¿Cómo ha avanzado el G20 en sus objetivos de crecimiento sostenible e inclusivo?

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¿Qué tan cerca ha estado el Grupo de los Veinte (G-20) de alcanzar su objetivo de un crecimiento sólido, sostenible, equilibrado e inclusivo? La expansión mundial sigue siendo sólida, por lo que no sorprende que el informe de 2018 del FMI otorgue al G-20 buenas calificaciones en cuanto a las perspectivas a corto plazo. En comparación con el informe del año pasado, las brechas de producción se han ido cerrando (es decir, la producción real se acerca más a la producción potencial) y hay menos personas desempleadas, aunque los riesgos han aumentado.

Al mismo tiempo, el avance hacia un crecimiento más sostenible y equilibrado ha sido lento, ya que persisten los desequilibrios externos excesivos (superávits y déficits), los niveles de deuda siguen siendo altos y el crecimiento de la productividad sigue siendo bajo. La inclusión, cuyo análisis es nuevo en el informe de este año, sigue siendo un desafío.

Image: IMFBlog

El crecimiento inclusivo sigue siendo esquivo

El G-20 ha dado prioridad al crecimiento inclusivo como objetivo de política independiente, pero garantizar que el crecimiento beneficie a todos también tiende a ir de la mano con el logro de un crecimiento sostenible. Por ejemplo, el apoyo político a las reformas estructurales es mayor si las ganancias de ingresos resultantes se comparten de forma más amplia.

Sin embargo, después de 1990, la desigualdad, medida por el coeficiente de Gini, aumentó en la mayoría de las economías del G-20, y sigue siendo elevada incluso en algunas economías emergentes donde disminuyó durante ese período (las zonas rojas del mapa muestran un aumento de la desigualdad, mientras que las zonas verdes muestran una disminución). Por ejemplo, aunque la desigualdad disminuyó considerablemente en muchos países de América Latina y en Turquía, sigue siendo superior a la de los países europeos y norteamericanos del G-20, que en el mismo período vieron aumentar sus niveles de desigualdad.

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En efecto, las ganancias de ingresos han seguido siendo muy desiguales tras la crisis financiera: en el G-20, quienes se encuentran en el 10 por ciento inferior de la distribución del ingreso ganan, en promedio, solo el 8 por ciento de lo que ganan quienes están en el 10 por ciento superior. Estas desigualdades persistentes reflejan y refuerzan el acceso desigual a oportunidades económicas, como la educación, la atención sanitaria y los servicios financieros.

Los responsables de políticas pueden marcar la diferencia

Actuando ahora y trabajando juntos, el G-20 tiene la oportunidad de sostener un fuerte crecimiento mundial a mediano plazo, de hacerlo más equilibrado y de garantizar que se comparta de forma más amplia. Es importante señalar que muchas de las medidas que impulsarían la productividad a mediano y largo plazo, lo que, según nuestras estimaciones, aumentará el nivel del PIB del G-20 en casi un 4 por ciento, también harán que el crecimiento sea más inclusivo.

«El crecimiento inclusivo en la mayoría de las economías del G-20 sigue siendo un desafío».

La inversión en capital humano es un ejemplo clave. Invertir en la educación y en el fortalecimiento de las competencias de los trabajadores no solo ayudará a las economías del G-20 a adaptarse mejor a las nuevas tecnologías en constante avance que pueden alterar el “futuro del trabajo”, sino que también garantizará que más personas se beneficien del progreso tecnológico. Ampliar la inclusión financiera y ajustar las redes de protección social y los sistemas de seguros para facilitar la movilidad entre empleos, sectores y fronteras también contribuirá en este sentido. Además, la redistribución mediante impuestos y transferencias seguirá desempeñando un papel importante en la búsqueda de un crecimiento más inclusivo en el G-20.

La Nota de Vigilancia del G-20, que se publicará el 27 de noviembre, explicará cómo deben trabajar los responsables de políticas, de forma paralela y conjunta, para contener los riesgos, lo que también ayudará a reducir la desigualdad. Por ejemplo, reducir las barreras al comercio de servicios no solo permite moderar los riesgos derivados de los desequilibrios externos excesivos, reduciendo así las tensiones comerciales, sino que también ayudará a elevar los ingresos. Junto con las políticas adecuadas para garantizar que el crecimiento se comparta ampliamente, esto ayudará a avanzar hacia el objetivo del G-20 de un crecimiento sólido, sostenible, equilibrado e inclusivo.

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