Me complace venir a la hermosa Davos. Aunque es solo una pequeña localidad de los Alpes, Davos es una ventana importante para tomar el pulso a la economía mundial. Personas de todo el mundo vienen aquí para intercambiar ideas y perspectivas que amplían sus horizontes. Esto convierte la reunión anual del WEF en un encuentro de intercambio de ideas rentable, que yo llamaría «economía Schwab».
«Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos». Estas son las palabras que el escritor inglés Charles Dickens utilizó para describir el mundo tras la Revolución Industrial. Hoy también vivimos en un mundo de contradicciones. Por un lado, con el aumento de la riqueza material y los avances de la ciencia y la tecnología, la civilización humana ha progresado como nunca antes. Por otro, los frecuentes conflictos regionales, los desafíos mundiales como el terrorismo y los refugiados, así como la pobreza, el desempleo y la creciente brecha de ingresos han aumentado la incertidumbre en el mundo.
Muchas personas están desconcertadas y se preguntan: ¿Qué ha salido mal en el mundo?
Para responder a esta pregunta, primero hay que rastrear el origen del problema. Algunos culpan a la globalización económica del caos en el mundo. Antes se veía la globalización económica como la cueva del tesoro que encontró Alí Babá en Las mil y una noches, pero ahora muchos la consideran la caja de Pandora. La comunidad internacional se encuentra inmersa en un acalorado debate sobre la globalización económica.
Hoy quisiera hablar de la economía mundial en el contexto de la globalización económica.
Lo que quiero señalar es que muchos de los problemas que aquejan al mundo no son consecuencia de la globalización económica. Por ejemplo, en los últimos años las oleadas de refugiados procedentes de Oriente Medio y el norte de África se han convertido en una preocupación mundial. Varios millones de personas han sido desplazadas, y algunos niños pequeños perdieron la vida al cruzar el mar embravecido. Es verdaderamente desgarrador. Este problema lo han provocado la guerra, los conflictos y la inestabilidad regional, y su solución reside en hacer la paz, promover la reconciliación y restablecer la estabilidad. La crisis financiera internacional es otro ejemplo. No es un resultado inevitable de la globalización económica; más bien, es consecuencia de la búsqueda excesiva de ganancias por parte del capital financiero y del grave fracaso de la regulación financiera. Culpar sin más a la globalización económica de los problemas del mundo no se ajusta a la realidad y no contribuirá a resolverlos.
Desde una perspectiva histórica, la globalización económica fue resultado del aumento de la productividad social y es una consecuencia natural del progreso científico y tecnológico, no algo creado por personas o países. La globalización económica ha impulsado el crecimiento mundial y facilitado el movimiento de bienes y capitales, los avances de la ciencia, la tecnología y la civilización, y las interacciones entre los pueblos.
Pero también debemos reconocer que la globalización económica es un arma de doble filo. Cuando la economía mundial está sometida a presiones bajistas, resulta difícil hacer crecer el pastel de la economía mundial. Incluso puede reducirse, lo que tensará las relaciones entre crecimiento y distribución, entre capital y trabajo, y entre eficiencia y equidad. Tanto los países desarrollados como los países en desarrollo han sentido el impacto. Las voces contrarias a la globalización han dejado al descubierto escollos en el proceso de globalización económica que debemos tomar en serio.
Como dice un verso de un antiguo poema chino: «Los melones dulces cuelgan de vides amargas; los dátiles dulces crecen entre cardos y espinas». En términos filosóficos, nada es perfecto en el mundo. No se ve el cuadro completo si se afirma que algo es perfecto por sus méritos o se considera inútil algo solo por sus defectos. Es cierto que la globalización económica ha creado nuevos problemas, pero eso no justifica descartarla por completo. Más bien, debemos adaptarnos a ella y orientarla, amortiguar sus efectos negativos y hacer llegar sus beneficios a todos los países y pueblos.
Hubo un tiempo en que China también albergaba dudas sobre la globalización económica y no estaba segura de si debía incorporarse a la Organización Mundial del Comercio. Pero llegamos a la conclusión de que la integración en la economía mundial es una tendencia histórica. Para hacer crecer su economía, China debe tener el valor de nadar en el vasto océano del mercado mundial. Si uno siempre teme afrontar la tormenta y explorar el nuevo mundo, tarde o temprano se ahogará en el océano. Por eso, China dio un valiente paso para abrazar el mercado mundial. Nos hemos atragantado en el agua y nos hemos encontrado con remolinos y olas agitadas, pero en ese proceso hemos aprendido a nadar. Ha demostrado ser una decisión estratégica acertada.
Nos guste o no, la economía mundial es el vasto océano del que no se puede escapar. Cualquier intento de cortar el flujo de capitales, tecnologías, productos, industrias y personas entre las economías y de canalizar las aguas del océano de vuelta a lagos y arroyos aislados es sencillamente imposible. De hecho, va en contra de la tendencia histórica.

La historia de la humanidad nos enseña que no hay que temer a los problemas. Lo que debe preocuparnos es negarnos a afrontarlos y no saber qué hacer al respecto. Ante las oportunidades y los desafíos de la globalización económica, lo correcto es aprovechar todas las oportunidades, afrontar juntos los desafíos y trazar el rumbo adecuado para la globalización económica.
En la Reunión de Líderes Económicos de la APEC de finales de 2016, hablé de la necesidad de revitalizar, hacer más inclusivo y volver más sostenible el proceso de globalización económica. Debemos actuar de manera proactiva y gestionar adecuadamente la globalización económica para liberar sus efectos positivos y reequilibrar el proceso. Debemos seguir la tendencia general, partir de las condiciones nacionales de cada país y emprender el camino adecuado, al ritmo apropiado, para integrarnos en la globalización económica. Debemos equilibrar la eficiencia y la equidad para garantizar que distintos países, estratos sociales y grupos de personas compartan los beneficios de la globalización económica. Los pueblos de todos los países esperan eso de nosotros, y es una responsabilidad ineludible para quienes lideramos en nuestra época.
Señoras y señores:
Queridos amigos:
En este momento, nuestra tarea más apremiante es sacar a la economía mundial de sus dificultades. La economía mundial lleva bastante tiempo estancada. La brecha entre ricos y pobres, y entre el Sur y el Norte, se está ampliando. La causa fundamental es que los tres problemas cruciales del ámbito económico no se han abordado eficazmente.
En primer lugar, la falta de motores sólidos para el crecimiento mundial dificulta mantener un crecimiento estable de la economía mundial. El crecimiento de la economía mundial se encuentra ahora en su ritmo más lento de los últimos siete años. El crecimiento del comercio mundial ha sido inferior al del PIB mundial. Los estímulos de política económica a corto plazo son ineficaces. La reforma estructural fundamental apenas está comenzando. La economía mundial atraviesa ahora un periodo de transición hacia nuevos motores de crecimiento, y se ha debilitado el papel de los motores tradicionales. Pese a la aparición de nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial y la impresión 3D, aún no han surgido nuevas fuentes de crecimiento. Sigue siendo difícil encontrar una nueva senda para la economía mundial.
En segundo lugar, la insuficiencia de la gobernanza económica mundial dificulta la adaptación a los nuevos cambios de la economía mundial. Madame Christine Lagarde me dijo hace poco que los mercados emergentes y los países en desarrollo ya aportan el 80 por ciento del crecimiento de la economía mundial. El panorama económico mundial ha cambiado profundamente en las últimas décadas. Sin embargo, el sistema de gobernanza mundial no ha incorporado esos nuevos cambios y, por tanto, es insuficiente en cuanto a representación e inclusión. El panorama industrial mundial está cambiando y se están configurando nuevas cadenas industriales, de valor y de suministro. Sin embargo, las normas de comercio e inversión no han seguido el ritmo de esos cambios, lo que ha dado lugar a problemas graves, como mecanismos cerrados y fragmentación de las normas. El mercado financiero mundial necesita ser más resiliente ante los riesgos, pero el mecanismo de gobernanza financiera mundial no satisface las nuevas exigencias y, por ello, no puede resolver eficazmente problemas como la frecuente volatilidad de los mercados financieros internacionales y la acumulación de burbujas de activos.
En tercer lugar, el desarrollo desigual del mundo dificulta satisfacer las expectativas de la gente de vivir mejor. El Dr. Schwab señaló en su libro La cuarta revolución industrial que esta nueva revolución industrial tendrá efectos amplios y de gran alcance, como el aumento de la desigualdad, en particular la posible ampliación de la brecha entre el rendimiento del capital y el rendimiento del trabajo. El uno por ciento más rico de la población mundial posee más riqueza que el 99 por ciento restante. Son preocupantes la desigualdad en la distribución de los ingresos y el desarrollo desigual de las distintas regiones. Más de 700 millones de personas en el mundo siguen viviendo en la pobreza extrema. Para muchas familias, tener una vivienda cálida, suficiente comida y empleos seguros sigue siendo un sueño lejano. Este es el mayor desafío al que se enfrenta hoy el mundo. También es la causa de la agitación social en algunos países.
Todo esto demuestra que hay problemas reales en los modelos mundiales de crecimiento económico, gobernanza y desarrollo, y que hay que resolverlos. El fundador de la Cruz Roja, Henry Dunant, dijo una vez: «Nuestro verdadero enemigo no es el país vecino; es el hambre, la pobreza, la ignorancia, la superstición y el prejuicio». Debemos tener la visión necesaria para analizar estos problemas; y, más aún, el valor para tomar medidas que los aborden.
En primer lugar, debemos desarrollar un modelo de crecimiento dinámico impulsado por la innovación. El problema fundamental que aqueja a la economía mundial es la falta de motores de crecimiento. La innovación es la principal fuerza que guía el desarrollo. A diferencia de las revoluciones industriales anteriores, la cuarta revolución industrial avanza a un ritmo exponencial, no lineal. Debemos perseguir la innovación sin descanso. Solo con el valor de innovar y reformar podremos eliminar los cuellos de botella que obstaculizan el crecimiento y el desarrollo mundiales.
Con este objetivo, los líderes del G-20 alcanzaron un importante consenso en la Cumbre de Hangzhou: tomar la innovación como motor clave y crear nuevas fuerzas de crecimiento tanto para cada país como para la economía mundial. Debemos desarrollar una nueva filosofía de desarrollo y superar el debate sobre si hacen falta más estímulos fiscales o una mayor flexibilización monetaria. Debemos adoptar un enfoque múltiple para abordar tanto los síntomas como los problemas de fondo. Debemos utilizar nuevos instrumentos de política y promover la reforma estructural para crear más margen para el crecimiento y sostener su impulso. Debemos desarrollar nuevos modelos de crecimiento y aprovechar las oportunidades que ofrecen la nueva ola de revolución industrial y la economía digital. Debemos afrontar los desafíos del cambio climático y el envejecimiento de la población. Debemos abordar el impacto negativo de las tecnologías de la información y la automatización en el empleo. Al impulsar nuevas industrias y nuevas formas de negocio, debemos crear nuevos empleos y devolver la confianza y la esperanza a nuestros pueblos.
En segundo lugar, debemos adoptar un enfoque bien coordinado e interconectado para desarrollar un modelo de cooperación abierta y beneficiosa para todos. Hoy, la humanidad se ha convertido en una comunidad estrechamente unida con un futuro compartido. Los países tienen numerosos intereses convergentes y dependen unos de otros. Todos los países tienen derecho al desarrollo. Al mismo tiempo, deben considerar sus propios intereses en un contexto más amplio y abstenerse de perseguirlos a expensas de los demás.
Debemos comprometernos a hacer crecer una economía mundial abierta para compartir oportunidades e intereses mediante la apertura y lograr resultados beneficiosos para todos. No debemos retirarnos al puerto cuando se desata una tormenta, pues así nunca llegaremos a la otra orilla del océano. Debemos redoblar los esfuerzos para desarrollar la conectividad mundial, de modo que todos los países puedan lograr un crecimiento interconectado y compartir la prosperidad. Debemos mantener nuestro compromiso con el desarrollo del libre comercio y la inversión a escala mundial, promover la liberalización y la facilitación del comercio y la inversión mediante la apertura, y decir no al proteccionismo. Practicar el proteccionismo es como encerrarse en una habitación oscura. Aunque el viento y la lluvia queden fuera, esa habitación oscura también bloqueará la luz y el aire. Nadie saldrá vencedor de una guerra comercial.

En tercer lugar, debemos desarrollar un modelo de gobernanza justo y equitativo, acorde con la tendencia de los tiempos. Como dice un proverbio chino, quienes tienen astucia mezquina se ocupan de asuntos triviales, mientras que quienes tienen visión se ocupan de la gobernanza de las instituciones. La comunidad internacional reclama cada vez más la reforma del sistema de gobernanza económica mundial, una tarea urgente para nosotros. Solo si se adapta a las nuevas dinámicas de la estructura económica internacional, el sistema de gobernanza mundial podrá sostener el crecimiento mundial.
Todos los países, grandes o pequeños, fuertes o débiles, ricos o pobres, son miembros iguales de la comunidad internacional. Por ello, tienen derecho a participar en la toma de decisiones, disfrutar de derechos y cumplir obligaciones en pie de igualdad. Los mercados emergentes y los países en desarrollo merecen mayor representación y voz. La reforma de las cuotas del FMI de 2010 ha entrado en vigor, y debe mantenerse su impulso. Debemos adherirnos al multilateralismo para preservar la autoridad y eficacia de las instituciones multilaterales. Debemos cumplir las promesas y respetar las normas. Nadie debe elegirlas o tergiversarlas a su antojo. El Acuerdo de París es un logro que costó mucho alcanzar y que concuerda con la tendencia fundamental del desarrollo mundial. Todos los firmantes deben respetarlo, en vez de abandonarlo, pues es una responsabilidad que debemos asumir por las generaciones futuras.
En cuarto lugar, debemos desarrollar un modelo de desarrollo equilibrado, equitativo e inclusivo. Como dice un proverbio chino: «Debe perseguirse una causa justa por el bien común». El desarrollo, en última instancia, es para la gente. Para lograr un desarrollo más equilibrado y garantizar que la gente tenga igual acceso a las oportunidades y comparta sus beneficios, es fundamental contar con una filosofía y un modelo de desarrollo sólidos, y hacer que el desarrollo sea equitativo, eficaz y equilibrado.

Debemos fomentar una cultura que valore la diligencia, la frugalidad y el espíritu emprendedor, y respete los frutos del arduo trabajo de todos. Debemos dar prioridad a la lucha contra la pobreza, el desempleo, la creciente brecha de ingresos y las preocupaciones de los grupos desfavorecidos para promover la equidad y la justicia sociales. Es importante proteger el medio ambiente al tiempo que se impulsa el progreso económico y social, para lograr la armonía entre el ser humano y la naturaleza, y entre las personas y la sociedad. Debe aplicarse la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible a fin de hacer realidad un desarrollo equilibrado en todo el mundo.
Un proverbio chino dice: «La victoria está asegurada cuando la gente une sus fuerzas; el éxito está garantizado cuando todos aportan sus ideas». Mientras mantengamos el objetivo de construir una comunidad humana de futuro compartido y trabajemos codo con codo para cumplir nuestras responsabilidades y superar las dificultades, podremos crear un mundo mejor y ofrecer una vida mejor a nuestros pueblos.
Señoras y señores:
Queridos amigos:
China se ha convertido en la segunda economía más grande del mundo gracias a 38 años de reforma y apertura. Un camino acertado conduce a un futuro luminoso. China ha llegado hasta aquí porque el pueblo chino, bajo el liderazgo del Partido Comunista de China, ha abierto una senda de desarrollo que se ajusta a las condiciones reales del país.
Esta es una senda basada en la realidad de China. En los últimos años, China ha logrado emprender una senda de desarrollo propia, inspirándose tanto en la sabiduría de su civilización como en las prácticas de otros países de Oriente y Occidente. Al explorar esta senda, China no se muestra indiferente a los cambios de los tiempos ni sigue ciegamente los pasos de otros. Todos los caminos conducen a Roma. Ningún país debe considerar que su propia senda de desarrollo sea la única viable, y mucho menos imponerla a los demás.
Esta es una senda que antepone los intereses de la gente. China sigue una filosofía de desarrollo centrada en las personas y se compromete a mejorar la vida de su población. El desarrollo pertenece al pueblo, lo lleva a cabo el pueblo y es para el pueblo. China persigue el objetivo de la prosperidad común. Hemos dado pasos importantes para aliviar la pobreza y hemos sacado de ella a más de 700 millones de personas; además, avanzamos satisfactoriamente en nuestros esfuerzos por culminar la construcción de una sociedad modestamente acomodada en todos los aspectos.
Esta es una senda de reforma e innovación. China ha superado dificultades y afrontado desafíos en su camino mediante la reforma. China ha demostrado tener el valor de abordar cuestiones difíciles, navegar rápidos peligrosos y eliminar los obstáculos institucionales que frenan el desarrollo. Estos esfuerzos nos han permitido liberar la productividad y la vitalidad social. Sobre la base de los avances logrados en más de 30 años de reforma, en los últimos cuatro años hemos introducido más de 1.200 medidas de reforma, que han dado un poderoso impulso al desarrollo de China.
Esta es una senda que busca el desarrollo común mediante la apertura. China está comprometida con una política fundamental de apertura y persigue una estrategia de apertura que beneficie a todos. El desarrollo de China está orientado tanto al ámbito interno como al externo; mientras se desarrolla, China también comparte en mayor medida los frutos de su desarrollo con otros países y pueblos.
Los extraordinarios logros de desarrollo de China y la gran mejora del nivel de vida del pueblo chino benefician tanto a China como al mundo. Los logros de desarrollo de las últimas décadas se deben al arduo trabajo y la perseverancia del pueblo chino, una cualidad que ha caracterizado a la nación china durante varios miles de años. Los chinos sabemos muy bien que en el mundo no existe el almuerzo gratis. En un país grande con más de 1.300 millones de habitantes, el desarrollo solo puede lograrse con la dedicación y el esfuerzo incansable de su propio pueblo. No podemos esperar que otros lleven el desarrollo a China, ni nadie está en condiciones de hacerlo. Al evaluar el desarrollo de China, no solo hay que ver qué beneficios ha obtenido el pueblo chino, sino también cuánto esfuerzo ha hecho; no solo qué logros ha alcanzado China, sino también qué contribución ha hecho al mundo. Así se llegará a una valoración equilibrada del desarrollo de China.
Entre 1950 y 2016, pese a su modesto nivel de desarrollo y de vida, China proporcionó más de 400.000 millones de yuanes en ayuda exterior, llevó a cabo más de 5.000 proyectos de ayuda exterior, incluidos cerca de 3.000 proyectos completos, y organizó en China más de 11.000 talleres de capacitación para más de 260.000 personas de otros países en desarrollo. Desde que inició la reforma y apertura, China ha atraído más de 1,7 billones de dólares en inversión extranjera y ha realizado más de 1,2 billones de dólares en inversión directa en el exterior, con una enorme contribución al desarrollo económico mundial. En los años posteriores al estallido de la crisis financiera internacional, China aportó, en promedio, más del 30 por ciento del crecimiento mundial cada año. Todas estas cifras se encuentran entre las más altas del mundo.
Las cifras hablan por sí solas. El desarrollo de China es una oportunidad para el mundo; China no solo se ha beneficiado de la globalización económica, sino que también ha contribuido a ella. El rápido crecimiento de China ha sido un motor potente y sostenido para la estabilidad y la expansión económicas mundiales. El desarrollo interconectado de China y muchos otros países ha hecho que la economía mundial esté más equilibrada. Los notables logros de China en la reducción de la pobreza han contribuido a un crecimiento mundial más inclusivo. Y el avance continuo de China en materia de reforma y apertura ha dado un gran impulso a una economía mundial abierta.
Los chinos sabemos muy bien lo que hace falta para alcanzar la prosperidad, por eso aplaudimos los logros de los demás y les deseamos un futuro mejor. No envidiamos el éxito de otros ni nos quejaremos de quienes tanto se han beneficiado de las grandes oportunidades que ofrece el desarrollo de China. Abriremos los brazos a los pueblos de otros países y les daremos la bienvenida a bordo del tren de alta velocidad del desarrollo de China.
Señoras y señores:
Queridos amigos:
Sé que todos siguen de cerca el desarrollo económico de China, y quisiera ponerles al día sobre la situación de nuestra economía. La economía china ha entrado en lo que llamamos una nueva normalidad, en la que se están produciendo cambios importantes en la tasa de crecimiento, el modelo de desarrollo, la estructura económica y los motores de crecimiento. Sin embargo, los fundamentos económicos que sostienen un desarrollo sólido permanecen intactos.
Pese al estancamiento de la economía mundial, se prevé que la economía china crezca un 6,7 por ciento en 2016, una de las tasas más altas del mundo. La economía china es mucho mayor que antes y ahora genera más producción que cuando crecía a tasas de dos dígitos. El consumo de los hogares y el sector servicios se han convertido en los principales motores del crecimiento. En los tres primeros trimestres de 2016, el valor añadido del sector terciario representó el 52,8 por ciento del PIB y el consumo interno contribuyó al 71 por ciento del crecimiento económico. Los ingresos de los hogares y el empleo han aumentado de forma sostenida, mientras que el consumo de energía por unidad de PIB sigue disminuyendo. Nuestros esfuerzos por impulsar un desarrollo ecológico están dando frutos.
La economía china afronta presiones a la baja y numerosas dificultades, entre ellas un desajuste agudo entre el exceso de capacidad y una estructura de demanda en proceso de mejora, la falta de motores internos de crecimiento, la acumulación de riesgos financieros y los crecientes desafíos en ciertas regiones. Consideramos que son dificultades temporales que surgen en el camino. Las medidas que hemos tomado para abordar estos problemas están dando buenos resultados. Estamos firmemente decididos a seguir avanzando. China es el mayor país en desarrollo del mundo, con más de 1.300 millones de habitantes, y su nivel de vida aún no es alto. Pero esta realidad también significa que China tiene un enorme potencial y un amplio margen para desarrollarse. Guiados por la visión de un desarrollo innovador, coordinado, ecológico, abierto y compartido, nos adaptaremos a la nueva normalidad, nos mantendremos a la vanguardia y aunaremos esfuerzos para mantener un crecimiento estable, acelerar la reforma, ajustar la estructura económica, mejorar el nivel de vida de la población y prevenir riesgos. Con estos esfuerzos, nos proponemos alcanzar una tasa de crecimiento medio-alta y llevar la economía a los segmentos de mayor valor de la cadena.
— China se esforzará por mejorar el desempeño del crecimiento económico. Perseguiremos la reforma estructural por el lado de la oferta como objetivo general, cambiaremos el modelo de crecimiento y mejoraremos la estructura económica. Seguiremos reduciendo el exceso de capacidad, disminuyendo las existencias, reduciendo el apalancamiento financiero, bajando los costos y reforzando los eslabones débiles. Impulsaremos nuevos motores de crecimiento, desarrollaremos un sector manufacturero avanzado y modernizaremos la economía real. Aplicaremos el plan de acción «Internet Plus» para estimular la demanda efectiva y responder mejor a las necesidades individualizadas y diversas de los consumidores. Y haremos más para proteger el ecosistema.
— China impulsará el dinamismo del mercado para dar un nuevo impulso al crecimiento. Intensificaremos las reformas en ámbitos prioritarios y eslabones clave, y permitiremos que el mercado desempeñe un papel decisivo en la asignación de recursos. La innovación seguirá ocupando un lugar destacado en nuestra agenda de crecimiento. Al aplicar la estrategia de desarrollo impulsado por la innovación, reforzaremos las industrias estratégicas emergentes, aplicaremos nuevas tecnologías e impulsaremos nuevos modelos de negocio para modernizar las industrias tradicionales; además, promoveremos nuevos motores de crecimiento y revitalizaremos los tradicionales.
— China fomentará un entorno propicio y ordenado para la inversión. Ampliaremos el acceso al mercado para los inversores extranjeros, estableceremos zonas piloto de libre comercio de alto nivel, reforzaremos la protección de los derechos de propiedad y garantizaremos condiciones equitativas para que el mercado chino sea más transparente y esté mejor regulado. Se prevé que, en los próximos cinco años, China importe bienes por valor de 8 billones de dólares, atraiga 600.000 millones de dólares de inversión extranjera y realice inversiones en el exterior por valor de 750.000 millones de dólares. Los turistas chinos realizarán 700 millones de viajes al extranjero. Todo esto generará un mercado más amplio, más capital, más productos y más oportunidades de negocio para otros países. El desarrollo de China seguirá ofreciendo oportunidades a las comunidades empresariales de otros países. China mantendrá sus puertas bien abiertas y no las cerrará. Una puerta abierta permite tanto a otros países acceder al mercado chino como a China integrarse en el mundo. Y esperamos que otros países también mantengan sus puertas abiertas a los inversores chinos y garanticen condiciones equitativas para nosotros.
— China promoverá vigorosamente un entorno exterior de apertura para el desarrollo común. Impulsaremos la creación del Área de Libre Comercio de Asia y el Pacífico y las negociaciones de la Asociación Económica Integral Regional, con el fin de formar una red mundial de acuerdos de libre comercio. China defiende la conclusión de acuerdos regionales de libre comercio abiertos, transparentes y beneficiosos para todas las partes, y se opone a la formación de bloques exclusivos y fragmentados. China no tiene intención de impulsar su competitividad comercial devaluando el renminbi, y mucho menos de iniciar una guerra de divisas.
Hace más de tres años, propuse la iniciativa de la «Franja y la Ruta». Desde entonces, más de 100 países y organizaciones internacionales han respondido con entusiasmo y han respaldado la iniciativa. Más de 40 países y organizaciones internacionales han firmado acuerdos de cooperación con China, y nuestro círculo de amigos a lo largo de la «Franja y la Ruta» sigue creciendo. Las empresas chinas han invertido más de 50.000 millones de dólares y puesto en marcha varios proyectos importantes en los países situados a lo largo de las rutas, lo que ha impulsado el desarrollo económico de esos países y creado muchos empleos locales. La iniciativa de la «Franja y la Ruta» nació en China, pero sus beneficios han llegado mucho más allá de sus fronteras.
En mayo de este año, China acogerá en Beijing el Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional, cuyo objetivo es debatir cómo impulsar la cooperación, crear plataformas de cooperación y compartir sus resultados. El foro también explorará maneras de abordar los problemas que afronta la economía mundial y regional, generar nuevo impulso para promover un desarrollo interconectado y lograr que la iniciativa de la «Franja y la Ruta» aporte mayores beneficios a los pueblos de los países participantes.
Señoras y señores:
Queridos amigos:
La historia mundial demuestra que el camino de la civilización humana nunca ha sido fácil y que la humanidad ha progresado superando dificultades. Ninguna dificultad, por desalentadora que sea, impedirá que la humanidad avance. Cuando nos enfrentemos a dificultades, no debemos quejarnos de nosotros mismos, culpar a los demás, perder la confianza ni eludir nuestras responsabilidades. Debemos unir fuerzas y afrontar el desafío. La historia la crean los valientes. Reforcemos nuestra confianza, pasemos a la acción y avancemos hombro con hombro hacia un futuro prometedor.
Gracias.



