La igualdad de género tardará 170 años. No podemos esperar tanto

North Korean factory workers attend a ceremony marking the completion of a garlic processing factory that a South Korean company invested in, in Kaesong, North Korea, about 70 km (45 miles) northwest of Seoul, February 6, 2007. REUTERS/Lee Jae-Won (NORTH KOREA) - RTR1M1DI
'It is worrying that we are not making progress; unacceptable that we are moving backwards'Image: REUTERS/Lee Jae-Won
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Promover el desarrollo de las mujeres y las niñas representa la mayor oportunidad para el desarrollo humano y el crecimiento económico. Pese a ello y a que muchas organizaciones trabajan para abordar estos problemas, según el Informe mundial sobre la brecha de génerolas cosas empeoraron durante 2016 y la igualdad económica de género no se alcanzará hasta dentro de otros 170 años. Es preocupante que no avancemos; es inaceptable que estemos retrocediendo.

Es una cifra muy citada que la igualdad de las mujeres en la fuerza laboral añadiría 28 billones de dólares a la economía mundial para 2025. Dar a las niñas solo un año más de educación secundaria puede aumentar sus ingresos potenciales entre un 15 y un 25 %. Sin embargo, las normas obsoletas y los estereotipos de género obstaculizan nuestra propia capacidad para lograr el cambio sistémico necesario. Los mismos estereotipos que afectan a las mujeres en general frenan el crecimiento económico mundial y el progreso social que traerán una mayor igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.

Las mujeres ya son las consumidoras más poderosas del mundo, y controlan el 65 % del gasto de consumo, con un impacto económico que crece año tras año. Se estima que sus ingresos aumentarán de 13 billones de dólares a 18 billones para 2018. En mi trabajo al frente del negocio de cuidado personal de Unilever —que fabrica y vende desde champús, jabones y cremas para la piel hasta desodorantes y pasta de dientes—, las mujeres representan más del 70 % de nuestras ventas. No necesito que me convenzan de que vale la pena invertir en el desarrollo de las mujeres.

Cada día, 2.000 millones de personas usan nuestros productos. Creo que podemos aprovechar nuestra escala y alcance para impulsar una transformación positiva, cuestionando las normas sociales y los estereotipos de género que frenan a las mujeres.

Hemos establecido alianzas con muchas partes interesadas para contribuir a este objetivo. Por ejemplo, nuestra marca de cuidado de la piel Pond’s colabora con Vital Voices Partnership para invertir en mujeres líderes que buscan soluciones a problemas socioeconómicos, ambientales o de derechos humanos en sus comunidades. También trabajamos con Clinton Giustra Enterprise Partnership (CGEP) para formar a mujeres emprendedoras de países en desarrollo y darles acceso a nuestras redes de distribución, a fin de ayudarlas a ellas y a sus comunidades a prosperar. Colaboramos con ONU Mujeres para crear programas que contribuyan a garantizar la seguridad de las mujeres en nuestra cadena de valor del té. Marcas como Dove han abierto camino al cambiar los estereotipos de belleza: el Proyecto de Autoestima de Dove se creó para que la próxima generación crezca con una relación positiva con su aspecto, lo que le ayudará a reforzar su autoestima, desarrollar todo su potencial y participar activamente en la sociedad.

También hemos invertido en nuevas investigaciones para comprender mejor y ayudarnos a combatir los estereotipos y las normas culturales que generan sesgos de género en el lugar de trabajo. Los resultados, que presentaremos con más detalle en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial de 2017 en Davos, son —aunque no del todo sorprendentes— un crudo recordatorio de todo lo que hay que abordar:

  • Las creencias tradicionales frenan a las mujeres, pues las normas sociales siguen empujándolas hacia los roles tradicionales. Las mujeres sienten que tienen que «pasar por alto» el mal comportamiento de los hombres en el trabajo, en lugar de alzar la voz (52 % de las personas encuestadas en todo el mundo). Los hombres sienten que deben cambiar su comportamiento cuando las mujeres entran en la sala (64 %).

  • La tradición se impone. El impacto del reparto desigual de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos se percibe de forma distinta: los hombres no ven los desafíos que plantean las normas culturales y que sí perciben las mujeres. Solo el 36 % de los hombres considera que el reparto desigual de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos es un problema.

  • Tanto hombres como mujeres comparten opiniones claramente definidas y estereotipadas sobre las aptitudes de unos y otras en el lugar de trabajo. Poner en marcha un proyecto de alto riesgo y dirigir un cambio organizativo de gran envergadura se consideran ámbitos propios de los hombres; organizar eventos para los compañeros de trabajo y construir la cultura empresarial se ven como fortalezas de las mujeres.

  • Los hombres quieren impulsar la igualdad de género, pero sus ideas preconcebidas y el miedo al cambio los frenan. Se cree que los hombres no quieren realmente que las mujeres ocupen puestos directivos de alto nivel (el 75 % de las mujeres y el 59 % de los hombres están de acuerdo en que las mujeres están infrarrepresentadas), lo que apunta al deseo de mantener actitudes masculinas conocidas en el mundo empresarial.

  • Lamentablemente, el «club de chicos», como un viejo y anticuado club de golf, sigue excluyendo a las mujeres de los puestos directivos de alto nivel. De las personas encuestadas, el 72 % en todo el mundo está de acuerdo en que «los hombres disfrutan de la camaradería y los vínculos entre hombres que forman parte de los negocios» y que esto contribuye a que «las mujeres estén muy infrarrepresentadas en la alta dirección». Los hombres no se exigen responsabilidades entre sí: el 55 % señala que «los hombres no cuestionan a otros hombres cuando presencian un comportamiento inapropiado» como uno de los principales factores que contribuyen a la desigualdad de género en el lugar de trabajo.

Es probable que estos sesgos y estereotipos, en gran medida inconscientes, expliquen en parte el retroceso que hemos observado durante el último año, pese a tantos esfuerzos bienintencionados. Para detener esta tendencia regresiva y, de hecho, acelerar el avance hacia la paridad de género, debemos centrarnos no solo en las políticas, sino también en los sesgos y estereotipos negativos que nacen de normas sociales restrictivas.

En Unilever, hemos empezado a evaluar nuestro propio papel y estamos actuando en uno de los ámbitos donde más impacto tenemos: la publicidad. Nuestra investigación nos obligó a mirarnos al espejo y confirmó que la publicidad perpetúa estereotipos perjudiciales:

  • El 61 % de los hombres de todo el mundo estuvo de acuerdo en que la publicidad crea expectativas poco realistas y ejerce presión sobre los hombres para que sean el «héroe macho alfa»;

  • El 63 % de las mujeres de todo el mundo estuvo de acuerdo en que «la publicidad crea expectativas poco realistas y ejerce presión sobre las mujeres»);

  • El 70 % de las personas encuestadas en todo el mundo estuvo de acuerdo en que el mundo sería mejor si los niños de hoy no estuvieran expuestos a los estereotipos de género que suelen aparecer en los medios de comunicación y la publicidad.

En respuesta, en junio del año pasado anunciamos #unstereotype, una iniciativa mundial para que todas nuestras marcas impulsen una publicidad que deje atrás las representaciones estereotipadas del género. Apenas hemos empezado, pero estamos comprometidos. Y no nos ocupamos únicamente de nuestra publicidad: también hemos dado prioridad a promover oportunidades para 5 millones de mujeres para 2020 en toda nuestra cadena de valor, desde nuestros lugares de trabajo y nuestras cadenas de suministro y redes de distribución hasta nuestras consumidoras, a través de nuestras marcas.

Sin embargo, sería insensato y arrogante pensar que podemos cambiar los estereotipos o avanzar hacia la paridad de género por nuestra cuenta. Por su propia naturaleza, las normas y los estereotipos están profundamente arraigados. Pero es posible lograrlo mediante una acción colectiva y sostenida. Las empresas que colaboran o actúan de forma coordinada pueden ejercer una fuerza superior a la suma de sus partes, especialmente si también consiguen sumar a otras organizaciones, gobiernos y entidades no gubernamentales.

Como líderes empresariales, debemos aprovechar plataformas conjuntas como la del Foro Económico Mundial, suIniciativa de Sistemas sobre Género, Educación y Trabajo para integrar el avance de las mujeres en los objetivos estratégicos y empresariales. Debemos adherirnos a los Principios para el Empoderamiento de las Mujeres y respaldar el trabajo de grupos influyentes, como el Grupo de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre el Empoderamiento Económico de las Mujeres, para crear soluciones eficaces y duraderas.

No debemos aceptar otro año sin avances hacia la paridad de género y, desde luego, no podemos esperar 170 años para que las mujeres ocupen el lugar que merecen.

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