Su construcción llevó casi 200 años y fue el edificio más alto de París durante más de 500 años. Pero, en cuestión de unas horas, el fuego arrasó la histórica catedral de Notre-Dame, que quedó necesitada de una reparación extensa y costosa.

Asegurar los fondos pronto pasó a ser la menor de las preocupaciones de todos: en los 10 días posteriores al incendio, las donaciones para reparar Notre-Dame alcanzaron los 835 millones de dólares, bastante más de lo que podría costar realmente la obra.
Pero el presidente francés, Emmanuel Macron, ha prometido devolver el esplendor de antaño al icono parisino —«más hermoso que antes»— en tan solo cinco años. Es un proyecto de gran envergadura que exigirá una enorme cantidad de trabajo innovador a gran velocidad y abreviar procesos que a los artesanos constructores originales les llevaron generaciones completar.
Nuevas herramientas para reconstruir el pasado
El tejado de madera de la catedral fue quizá la mayor víctima del incendio, que comenzó poco antes de las 19:00 del 16 de abril. Otra fue la aguja, añadida durante una renovación realizada a mediados o finales del siglo XIX bajo la dirección del arquitecto Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc.
Los puristas que observan los daños sufridos por Notre-Dame pueden pensar que las obras de reparación y restauración deberían rendir homenaje a los materiales y técnicas originales. Sin embargo, el Gobierno francés invita a los arquitectos a presentar planes para rediseñar la aguja.
El primer ministro Edouard Philippe dijo: «El concurso internacional resolverá la cuestión de si debemos construir una aguja nueva, reconstruir la aguja diseñada y construida por Viollet-Le-Duc de forma idéntica, o si debemos… dotar a la catedral de Notre-Dame de una nueva aguja adaptada a las técnicas y los desafíos de nuestra época».
Hay algo que, sin embargo, es seguro. Cualquier intento de restaurar Notre-Dame en tan poco tiempo tendrá que apoyarse en tecnologías como el escaneo láser y la impresión 3D. EDG, un estudio de arquitectura de Nueva York, utiliza técnicas de impresión 3D para restaurar estructuras ornamentadas y edificios antiguos. A partir de escaneos y moldes detallados, EDG genera moldes de plástico impresos en 3D de gran precisión, con alambres de refuerzo en su interior; estos se rellenan con una mezcla de hormigón para lograr una réplica exacta en una fracción del tiempo que requieren las técnicas de construcción tradicionales. Además, resulta mucho más barato.
Un salvavidas para la restauración
El escaneo de precisión consiste en proyectar con láser una serie de patrones sobre la superficie de un objeto. Estos patrones se supervisan y registran mediante un cabezal sensor 3D calibrado, compuesto por dos cámaras. Así se crea una imagen detallada y renderizada de la superficie escaneada. En Nueva York, esto ha permitido a EDG llevar a cabo restauraciones que han rescatado edificios destinados a la demolición debido a los elevados costes de reparación.
«Este proyecto comenzó con el sencillo objetivo de encontrar una manera de salvar y restaurar muchos de los tesoros arquitectónicos en deterioro de la ciudad de Nueva York y de todo el mundo. La belleza intrínseca y la rica historia de estas joyas se desvanecían a medida que el coste de repararlas se volvía cada vez más prohibitivo», afirma John Meyer, fundador de EDG.
El arquitecto francés Jean-Michel Wilmotte ha estado a cargo de proyectos de restauración y construcción nueva de gran relevancia en París, y defiende el uso de técnicas y tecnologías modernas. Además, considera que sustituir sin más la aguja diseñada por Viollet-Le-Duc por una réplica idéntica sería un pastiche grotesco. Para él, el desafío consiste en utilizar las herramientas disponibles en el siglo XXI para recrear la talla y la importancia de Notre-Dame, sin obsesionarse con una reproducción fiel.
«[En lugar de madera o plomo] preferiría proponer sistemas más ligeros e industrializados», afirma. Sugirió sustituir el tejado original de plomo por uno de titanio, «que pesa tres veces menos que el plomo y… tiene un aspecto similar».
La audaz visión de Macron de completar el proyecto de Notre-Dame en cinco años podría resultar demasiado ambiciosa. Sin embargo, el objetivo de reabrir este emblemático monumento el mismo año en que París acoge los Juegos Olímpicos podría aportar el impulso adicional necesario. Pero las probabilidades de éxito quizá dependan más de la disponibilidad de tecnología de vanguardia y de la voluntad de utilizarla para reconstruir un tesoro nacional de 850 años.



