamente. Una cuestión ética refleja la complejidad de las situaciones éticas en las que hace falta ejercer el juicio. Y, por su propia naturaleza, el juicio no se puede expresar mediante una fórmula.

Schapiro:No podría estar más de acuerdo. Creo que, si nos relacionáramos más con la filosofía, nuestras políticas no solo podrían ser más eficaces, sino también más justas. El libro está lleno de ejemplos: desde la economía del desarrollo hasta la economía de la salud y la economía familiar, y así sucesivamente, hasta mi campo específico, que es la economía de la educación superior. Volviendo al curso que impartimos, la mayoría lo toma para obtener créditos en ética y valores porque, con cada tema, decimos: «Esto es lo que podría decir un economista y esto es lo que otros campos podrían aportar al diálogo. Pero ¿es justo? ¿Es lo correcto?»

Knowledge@Wharton: El costo de la educación superior y la atención médica son dos temas muy importantes al pensar en la cultura estadounidense actual. ¿Cómo ha influido su comprensión de las humanidades en la forma de enseñar estos temas?

Schapiro:Mucha gente dice que las universidades y los centros de educación superior sin fines de lucro deberían parecerse más a las empresas. Una consecuencia de esa idea en las últimas décadas ha sido el concepto de gestión de matrículas, en el que, históricamente, las admisiones estaban muy separadas de la ayuda financiera. Pero, si se pretende funcionar más como una empresa, se aprovecha la situación y se intenta estimar la curva de demanda y determinar cuál es realmente la elasticidad precio de la demanda. Por ejemplo, si alguien va a comprar tu producto —en este caso, una educación universitaria de grado— incluso a un precio muy alto, no le ofrecerás un descuento sobre el precio de lista. Sin embargo, si se observa a los millones de estudiantes de universidades y centros privados sin fines de lucro de este país, solo el 14 % paga el precio de lista. El otro 86 % recibe un descuento, en muchos casos muy considerable.

La tentación es usar los datos para averiguar cuál es el precio de reserva de un estudiante y su familia. Es sorprendentemente fácil predecir si alguien que solicita ingresar en tu universidad aceptará una oferta de admisión. Se tienen en cuenta todo tipo de cosas: sus resultados en los exámenes, si viene de una escuela secundaria que suele enviar alumnos allí, si uno de sus padres estudió allí y la carrera que eligió. Revelan mucho sobre sus intereses. Asisten a la visita guiada. Si envías a un orientador universitario a su escuela secundaria, se inscriben, dan su nombre, asisten a una sesión, van al campus y se apuntan a la visita. Si vendiéramos automóviles, nos encantaría que los consumidores revelaran sus intenciones de ese modo. Alguien que hace la visita, escribe cartas, asiste a la jornada de puertas abiertas de la universidad y hace todo eso es como alguien que entra en un concesionario BMW y dice: «Oye, solo conduzco Beemers y este es el sexto seguido. Me encanta este coche. No me imagino en ningún otro sitio. Veo que cuesta 45.000 dólares. ¿Cuánto me va a cobrar?». Y le responden: «45.000 dólares».

De una manera bastante ingenua, los estudiantes y sus familias también revelan sus intenciones. En el libro contamos, basándonos en un artículo que escribí hace tiempo, que se puede predecir fácilmente el rendimiento o la probabilidad de que alguien se matricule. Si se predice que hay un 90 % de probabilidades de que alguien venga, ¿qué razón económica habría para bajar el precio? De todos modos vendrá. Pero, si se trata de ayuda basada en la necesidad económica o de una beca por mérito —que, por definición, reduce el precio por debajo de lo que la familia puede pagar—, entonces es distinto. Aun así, Saul probablemente diría que no se debería usar una fórmula de rendimiento así. Incluso en la asignación de becas por mérito, no estoy de acuerdo, pero entiendo por qué lo dice. Es engañoso. No es transparente.

Morson:Si dices que lo vas a hacer, está bien. Lo que me molesta es que sea engañoso.

Schapiro:Si dices que lo vas a hacer, ¿la gente no va a revelar sus intenciones? Pero, sin duda, en el caso de la ayuda basada en la necesidad, estarías diciendo: «De los 65.000 dólares de matrícula, alojamiento y comida, puedes pagar 40.000. Pero te cobraremos 50.000 porque sabemos que vendrás de todos modos». Puede que sea un buen negocio, pero obliga a alguien a pedir un préstamo mayor del que podrá devolver. Creo que eso es turbio e injusto. Es solo uno de los muchos ejemplos del libro de que una buena economía no siempre conduce a buenas políticas.

Knowledge@Wharton: Saul, ¿qué hay del ámbito de la atención médica?

Morson:Uno de los ejemplos que comentamos en el libro es un artículo del economista y premio Nobel Gary Becker sobre si debería existir un mercado de riñones. A él le parece totalmente evidente que debería existir y que algún día la gente mirará atrás y se asombrará de que alguien pensara otra cosa. Al fin y al cabo, muchas personas mueren por no recibir un trasplante de riñón y hay muchas dispuestas a vender uno. ¿Por qué no crear un mercado? Todo el mundo sale ganando.

Desde esa perspectiva, es un argumento sólido. Pero hay otras preguntas que no se plantean. ¿Qué ocurre cuando se trata el cuerpo humano como mera materia, cuando se piensa que las personas no son ellas mismas, sino que se poseen a sí mismas? ¿Qué tipo de moral fomenta eso?

«Es una disciplina magnífica, pero podría ser mucho mejor si fuéramos menos endogámicos». –Morton Schapiro

¿Fomenta, por ejemplo, políticas gubernamentales que podrían cosechar los órganos de los delincuentes? Se ve cómo eso cambia la manera de ver a las personas. ¿Significa eso que no deberíamos hacerlo? Incorporar ahí la perspectiva humanista no dice eso; solo indica que la cuestión es bastante compleja. Mi verdadera objeción es a la idea de Becker de que se trata de una pregunta sencilla, no necesariamente a que su respuesta sea incorrecta. La cuestión es compleja. Si empiezas a pensar en términos éticos, algo que a los economistas les cuesta, ves que una pregunta sencilla no lo es tanto.

Knowledge@Wharton: Pero, al aportar una perspectiva humanista a ese tema en particular, se incorpora información que en muchos casos no se había considerado y que podría cambiar el razonamiento y las políticas. Si lo hiciéramos más a menudo, ¿qué impacto tendría?

Morson:Creo que el primer efecto sería que los economistas formularían sus recomendaciones de manera menos categórica y con más humildad. Sería algo así: en la medida en que este sea el factor que se debe considerar, esta sería la mejor respuesta. Pero ¿qué más hay? En la medida en que el mundo se parezca a lo que indican nuestros modelos, este será probablemente el resultado. Eso es muy distinto de las respuestas categóricas que sí se suelen dar. Las afirmaciones que acompañan una recomendación son tan importantes como la recomendación misma: importa cuánta certeza se tiene de que no hay nada más que considerar. Eso contribuiría mucho a reducir la arrogancia de los burócratas o economistas que realmente diseñan las políticas.

Schapiro:El libro está lleno de ejemplos de cómo haríamos las cosas de otra manera. Cuento la historia del infame memorando del Banco Mundial. Fue hace unos 25 años. Por desgracia, se lo vinculó con Larry Summers, que entonces era el economista jefe del Banco Mundial. Lo firmó, pero no lo escribió. El memorando era un ejemplo perfecto del tipo de economía que enseñé durante gran parte de mi carrera. El tema era sencillo: ¿dónde conviene más trasladar residuos tóxicos? Es natural que los economistas pensaran que, si hay una zona con alta morbilidad y mortalidad y salarios bajos, el costo económico sería mínimo. Si la gente de todos modos está muriendo, ese podría ser el lugar más eficiente para depositarlos. El memorando se refería específicamente a África Central porque allí la morbilidad y la mortalidad eran muy altas y el nivel educativo, bajo. Por lo tanto, el costo de oportunidad de su tiempo también era bajo.

Citamos al secretario de Medio Ambiente de Brasil y creo que sus palabras reflejan muy bien, incluso hoy, cómo se puede mejorar la economía. Escribió: «Su razonamiento es perfectamente lógico, pero totalmente demencial. Sus ideas son un ejemplo concreto de la increíble alienación, el pensamiento reduccionista, la crueldad social y la ignorancia arrogante de muchos economistas convencionales respecto de la naturaleza del mundo en que vivimos».

Creo que eso sigue siendo cierto. Si fuera solo un ejercicio académico, supuestamente de alcance limitado, y se hiciera en un curso de economía, quizá se podría argumentar que, desde el punto de vista de un economista, está bien. Pero la gente realmente escucha a los economistas. Tenemos una influencia desproporcionada en las políticas de nuestros países y de todo el mundo, lo que implica una mayor responsabilidad. Esa responsabilidad no consiste solo en aplicar nuestros sencillos modelos matemáticos y de comportamiento, sino también en acertar si realmente intentamos hacer del mundo un lugar mejor. Eso es precisamente lo que intentamos hacer.

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