Han sido un par de días intensos en el frente de las negociaciones griegas, con filtraciones de ambas partes. Más allá del ruido, estos son algunos puntos clave que conviene observar durante la próxima semana.
Reembolsos aplazados
Grecia debe reembolsar al FMI unos 1,5 mil millones en junio, distribuidos de la siguiente manera: 5 de junio: unos 300 millones de euros el día 5, 335 millones de euros el 12, 558 millones de euros el 16 y 335 millones de euros el 19. Grecia anunció ayer que había decidido agrupar todos estos pagos en un único tramo, que se reembolsará a fin de mes. Como señalaron enseguida algunos comentaristas, esto convierte a Grecia en «la nueva Zambia» —Zambia fue el último país en pedir que se activara este procedimiento, en la década de 1980—, pero también da algo de tiempo para que las negociaciones se prolonguen una semana más. Lo más probable es que las negociaciones se centren en los puntos de desacuerdo incluidos en las dos propuestas distintas (una de los acreedores y otra de Grecia) que se filtraron a la prensa en los últimos días y que se examinan a continuación.
Propuestas distintas
La propuesta más reciente de los acreedores se filtró y fue publicada por un periódico griego (aquí), mientras que la contrapropuesta griega fue publicada por un periódico alemán (aquí). Hay algunos elementos importantes para los que ya se han puesto cifras sobre el papel, y es probable que estos impulsen las negociaciones durante la próxima semana.
Objetivos de superávit primario: este ha sido el principal punto de desacuerdo desde el comienzo de las negociaciones. El segundo programa fijó como objetivo un superávit primario del 3 % del PIB en 2015 y del 4,5 % en 2016. La situación económica se ha deteriorado hasta el punto de que ahora los acreedores esperan que Grecia registre un déficit de alrededor del -⅔ % del PIB si se mantienen las políticas actuales. La propuesta filtrada de los acreedores plantea un objetivo del 1 % en 2015, del 2 % en 2016, del 3 % en 2017 y del 3,5 % en 2018 y los años siguientes, y pide que Grecia introduzca un presupuesto suplementario para 2015 a fin de cumplir el nuevo objetivo. La contrapropuesta griega plantea un 0,6 % en 2015, un 1,5 % en 2016, un 2,5 % en 2017 y un 3,5 % a partir de 2018. A juzgar por estos documentos, parece haberse producido una convergencia significativa de los acreedores hacia la posición griega. De hecho, el 1 % que ofrecen ahora los acreedores estaría por debajo del 1,5 % que Varoufakis negoció sin éxito durante la primera reunión del Eurogrupo a la que asistió. Ambas partes contemplan un 3,5 % a partir de 2018, por lo que la cuestión tiene más que ver con cómo se distribuirá el ajuste entre este año y los dos siguientes.
Reforma del IVA: este es otro asunto controvertido, estrechamente vinculado a las estimaciones de la brecha fiscal y, por tanto, a las negociaciones sobre el superávit primario. El sistema griego actual del IVA incluye tres tipos (6,5 %, 13 % y 23 %). Los acreedores piden pasar a un sistema de dos tipos: 23 % y 11 %. El aumento previsto de los ingresos derivado de este cambio ascendería a 1 punto porcentual del PIB, es decir, 1.800 millones de euros. La propuesta griega mantiene los tres tipos y prevé reducir el tipo más bajo y el intermedio al 6 % y al 11 %, respectivamente. Por tanto, en este asunto la diferencia de pareceres parece bastante significativa, ya que la propuesta griega va en dirección opuesta a la de los acreedores. Sin embargo, a finales de mayo, el periódico griego To Vima había informado de una idea muy distinta por parte de Grecia. Según se informó entonces, el Gobierno griego contemplaba tres tipos, del 7 %, el 14 % y el 22 %, y estimaba que esta reforma generaría unos 800 millones de euros. Esto sugiere que, en realidad, el Gobierno griego ya había considerado la posibilidad de subir los tipos. Este importante giro podría indicar que el Gobierno se dio cuenta de que las restricciones políticas internas en este asunto son más difíciles de lo que pensaba inicialmente (lo cual no daría muchos motivos para el optimismo).
Contribución solidaria e impuesto de sociedades: a falta de un aumento de los tipos del IVA y, por tanto, de ingresos adicionales por esa vía, la propuesta griega prevé un gravamen extraordinario sobre los grandes beneficios empresariales (que generaría 1.000 millones en 2015), una contribución solidaria (que generaría unos 220/250 millones en 2015 y 2016), un impuesto sobre la publicidad televisiva (100 millones en 2015 y 2016), otras medidas sobre las licencias y las emisoras de televisión (340 millones en 2015), un impuesto sobre el lujo (30 millones en 2015 y 2016) y otros ingresos fiscales (se prevén 120 millones en 2015 y 90 millones en 2016).
Privatización: la oferta de los acreedores incluye un objetivo de 22.000 millones para 2022. El objetivo original del segundo programa era de 22.000 millones, pero para 2020, por lo que la nueva propuesta lo extendería dos años más. El documento todavía no establece objetivos anuales. Grecia dispone de una tabla muy detallada que suma unos 16.000 millones desde ahora hasta 2020, y la mayor parte de los ingresos se obtendría a partir de 2020. La propuesta griega prevé ingresos por privatizaciones de 3.200 millones para 2015-2016 y de 2.100 millones para 2017-2019. A modo de comparación, el segundo programa original tenía un calendario más ambicioso, que preveía 5.600 millones en 2015-2016 y 5.900 millones en 2017-2019.
Reforma de las pensiones: sigue siendo una línea roja para ambas partes. Los acreedores piden «nuevas medidas inmediatas para mejorar el sistema de pensiones, de las que se espera un ahorro anual de alrededor del 1 % del PIB en 2016-17, incluida una restricción considerable de las normas de jubilación anticipada, un aumento de la contribución sanitaria de los pensionistas y la eliminación progresiva de la ayuda solidaria no contributiva». Para septiembre de 2015, Grecia también debería «legislar nuevas medidas para establecer un vínculo más estrecho entre las contribuciones y las prestaciones e integrar los fondos». La propuesta griega incluye una eliminación gradual de las jubilaciones anticipadas durante 2016/2025 y la consolidación de los fondos de seguridad social en tres, pero mantiene la suspensión de la «cláusula de déficit cero».
Reformas del mercado laboral: probablemente sean, por el momento, la línea roja más marcada. Los acreedores piden a Grecia que se comprometa a que «no se revoquen reformas importantes del programa […]» y, en particular, que «no se introduzcan cambios en el marco actual de negociación colectiva antes de finales de 2015 y que cualquier cambio del marco legislativo solo se adopte de común acuerdo con la CE/BCE/FMI». El documento griego afirma que «el Gobierno griego restablecerá procedimientos de negociación colectiva, similares a los acuerdos vigentes en otros países de la UE […]» y aumentará gradualmente el salario mínimo y los sueldos de los trabajadores del sector privado hasta finales de 2016, para volver al nivel de 2010 (después, «se negociarán libremente en el marco de la negociación colectiva»).
Planes de reestructuración
En resumen, las negociaciones griegas continuarán la próxima semana, después de que Grecia pidiera agrupar todos los pagos de junio al FMI a fin de mes. Mientras tanto, todavía no se vislumbra un terreno común entre Grecia y sus acreedores. La cuestión del superávit primario es aquella en la que las posiciones parecen haber convergido más, pues los acreedores se han acercado considerablemente a la postura griega. En cuanto al IVA, el Gobierno griego parece haber dado un giro respecto de las propuestas que se rumorearon el mes pasado, mientras que las posturas sobre las pensiones y el mercado laboral siguen muy alejadas, y los documentos no apuntan a una solución inmediata.
Las negociaciones de la próxima semana se complicarán aún más por el hecho de que la propuesta griega incluye una sección sobre la reestructuración de su deuda con los acreedores. Los detalles del plan se aclararon en otro documento filtrado, publicado esta mañana por el FT . Muchos de los elementos de la reestructuración se habían insinuado o mencionado antes, durante estos meses de negociaciones: el plan incluiría (i) una recompra de la deuda contraída con el BCE mediante un préstamo del ESM; (ii) una recompra parcial de deuda del FMI con los beneficios del SMP; (iii) una reprogramación adicional del Greek Loan Facility; (iv) dividir en dos los préstamos del EFSF y sustituir la mitad por una perpetuidad.
Por el momento, ninguna de estas medidas parece políticamente aceptable: el FMI ya se había mostrado favorable al alivio de la deuda, siempre que se aplique a la parte de la deuda griega con la UE; las condiciones del GLF y del EFSF ya se han flexibilizado sustancialmente y la idea de la perpetuidad parece difícil de digerir en Berlín; el presidente del BCE, Mario Draghi, dijo ayer que el BCE espera el reembolso íntegro y puntual del SMP; y parece difícil conseguir apoyo político para la idea de un canje entre el BCE y el ESM. Tras el aplazamiento de los pagos al FMI, el plazo límite inaplazable pasa a ser el reembolso de la deuda con vencimiento en julio al BCE. Pero, para que el acuerdo reciba la aprobación nacional y los fondos se desembolsen a tiempo, habrá que llegar a un acuerdo antes. El tiempo se agota y las opciones empezarán a escasear, incluso para el Ulises más ingenioso.
Este artículo se publicó originalmente en Bruegel, centro de estudios con sede en Bruselas. Su publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autora: Silvia Merler, ciudadana italiana, se incorporó a Bruegel como investigadora asociada en agosto de 2013.
Imagen: Las banderas griega y de la UE ondean frente al Ministerio de Asuntos Exteriores en Atenas. REUTERS/Yannis Behrakis.


