El Foro Económico Mundial lanza una serie de Futuros económicos globales en colaboración con Accenture para ayudar a los responsables de la toma de decisiones a comprender y anticipar el cambio.
La primera edición explora cuatro escenarios para el futuro de la productividad, centrándose específicamente en la interacción entre la tecnología y el desarrollo del talento.
Incluye una evaluación basada en datos de la exposición de las industrias y presenta una serie de estrategias prácticas para empresas y gobiernos.
En cualquier economía, siempre se trata de producir más con menos, gracias a nuevas ideas, tecnología y personas capaces de utilizarlas de forma creativa. Pensemos en la electricidad a finales del siglo XIX o en los ordenadores en el siglo XX.
En los países, la productividad impulsa el crecimiento a largo plazo y mejora el nivel de vida. En las empresas se da una dinámica similar: las más productivas disfrutan de una ventaja competitiva y una mayor rentabilidad.
Una productividad anémica puede ser un grave obstáculo. El FMI estima que más de la mitad de la desaceleración del crecimiento mundial en las primeras décadas de este siglo se debió a una productividad mediocre. Mientras tanto, casi el 40 % de las grandes empresas registraron un descenso de la productividad en los últimos años.
Recuperar la productividad será necesario para reactivar la economía mundial. Hay poco consenso sobre su probable trayectoria en los próximos años, pero es probable que las tendencias relacionadas con la tecnología, el talento, la demografía, el entorno empresarial y la geopolítica la configuren, según el nuevo libro blanco Futuros económicos globales: la productividad en 2030, publicado por el Foro Económico Mundial en colaboración con Accenture.
Cuatro escenarios para 2030
El libro blanco se centra en dos factores subyacentes —la tecnología y el «capital humano» (un concepto general que abarca las competencias, la educación y la preparación de la fuerza laboral)— para formular cuatro escenarios de productividad que podrían materializarse en los próximos cinco años.

El primer escenario es Salto de productividad, en el que un círculo virtuoso de innovación disruptiva generalizada y rápido desarrollo del capital humano impulsa aumentos significativos y generalizados de la productividad, así como una marcada mejora del nivel de vida.
Otro escenario posible es Exceso de automatización, en el que los avances tecnológicos superan el desarrollo del capital humano, lo que da lugar a una dinámica en la que «el ganador se lo lleva todo», a una mayor concentración de la riqueza y el poder, y a brechas de productividad cada vez mayores entre las empresas, los sectores y las regiones líderes y rezagados.
En un tercer escenario, Ventaja humana, el desarrollo del capital humano supera al de la tecnología y la actividad económica se centra más en las personas. Puede parecer una perspectiva atractiva, pero conduciría a un crecimiento lento y desigual de la productividad, con menos avances tecnológicos que impulsen el progreso y una mayor dependencia de personas capaces de encontrar nuevas formas creativas de utilizar las tecnologías existentes.
En el último escenario, Sequía de productividad, la innovación tecnológica y el desarrollo del capital humano se ralentizan simultáneamente. A las sociedades les costaría evitar pérdidas de prosperidad y un descenso del nivel de vida.
Estos cuatro escenarios no son predicciones de dónde estará el mundo en 2030. La idea es ayudar a los responsables de la toma de decisiones a comprender la rapidez con la que cambia el mundo y la incertidumbre que existe sobre cómo evolucionarán probablemente las economías y las sociedades.
Trazar las repercusiones en las industrias
Cada uno de estos futuros puede transformar el panorama empresarial. Según el libro blanco, algunas industrias saldrán mejor paradas que otras; el documento presenta en un mapa de calor las repercusiones de cada escenario en la producción y la rentabilidad.

El sector de las tecnologías de la información y las comunicaciones digitales está bien posicionado para crecer en la mayoría de los escenarios. Al fin y al cabo, es tanto un facilitador como un beneficiario de la innovación. La situación se vuelve mucho más difícil en el escenario de Sequía de productividad, debido a la exposición del sector a la volatilidad geopolítica y regulatoria, y a su gran dependencia de talento dinámico y altamente cualificado.
En los servicios financieros, profesionales e inmobiliarios, la situación es dispar. Por un lado, la gran capacidad del sector para asimilar la innovación y atraer talento le ayudará a aprovechar las oportunidades de crecimiento. Por otro, esta dependencia puede ser una fuente de vulnerabilidad. Los fuertes vientos a favor en el escenario de Salto de productividad —por ejemplo, la banca podría registrar una mejora del 30 % en la productividad gracias a la adopción de la IA en tan solo unos años— se debilitan en los escenarios de Exceso de automatización y Ventaja humana.
La industria manufacturera probablemente verá cómo se amplía la brecha entre los sectores más avanzados (automoción, aeroespacial o farmacéutico) y los demás. Los fabricantes que dependen más de la innovación están especialmente expuestos a las presiones en las cadenas de suministro y a la intensificación de la dinámica en la que «el ganador se lo lleva todo». Otro riesgo importante: dado que solo el 45 % de la fuerza laboral participa actualmente en actividades de «perfeccionamiento de competencias», el sector podría tener dificultades para cubrir las brechas de talento. Muchas empresas también podrían afrontar riesgos si la automatización lleva a reestructurar las cadenas de suministro mundiales.
El camino que le espera a la industria de la energía y los materiales es desigual. Una mayor productividad podría impulsar la innovación y permitir ampliar a largo plazo la energía renovable; pero, a corto plazo, probablemente aumentará la demanda tanto de energía renovable como no renovable. Las empresas del sector también podrían afrontar una creciente escasez de talento. El desafío es especialmente grave para las empresas de tecnología energética: ocho de cada diez señalan las brechas de competencias como un obstáculo crítico para los próximos años.
El sector de la educación desempeña un papel fundamental para satisfacer la cambiante demanda de competencias tanto en los escenarios impulsados por la tecnología como en los impulsados por el talento. Las mayores oportunidades podrían encontrarse en los mercados en desarrollo que carecen de infraestructura educativa y en un uso más amplio de las nuevas tecnologías: se prevé que la adopción de la IA por sí sola aporte 200.000 millones de dólares de valor para 2025.
Reactivar la productividad de la manera adecuada
Reactivar el crecimiento de la productividad exige abordar obstáculos estructurales, como el acceso desigual al capital y al talento, las deficiencias de infraestructura y la difusión limitada de la innovación. La fragmentación de la economía mundial también plantea un desafío.
El informe ofrece una serie de recomendaciones estratégicas para ayudar a empresas y gobiernos a mitigar los riesgos y aprovechar el potencial de productividad de las tendencias tecnológicas y de talento. Entre ellas figuran: promover sinergias entre la tecnología y el desarrollo del capital humano; reforzar la toma de decisiones anticipatoria y basada en datos; acelerar la adopción y difusión de tecnologías emergentes; preparar los sistemas de educación y formación para el futuro; y fortalecer la resiliencia ante las perturbaciones geopolíticas.
El mundo está cambiando; la necesidad de una productividad dinámica seguirá siendo constante.


