El Fondo Monetario Internacional, que en los últimos años había calificado el crecimiento global de «nueva mediocridad», revisó recientemente al alza sus Perspectivas de la economía mundial. Pero ¿acierta el FMI al pensar que el reciente repunte del crecimiento continuará durante los próximos años, o está a punto de quedar frenado por nuevos riesgos de cola un repunte cíclico temporal?
Nueva York – En los últimos años, la economía mundial ha alternado entre períodos de aceleración (cuando el crecimiento es positivo y se fortalece) y períodos de desaceleración (cuando el crecimiento es positivo, pero se debilita). Tras más de un año de aceleración, ¿se encamina el mundo hacia otra desaceleración o persistirá la recuperación?
El actual repunte del crecimiento y de los mercados de renta variable se mantiene con fuerza desde el verano de 2016. Pese a un breve tropiezo tras la votación del Brexit, la aceleración resistió no solo la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, sino también la creciente incertidumbre política y el caos geopolítico que ha generado. En respuesta a esta aparente resiliencia, el Fondo Monetario Internacional, que en los últimos años había calificado el crecimiento global de «nueva mediocridad», revisó recientemente al alza sus Perspectivas de la economía mundial.
¿Continuará el reciente repunte del crecimiento durante los próximos años? ¿O está viviendo el mundo un repunte cíclico temporal que pronto quedará frenado por nuevos riesgos de cola, como los que han provocado otras desaceleraciones en los últimos años? Basta recordar el verano de 2015 y principios de 2016, cuando los temores de los inversores a un aterrizaje brusco de China, a una salida excesivamente rápida de la Reserva Federal de Estados Unidos de sus tipos de interés oficiales cercanos a cero, al estancamiento del crecimiento del PIB estadounidense y a los bajos precios del petróleo conspiraron para socavar el crecimiento.
Cabe imaginar tres escenarios posibles para la economía mundial en los próximos tres años, más o menos. En el escenario optimista, las cuatro mayores economías del mundo, de importancia sistémica —China, la eurozona, Japón y Estados Unidos—, llevan a cabo reformas estructurales que impulsan el crecimiento potencial y abordan las vulnerabilidades financieras. Al garantizar que el repunte cíclico vaya acompañado de un crecimiento potencial y efectivo más sólido, esas iniciativas generarían un crecimiento robusto del PIB, una inflación baja pero moderadamente creciente y una estabilidad financiera relativa durante muchos años más. Los mercados bursátiles de Estados Unidos y del mundo alcanzarían nuevas cotas, respaldados por fundamentos más sólidos.
En el escenario pesimista ocurre lo contrario: las principales economías del mundo no logran aplicar reformas estructurales que impulsen el crecimiento potencial. En lugar de aprovechar el Congreso Nacional del Partido Comunista de este mes como catalizador de reformas, China aplaza las decisiones y sigue por la senda del apalancamiento excesivo y el exceso de capacidad. La eurozona no logra una mayor integración, mientras que las restricciones políticas limitan la capacidad de los responsables nacionales de formular políticas para aplicar reformas estructurales que impulsen el crecimiento. Y Japón sigue atrapado en su trayectoria de bajo crecimiento, mientras se desvanecen las reformas por el lado de la oferta y la liberalización comercial —la tercera «flecha» de la estrategia económica del primer ministro Shinzo Abe—.2
En cuanto a Estados Unidos, en este escenario la administración Trump sigue aplicando un enfoque político —que incluye una rebaja fiscal que favorece abrumadoramente a los ricos, el proteccionismo comercial y las restricciones migratorias— que bien podría reducir el crecimiento potencial. Un estímulo fiscal excesivo provoca déficits y deuda desbocados, lo que eleva los tipos de interés y fortalece el dólar, debilitando aún más el crecimiento. El impulsivo Trump incluso podría acabar en un conflicto militar con Corea del Norte y, más adelante, con Irán, lo que mermaría aún más las perspectivas económicas de Estados Unidos.
En este escenario, la falta de reformas en las principales economías dejará el repunte cíclico limitado por un bajo crecimiento tendencial. Si el crecimiento potencial sigue siendo bajo, unas políticas monetarias y crediticias laxas podrían acabar provocando inflación de los bienes o de los activos, lo que terminaría causando una desaceleración económica —y quizá una recesión en toda regla y una crisis financiera— cuando estallen las burbujas de activos o aumente la inflación.
El tercer escenario —y, a mi juicio, el más probable— se sitúa en algún punto entre los dos primeros. El repunte cíclico, tanto del crecimiento como de los mercados de renta variable, continúa durante un tiempo, impulsado por los vientos de cola que persisten. Sin embargo, aunque las principales economías acometen algunas reformas estructurales para mejorar el crecimiento potencial, el ritmo del cambio es mucho más lento y su alcance más modesto de lo necesario para maximizar ese potencial.
En China, este escenario de salir del paso significa hacer lo justo para evitar un aterrizaje brusco, pero no lo suficiente para lograr uno verdaderamente suave; al dejar sin resolver las vulnerabilidades financieras, las dificultades se vuelven prácticamente inevitables con el tiempo. En la eurozona, este escenario supondría apenas avances nominales hacia una mayor integración, y el rechazo persistente de Alemania a una verdadera mutualización de riesgos o a una unión fiscal debilitaría los incentivos de los países miembros en dificultades para emprender reformas difíciles. En Japón, un gobierno de Abe cada vez más ineficaz aplicaría reformas mínimas, y el crecimiento potencial quedaría estancado por debajo del 1%.
En Estados Unidos, la presidencia de Trump seguiría siendo volátil e ineficaz, mientras cada vez más estadounidenses se dan cuenta de que, pese a su pose populista, Trump no es más que un plutócrata que protege los intereses de los ricos. Aumenta la desigualdad; la clase media se estanca; los salarios apenas crecen; y el consumo y el crecimiento siguen siendo anémicos, apenas cerca del 2%.
Pero los riesgos de salir del paso van mucho más allá de un desempeño económico mediocre. Este escenario no representa un equilibrio estable, sino un desequilibrio inestable, vulnerable a perturbaciones económicas, financieras y geopolíticas. Cuando finalmente surjan esas perturbaciones, la economía se verá abocada a una desaceleración o, si la perturbación es suficientemente grande, incluso a una recesión y una crisis financiera.
En otras palabras, si el mundo simplemente va saliendo del paso, como parece probable, podría enfrentarse en tres o cuatro años a unas perspectivas más pesimistas. La lección es clara: o los líderes políticos y los responsables de formular políticas demuestran el liderazgo necesario para asegurar mejores perspectivas a medio plazo, o los riesgos a la baja se materializarán pronto y causarán graves daños a la economía mundial.



