Estas monjas practican kung-fu para ayudar a mujeres y niñas a creer en sí mismas

Buddhist nuns help a participant learn Kung Fu, a form of martial art, during a five-day workshop in Hemis region in Ladakh, India, August 17, 2017. REUTERS/Nita Bhalla TPX IMAGES OF THE DAY - RC16F7113780
Gyalwang Drukpa is the head of the Drukpa lineage of Buddhism and a leader who has changed the position of women.Image: REUTERS/Nita Bhalla
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Nueva York – Cuando Jigme Rigzin tenía 19 años, preguntó a sus padres si podía hacerse monja. Dijeron que no. «Para las monjas de los monasterios [que conocen], solo hay trabajo en la cocina y lavar platos y ropa», dijo durante un reciente viaje a Nueva York.

«Así que no me dejaron. Pero los obligué. Y más tarde, cuando Su Santidad fue a preguntarles a mis padres si podía hacerme monja, mi madre lo permitió».

Rigzin es ahora una de las 700 monjas del linaje Drukpa que estudian bajo la guía del Gyalwang Drukpa, cabeza del linaje Drukpa del budismo y líder que ha cambiado radicalmente la posición de las mujeres en su orden.

«La vida tradicional de las monjas tiene aspectos positivos y negativos», dijo a News Deeply.

«Meditar, recitar, entonar cánticos y rezar: ese es el estilo de vida positivo que tienen», dijo.

«Y lo negativo es lavar la ropa y los platos y servir a los monjes. Los monjes siempre están por encima. No me gusta la idea de que ellas queden atrapadas en ese estilo de vida».

Al romper con una prohibición del ejercicio que duraba siglos, animó a las monjas a conocer el mundo, entrenarse como atletas y convertirse en líderes humanitarias. Viajaban en bicicleta de una aldea a otra para defender el empoderamiento de las mujeres y la protección del medioambiente.

En agosto, las monjas organizaron en Ladakh un taller de defensa personal, el primero de su tipo, para mujeres y niñas del Himalaya. Ladakh se encuentra en Jammu y Cachemira, una región fronteriza donde las mujeres se ven afectadas de manera desproporcionada por la violencia, la violación y la trata de personas. Durante el taller, las monjas compartieron sus propias experiencias de superación del miedo y enseñaron técnicas prácticas de autoprotección.

Image: News Deeply

Women & Girls conversó con Jigme Rinzin, ahora de 30 años, y Tenzin Lhamo, de 41, para conocer sus experiencias de trabajo con niñas en una región muy conservadora.

Women & Girls: Trabajan en varios temas, desde la educación hasta la protección del medioambiente y el empoderamiento de las mujeres. ¿Cuál les toca más de cerca?

Jigme Rigzin: Quiero hacerlo todo. [Hace poco] limpiamos [una cuenca] en Katmandú que llevaba años sin limpiarse. La gente tira la comida en bolsas de plástico y esta se queda allí durante años. Huele mal, la gente se enferma, las vacas y los perros se comen el plástico y mueren. Así que hace tres meses iniciamos una misión para limpiar la zona.

Tenzin Lhamo: Lo que más me importa es salvar a las niñas. En Bihar, por ejemplo, hay muchas niñas que no trabajan fuera de casa. [Cuando fuimos], les decíamos: «Salgan, hablen con nosotras», pero ellas solo nos miraban desde la puerta. Íbamos a comprar verduras y nos sorprendía mucho que, en un país tan grande, ni siquiera viéramos a una sola niña. No pueden hablar. No pueden mostrar la cara. Incluso en Ladakh era así por la cultura.

Jigme Rigzin: El mayor problema es que no se permite a las niñas salir de casa y hablar con la gente.

Women & Girls: ¿Cómo esperan poder cambiar esta realidad?

Jigme Rigzin: Al ver nuestro ejemplo, las niñas cobrarán fuerza. Intentamos hacer lo que pueden hacer los niños, como montar en bicicleta. Salimos en bicicleta con 500 mujeres a la vez. Si hay un problema de tráfico, no pedimos ayuda. Lo resolvemos nosotras mismas.

Tenzin Lhamo: Hacemos todo el trabajo nosotras mismas. No importa lo difícil que sea. Entonces la gente nos ve y dice: «Ni siquiera los niños hacen este trabajo, y [estas mujeres] sí pueden». Así que podemos decirles: «Hacemos todo esto, así que ¿por qué no puede hacerlo también su hija? Porque nunca le dieron la oportunidad. Nuestro gurú nos dio una oportunidad. Si se la dan a ella, podrá hacer incluso más que su hijo». El noventa por ciento de las veces, los padres están de acuerdo con nosotras. Dicen: «Nunca lo habíamos pensado así».

«Hacemos todo esto, así que ¿por qué no puede hacerlo también su hija? Porque nunca le dieron la oportunidad».

Women & Girls: ¿Han observado algún cambio?

Tenzin Lhamo: Sí, muchos. En Ladakh, unos funcionarios nos prometieron que, como montamos tanto en bicicleta, ellos también empezarían. Prometieron ir en bicicleta o caminar una vez por semana, y lo han hecho durante los últimos dos meses. Además, en Ladakh hubo una maratón y ganaron las niñas. Incluso juegan al hockey sobre hielo. No sucederá todo de golpe, sino poco a poco.

Women & Girls: ¿Han presenciado casos de trata durante sus viajes? ¿Qué se puede hacer para combatirla?

Tenzin Lhamo: La hemos visto en la frontera cuando íbamos en bicicleta. Como una madre no tiene dinero, oímos que venden a niñas por 25.000 rupias (385 dólares). En mi opinión, si [seguimos] dando ejemplo y demostrando que podemos hacer algo, mucha gente entenderá que las niñas pueden hacer trabajos difíciles.

De lo contrario, piensan: «Esta niña no puede hacer nada y, cuando crezca, se irá a la casa de otra persona; así que no sirve para nada». Si damos ejemplo y demostramos que podemos hacer algo, todo el mundo querrá a sus hijas y las apoyará. Lo más difícil es que las niñas tienen miedo de los niños.

Jigme Rigzin: Por eso aprendemos kung-fu. Es defensa personal. Así que enseñamos kung-fu a las niñas.

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