En cuanto al éxito académico, las científicas suelen estar, en promedio, por detrás de sus colegas hombres. Obtienen la titularidad académicacon menos frecuencia y reciben menos premios.
Esta brecha de género también existe en la disciplina académica de la economía. En 2016, menos del 15 %de todos los profesores de economía eran mujeres.
Los datos que recopilé y con los que trabajé durante mi doctorado muestran que las mujeres también ocupan una posición menos central en la red social de colaboración informal. Esto se refiere al proceso por el cual los académicos ofrecen comentarios y ayudan a otros autores a mejorar su trabajo mediante observaciones e intercambios. Estas redes permiten el flujo global del conocimiento, algo que es fundamental para la investigación.
Mis datos sugieren que las actitudes de los hombres podrían ser parte de lo que impide que las mujeres de una subdisciplina de la economía ocupen una posición central en la red social de colaboración informal.
Menos mujeres
Los datos se centran en la economía financiera, el campo que estudia las crisis financieras, la inflación, la banca y las finanzas corporativas.
El conjunto de datos contiene 14.529 investigadores cuyos nombres aparecen en artículos de investigación publicados en las principales revistas de economía financiera entre 1997 y 2011. Son autores, comentaristas mencionados en los agradecimientos, o ambas cosas. Un comentarista mencionado en los agradecimientos es una persona que asesoró a los autores y ayudó a orientar o enriquecer su pensamiento; su contribución se señala en la sección de agradecimientos de un artículo de revista o un libro.
En todos esos años, solo el 18 % de los autores son mujeres. Esta disparidad entre autores y autoras ejemplifica por sí sola la brecha de género. También llama la atención que las comentaristas solo representen el 11 % del total. Esto significa que los autores no suelen pedir consejo a las economistas.
La baja proporción de comentaristas y autoras es problemática por dos razones. La primera es la falta de diversidad. La gobernadora de la Reserva Federal de Estados Unidos, Lael Brainard, reiteró recientemente por qué la diversidad es tan valiosa: ayuda a que surjan mejores ideas.
La segunda tiene que ver con el papel que desempeña la colaboración informal en la red social de la economía financiera como disciplina académica. Las personas intercambian información en congresos, durante visitas a otras instituciones o por teléfono. Esa información incluye resultados inéditos, tendencias emergentes, ideas nuevas, conjuntos de datos prometedores y mucho más. Hoy en día, los investigadores deben participar activamente incluso antes de publicar sus investigaciones. Por eso es importante formar parte de la conversación.
Quienes no ocupan una posición central en esas redes —en el caso de mi investigación y mis datos, las mujeres— tienen sencillamente menos probabilidades de recibir información pertinente que quienes ejercen gran influencia: los hombres. Quedan fuera de la conversación.
Una hipótesis habitual es que las mujeres establecen redes de manera distinta —y menos eficaz— que los hombres. Hay indicios anecdóticos de que las mujeres evitan crear redes de contactos por diversos motivos. Uno es que a menudo las mujeres tienen menos confianza en sí mismas, pues creen que su trabajo demostrará su competencia y que no hace falta promocionarlo.
Mis datos me permitieron poner a prueba esta hipótesis y refutarla. Los agradecimientos nos dicen mucho sobre las prácticas para crear redes de contactos, porque los autores también usan esa parte del artículo para enumerar los congresos y seminarios de universidades en los que presentaron sus investigaciones.
Como muestra esta figura, mis datos revelan que los artículos escritos exclusivamente por mujeres presentan más colaboración informal por autora que los escritos únicamente por hombres. En promedio, un grupo de autoras presenta su artículo con más frecuencia y habla con más personas que un grupo de autores hombres o un grupo mixto.
Así que el problema no es que las mujeres establezcan menos contactos. Al contrario, establecen más. Entonces, ¿por qué se las menciona con menos frecuencia en los agradecimientos?
No se pide consejo a las mujeres
Mis datos muestran que, en promedio, los autores hombres no piden consejo a las mujeres o no reconocen los consejos que reciben de ellas. Esta podría ser una de las razones por las que las mujeres participan menos en las complejas redes de investigación de vanguardia mundial.
En esta etapa no sabemos por qué los hombres mencionan a las mujeres con menos frecuencia en los agradecimientos. Una explicación plausible es la actitud más general de los hombres hacia las mujeres en la sociedad y en el trabajo. Los estudios sobre las mujeres en el ámbito laboral sugieren que los hombres perciben a las mujeres como menos creativas y que las mujeres tienen que esforzarse mucho más que los hombres para que se las considere igual de competentes. Puede que aquí ocurra lo mismo.
Una publicación reciente de Nature lo expresó muy bien: «Las mujeres no están fracasando en la ciencia; la ciencia está fracasando con las mujeres». En nuestro caso, son los científicos hombres —los economistas financieros— quienes «están fracasando con las mujeres».
Este artículo se basa en un texto que apareció originalmente en el blog profesional del autor.

