Algunos comentaristas en Gran Bretaña y en EE. UU. creen que los alemanes están destruyendo el euro. Los alemanes creen que lo están salvando. ¿Cómo puede ser?
Normalmente vivo en Londres, pero acabo de pasar la mayor parte de un año en Alemania. Comprobé que la brecha entre la forma en que los alemanes ven la crisis del euro y la forma en que la ven los políticos y analistas de la esfera anglosajona es enorme, y eso me preocupa. Dificulta encontrar soluciones constructivas y altera los mercados financieros.
Una de las razones por las que los alemanes ven la crisis de forma tan distinta es que, sencillamente, les va muy bien. Desde el inicio de la crisis del euro en 2010, la economía alemana ha crecido más de un 7 %, mientras que gran parte del resto de Europa se ha estancado o se ha visto atrapada en la recesión. El desempleo en Alemania se encuentra en mínimos históricos; en países como España, uno de cada cuatro trabajadores busca empleo. No es de extrañar que casi tres cuartas partes de los alemanes dijeran en la Encuesta Pew de Actitudes Globales, a principios de este año, que eran optimistas sobre su economía nacional. Solo el 6 % de los franceses y españoles compartía ese optimismo.
Ante este brote de optimismo poco germánico, puede resultar difícil para los políticos berlineses transmitir el sentido de urgencia necesario para impulsar medidas radicales como los eurobonos.
Además, los alemanes no tienen claro cuánto les cuesta la crisis. Los medios de comunicación a menudo no distinguen entre costes reales, pérdidas potenciales y riesgos. En la mente de muchos alemanes, todo ello suma una factura enorme que ya supera la capacidad de pago del país. La mayoría de los alemanes piensa, con razón, que Angela Merkel y su Gobierno están haciendo un pésimo trabajo al explicar la crisis.
Dado que ni Estados Unidos ni el Reino Unido forman parte del euro, normalmente no se les invita a la mesa cuando se debaten soluciones a la crisis. Con su insistencia, a veces estridente, en “¡eurobonos ya!”, algunos comentaristas han empezado a irritar a los alemanes. Como me dijo el año pasado uno de los asesores de Angela Merkel: “Sencillamente, ya no leo el FT”. Es una lástima, porque las ideas útiles pueden no llegar a captar la atención en Berlín y Bruselas. Por eso son tan importantes las reuniones informales de responsables políticos y formadores de opinión, como la que el Foro celebrará en Roma la próxima semana. Debemos cerrar la brecha de percepción.
Autora: Katinka Barysch es experta en economía europea, Rusia, Turquía, Europa del Este y cuestiones de seguridad energética. Es directora adjunta del Centre for European Reform (CER) en el Reino Unido. En 2011, el Foro Económico Mundial la nombró Joven Líder Global.
Las opiniones expresadas aquí son las de la autora y no necesariamente las del Foro Económico Mundial.
Imagen: Operadores trabajando frente al panel del DAX en la Bolsa de Fráncfort. REUTERS/Alex Domanski


