Jean Tirole, premio Nobel y profesor de la Escuela de Economía de Toulouse, junto con la presidenta del ERC, Maria Leptin, explica por qué Europa debe tomar medidas urgentes para subsanar la importante brecha de crecimiento económico con Estados Unidos y China.
La investigación y la innovación se han identificado como áreas clave para reactivar el crecimiento sostenible e impulsar la productividad.
Los líderes europeos deben adoptar estrategias que prioricen la I+D disruptiva y creen las condiciones para que los innovadores prosperen.
La economía europea requiere medidas urgentes para hacer frente a la creciente brecha con Estados Unidos y China en términos de crecimiento económico. Por primera vez desde la Guerra Fría, Europa «debe temer genuinamente por su autopreservación», según el expresidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. Con esta advertencia en su reciente informe El futuro de la competitividad europea, pidió una respuesta unificada, de lo contrario Europa se enfrentaría a una «lenta agonía». Tras el relevo en el poder en Estados Unidos, advirtió posteriormente que el «sentido de urgencia» es aún mayor.
Draghi destacó tres áreas clave de actuación para reactivar el crecimiento sostenible. La primera, y en su opinión la más importante, es reducir la persistente disparidad en innovación entre Europa y sus competidores.
La I+D y la innovación son los principales motores del crecimiento en las economías avanzadas. Un punto de partida para que Europa revierta la tendencia a quedarse atrás frente a Estados Unidos y otros países sería reconocer esto. La UE invierte menos en I+D que sus competidores. Esto se debe principalmente a la baja inversión del sector privado, que asciende al 1,3 % del PIB, frente al 2,4 % en Estados Unidos y al 1,9 % en China.
Una razón clave de la brecha en la I+D empresarial es el enfoque de Europa en industrias de tecnología media, caracterizadas por una intensidad moderada de I+D, en contraste con el giro de Estados Unidos hacia sectores de alta tecnología. La UE está atrapada en una «trampa de la tecnología media», no solo en términos de inversión en innovación, sino también de resultados de innovación, con menos patentes en ámbitos clave como las TIC, la farmacéutica, la biotecnología y la electrónica. La UE domina en patentes de tecnología automovilística, lo que refleja una especialización de larga data que dificulta el progreso en campos de vanguardia. Superar esta situación requiere la intervención pública para fomentar la investigación disruptiva e impulsar las industrias de vanguardia.
¿Cómo puede Europa fomentar la investigación y la innovación disruptivas?
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó que la nueva Comisión situaría la investigación y la innovación en el centro de la economía de la UE. Para cerrar eficazmente la brecha con Estados Unidos, las políticas de innovación de la UE deben apoyar a las industrias con alto potencial transformador y a la aparición de nuevos sectores, y reconocer el papel crucial de las startups, en lugar de centrarse en mejoras incrementales de tecnologías maduras. Esto también implica reforzar la competitividad de la ciencia europea mediante una mayor inversión en investigación de frontera impulsada por la curiosidad, que permita avances. Estos impulsan nuestras economías y mejoran la vida de las personas en todo el mundo.
Desde su puesta en marcha en 2007, el Consejo Europeo de Investigación (ERC) se ha convertido en la fuerza más sólida para la competitividad de la ciencia europea dentro del programa Horizonte Europa de la UE. El ERC es conocido por respaldar la excelencia científica gracias a su riguroso proceso de evaluación imparcial, a su gobernanza autónoma en manos de científicos y académicos de primer nivel, y a su reticencia a repartir dinero entre muchos beneficiarios y a obligar a formar consorcios en lugar de acompañar a investigadores prometedores.
Además de obtener el reconocimiento de la comunidad científica, el ERC también ha demostrado que la investigación que financia ayuda a Europa a liberarse de la trampa de la tecnología media. Más del 40 % de la investigación financiada por el ERC fue posteriormente citada en patentes. Casi el 70 % de estas citas figuran en patentes que abarcan campos en la frontera entre ciencia y tecnología, como la biotecnología, la farmacéutica, las TIC, la química fina orgánica y los semiconductores. Muchas empresas, creadas con la participación de científicos financiados por el ERC o basadas en sus resultados, han recibido financiación de la UE a través del Consejo Europeo de Innovación (EIC). Estas startups, de dos a seis años de antigüedad, operan en sectores intensivos en tecnología, como la computación cuántica o la biotecnología. En el contexto de la dependencia de la trayectoria tecnológica del sistema de innovación de la UE, estas nuevas empresas podrían impulsar el avance de las industrias de alta tecnología.
Estos ejemplos podrían llevar a la conclusión de que la ciencia europea es buena generando grandes ideas y apoyando a startups innovadoras, y que Europa solo necesita reforzar su capacidad para traducir los resultados de la investigación en comercialización y en empresas con capacidad de escalar.
Pero la investigación financiada por el ERC representa solo una pequeña fracción de la investigación en Europa. Además, todavía son pocas las universidades europeas que figuran entre las principales universidades de investigación del mundo. La UE también se rezaga en el número de publicaciones científicas de alto impacto. Incluso el ERC no está aprovechando todo su potencial, porque no puede respaldar a muchos investigadores de máxima calificación, únicamente debido a sus restricciones presupuestarias.
Esta percepción generalizada de que Europa es buena en ciencia, pero carece de capacidad para transformar los avances científicos en innovaciones comercializables, ha llevado a los responsables políticos europeos a centrarse en apoyar medidas de valorización, principalmente en tecnologías e industrias existentes, y a descuidar la innovación disruptiva. En términos más generales, la creación de un entorno dinámico que impulse la productividad y garantice el crecimiento y la prosperidad se ve obstaculizada por varios factores. Entre ellos se incluyen un sistema de innovación fragmentado, mercados de consumo y laborales fragmentados, regulaciones del mercado laboral poco adecuadas para un entorno de startups, regulaciones de los mercados financieros que favorecen los instrumentos de deuda, relativamente pocas universidades de categoría mundial, un sistema industrial obsoleto, una baja intensidad de I+D o dificultades para escalar las startups.
Los líderes europeos deben crear las condiciones para que los innovadores prosperen
Situar la investigación y la innovación en el centro de la economía de la UE, con una perspectiva a largo plazo, es imprescindible para contribuir a alcanzar los avances de mañana e impulsar el crecimiento. Pero, incluso si Europa invirtiera significativamente más en investigación fundamental, generara innovación disruptiva y reforzara la capacidad de traducir los resultados de la investigación en comercialización, no bastaría para revertir el declive de nuestra economía. Los problemas de Europa van mucho más allá, como demuestra claramente el análisis de Draghi.
Cerrar la brecha de productividad con Estados Unidos y China solo puede lograrse si los líderes europeos también reorientan los esfuerzos colectivos. Deben adoptar estrategias que prioricen la I+D disruptiva, sustituir la regulación que frena el crecimiento por una regulación inteligente, reformar la gobernanza de la UE, agilizar la toma de decisiones, reducir la burocracia y crear las condiciones para que los innovadores prosperen y la economía europea florezca.



