Más que nunca, el mundo tiene una visión bifurcada sobre cómo abordar esta cuestión. En los antiguos mercados emergentes, hoy llamados «mercados en crecimiento», el desarrollo financiero se considera una herramienta fundamental para seguir impulsando la evolución interna de los mercados financieros y un mecanismo eficaz para seguir distribuyendo la riqueza. En las economías desarrolladas, lo evidente es que la respuesta se centra de inmediato en cuándo y cómo la intervención estatal dejará de ser la única herramienta disponible para fomentar el crecimiento económico.
Los mercados en crecimiento pueden seguir potenciando el desarrollo financiero en todo el mundo. Desde finales de los años cuarenta, el modelo de referencia para generar crecimiento se basó en una simple transferencia de conocimiento. Las economías desarrolladas transferían tecnología a las economías emergentes para aprovechar las materias primas disponibles y fabricar productos que se venderían en todo el mundo. Esta fórmula funcionó para los mercados desarrollados, al generar recursos económicos que impulsaron la creación de industrias y de instituciones financieras sólidas. Hoy, los mercados en crecimiento están desarrollando una clase media con solidez financiera para generar consumo interno y reducir la dependencia de las exportaciones.
En América Latina, los ciclos económicos volátiles de los años ochenta y noventa propiciaron la creación de políticas financieras conservadoras y una supervisión estricta de los sistemas bancarios. Esta combinación positiva ha creado una situación singular: los bancos de los mercados en crecimiento son hoy los más capitalizados del mundo y pueden conceder crédito. La experiencia acumulada sobre cuándo y cómo comienzan y terminan los ciclos crediticios ha permitido a los gobiernos y bancos latinoamericanos anticiparse a situaciones de estrés y crear nuevas herramientas financieras. En Chile, el Gobierno utilizó los excedentes de la venta de cobre para crear un «fondo para días lluviosos». En Brasil y México, los bancos utilizan su «visión de halcón» para generar reservas y limitar los préstamos en sectores con problemas meses antes de que surjan las dificultades. Esta innovación recién acuñada debería seguir contribuyendo a mantener la intervención estatal en un mínimo.
Los mercados desarrollados necesitarán un nuevo modelo. La situación sin resolver en Europa y el creciente déficit en Estados Unidos han dejado una perspectiva poco clara sobre cómo se reanudará el crecimiento económico. El sector financiero estadounidense ha adoptado un enfoque progresivo y se ha centrado en aumentar la base de capital de los bancos. Teóricamente, esta capitalización debería permitir que los bancos vuelvan a conceder crédito y, finalmente, asumir una parte justa de la deuda que hoy posee el Gobierno estadounidense. La cuestión clave es cómo generar consumo, que hasta ahora se ha impulsado mediante la flexibilización monetaria. Dos preguntas que siguen sin resolverse son cómo dar influencia financiera a la clase media en Estados Unidos y cómo creará Europa un nuevo modelo exportador basado en su vasta tecnología.
Es hora de innovar. Los mercados desarrollados deben realizar un profundo análisis interno y probablemente tomar como ejemplo los enfoques de los mercados en crecimiento. La innovación y la experiencia de los países latinoamericanos, por ejemplo, podrían resultar útiles para el resto del mundo.
Autor: Alfredo Capote fue nombrado Joven Líder Mundial por el Foro Económico Mundial en 2010.
Crédito de la foto: Reuters Pictures



