El Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó su más reciente actualización de Perspectivas de la economía mundial la semana pasada y con relativamente poco bombo. Comprensiblemente, la atención se centró en las negociaciones sobre la crisis griega y en el desplome del mercado bursátil chino, ambos hechos que anticipan con fuerza que el período de relativa calma en los mercados podría estar llegando a su fin.
Ya sea China, Grecia o alguna nueva crisis la que acapare los titulares financieros, existen varias posibles amenazas para la economía mundial en su conjunto que preocupan al FMI. Estas son las más apremiantes:
1. Volatilidad del mercado de bonos
Con las primas por plazo y por riesgo de los bonos a largo plazo en mínimos históricos o cercanos a ellos, el mercado corre el riesgo de sufrir fuertes oscilaciones de precios ante cualquier sorpresa. Los mercados tuvieron un anticipo de ello con el reciente repunte de los rendimientos de los bonos del Gobierno alemán. Actualmente existe preocupación por que la próxima sacudida en los mercados pueda llegar de una subida de los tipos de interés por parte de alguno de los principales bancos centrales, y todas las miradas están puestas en la Reserva Federal de EE. UU. para ver si Janet Yellen comienza a responder a la caída del desempleo y al aumento de las presiones salariales.
2. La reversión de los flujos de capital desde las economías emergentes
Relacionado con lo anterior, una subida de los tipos de interés en los mercados desarrollados podría llevar a los inversores en busca de rentabilidad a retirar sus fondos de las inversiones más arriesgadas en mercados emergentes (ME). Esto podría tener un efecto desestabilizador en los precios de los activos de los ME, sobre todo en un contexto de niveles de deuda crecientes en esos países.
3. Fortaleza del dólar estadounidense
El dólar se disparó frente a otras divisas en 2014, debido tanto a que los bancos centrales de Europa y Japón flexibilizaron significativamente su política monetaria para impulsar sus economías como a la relativa fortaleza de la economía norteamericana. Una nueva apreciación podría presionar a quienes se encuentran fuera del país y pidieron préstamos en dólares, incluidas varias economías de mercados emergentes.
4. El ritmo relativamente lento de la recuperación posterior a la crisis
Las economías funcionan por ciclos, de modo que un período de rápida expansión de la producción suele ir seguido de un período de consolidación o incluso de contracción. Tras la Gran Recesión, el mundo desarrollado ha tenido dificultades para recuperarse tan rápido como sugerían las anteriores crisis que debería hacerlo. Esto supone un problema potencial, ya que en un entorno de baja inflación y bajo crecimiento resulta difícil reducir los altos niveles de deuda que muchos de estos países presentan, lo que los deja vulnerables ante una eventual nueva crisis.
5. El problema de reequilibrio de China
El Gobierno chino está llevando a cabo la delicada tarea de reorientar la economía del país, alejándola de su dependencia de las exportaciones y acercándola a una combinación más equilibrada de demanda interna y exportaciones de mayor valor añadido. Sin embargo, este proceso implicará inevitablemente un ritmo de crecimiento económico más lento que el experimentado en el pasado reciente, y conlleva el riesgo de que la economía caiga considerablemente más de lo que Pekín desea. Ya hemos visto que las autoridades han adoptado varias medidas para respaldar el crecimiento en los últimos meses, ante la preocupación de que la economía pueda quedarse por debajo de su objetivo de crecimiento del PIB del 7 % para 2015.
Autor: Tomas Hirst es director editorial y cofundador de la revista Pieria, y anteriormente fue editor encargado de contenidos digitales en el Foro Económico Mundial.
Imagen: Trabajadores inspeccionan torres de electricidad recién construidas sobre campos de cultivo en Chuzhou, provincia de Anhui, China, 9 de julio de 2015. REUTERS/China Daily







