Falta solo un año para el lanzamiento previsto de la Comunidad Económica de la ASEAN. Este año, la mayoría de las 10 economías de la región deberían alcanzar un crecimiento de un solo dígito alto, y se espera que tanto la producción como el consumo sigan creciendo. Sin embargo, aunque este crecimiento ha sacado de la pobreza a millones de personas y el ánimo general es optimista, la desigualdad económica se está ampliando y alrededor del 10 % de la población aún vive con menos de 1,25 dólares al día.
Nuestra región debe preguntarse cómo puede garantizar que el crecimiento económico repercuta de manera positiva en el mayor número posible de comunidades y familias. Creo que el acceso a una atención sanitaria oportuna, asequible y de alta calidad es clave, ya que el crecimiento económico depende de una población sana.
La salud está asociada a un mayor bienestar y productividad, así como a unos costes sanitarios más bajos. Pero para que la atención sanitaria sea sostenible, debe pasar de un modelo de tratamiento y cuidados prestado por un sistema financieramente sobrecargado a un enfoque integral basado en políticas, productos y servicios orientados a la prevención de enfermedades y al bienestar.
Existen varios retos. Filipinas, por ejemplo, cuenta con solo 0,5 camas de hospital por cada 1.000 habitantes, cuando la OMS recomienda dos. Unos 30.000 profesionales sanitarios filipinos trabajan en el extranjero, donde pueden obtener mejores salarios. Y los centros sanitarios tienden a concentrarse en las zonas urbanas, mientras que las zonas rurales sufren mayores niveles de pobreza y de mortalidad materna e infantil.
Los gobiernos de la región son conscientes de estos problemas y buscan cambios de diversas maneras. Se destina más dinero a la infraestructura sanitaria y se están modernizando las políticas de salud, por ejemplo con la introducción de la cobertura sanitaria universal. Por desgracia, la toma de decisiones puede ser lenta, la implementación más complicada de lo esperado y la aplicación de las políticas menos enérgica de lo necesario.
Una reforma de los sistemas sanitarios de la región es una tarea inmensa que requiere la cooperación entre los gobiernos y el sector privado. Se necesitan políticas sólidas, pero las innovaciones sobre el terreno son una fuente muy necesaria de soluciones médicamente eficaces y económicamente viables. Boston Consulting Group colabora con el Foro Económico Mundial para estudiar el potencial de los sistemas sanitarios de las economías emergentes que pueden saltar etapas (leapfrogging) y ha concluido que la oportunidad es sin precedentes: se estima que, para 2022, una tercera parte del gasto sanitario mundial se producirá en economías emergentes. Que este mayor gasto conduzca a una verdadera transformación de los sistemas sanitarios depende de las decisiones que se tomen hoy. Una reforma de los sistemas sanitarios de la región es una tarea inmensa que requiere cooperación entre los gobiernos y el sector privado. Se necesitan políticas sólidas, pero las innovaciones sobre el terreno son una fuente muy necesaria de soluciones médicamente eficaces y económicamente viables.
Philips, por ejemplo, se asoció recientemente con el Indonesian Reproductive Science Institute para abordar la tasa de mortalidad infantil del país, que había aumentado bruscamente de 227 por cada 100.000 nacimientos en 2007 a 359 en 2012, lo que la convertía en una de las más altas del mundo. Ahora, como parte de un ensayo de un año, las parteras de la zona de Medan visitarán a las mujeres embarazadas y recopilarán sus datos médicos con una aplicación móvil para que los obstetras y ginecólogos de otros lugares puedan hacer un seguimiento de las pacientes. La iniciativa pretende aumentar la atención prenatal, mejorar el parto y ofrecer atención inmediata a las pacientes de alto riesgo.
Con el tiempo, estas y otras iniciativas transformarán los sistemas sanitarios de la ASEAN, y me pregunto dónde estaremos dentro de 20 años. Mi esperanza es que la mayoría de la población tenga acceso a servicios sanitarios básicos en ámbitos importantes como la planificación familiar, las enfermedades infecciosas y una dieta saludable. También espero que existan programas integrales para prevenir y tratar enfermedades como la diabetes y la obesidad. Y me gustaría ver la cobertura universal plenamente implementada, lo que ofrecería a millones de personas una base estable para una vida más sana y productiva.
La tecnología desempeñará un papel crucial en esto. Dentro de dos décadas, quizá las familias incluso en los lugares más remotos puedan acceder a un médico en directo y a sus historiales médicos a través de un dispositivo móvil. O los dispositivos médicos se habrán vuelto tan inteligentes, baratos y fáciles de usar que las comunidades podrán invertir en ellos con facilidad y tomar el control de su propia salud y bienestar. Y quizá la ASEAN habrá establecido un sistema para compartir y replicar las mejores prácticas en los sistemas sanitarios, lo que permitirá difundir rápidamente por la región las innovaciones exitosas.
El progreso equitativo nunca ha sido tan pertinente. La ASEAN tiene un futuro prometedor por delante, pero quizá la verdadera medida de su éxito será hasta qué punto el crecimiento económico mejora la calidad de vida de todas las personas. Si los líderes de los sectores público y privado respaldan esta visión, la ASEAN puede transformar la vida de millones de personas y convertirse en un modelo para el resto del mundo.
Autor: Harjit Gill, director ejecutivo, ASEAN y Pacífico, Royal Philips
Imagen: Un médico examina a una novicia budista en un exterior de Yangón, Myanmar.


