El desafío demográfico de Egipto

El desafío demográfico de Egipto
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Egipto se enfrenta a numerosos desafíos, pero hay uno en particular del que rara vez se habla: la superpoblación. Hace un par de décadas, el país contaba con un buen sistema de planificación familiar, pero el reciente aumento de la población constituye una crisis de proporciones potencialmente épicas.

Desde la revolución de 2011, la población ha aumentado en 3 millones, hasta alcanzar los 80,7 millones, y se estima que probablemente se duplique hasta llegar a los 160 millones en 2050. Ya afectada por la escasez de energía, agua y trigo, así como por la disminución de las reservas de divisas y el alto desempleo, esta situación podría afectar enormemente al pueblo egipcio. Entonces, ¿por qué no hay una protesta generalizada?

En un artículo del periódico británico Guardian , se afirmaba que el control de la población en Egipto había tenido un éxito relativo durante las décadas de 1980 y 1990, «pero empezó a perder prioridad en los últimos años del gobierno de Hosni Mubarak y fue en gran medida ignorado en el caos que siguió a su destitución en 2011».

La antigua política de planificación familiar había reducido la tasa global de fecundidad del país de 5,3 hijos por mujer en 1980 a 3,4 en 1998 y, finalmente, a 2,8 en 2011: una notable caída frente a la década de 1960, cuando las familias egipcias tenían, estadísticamente, 7,2 hijos.

Aunque algunos responsabilizan a la difícil transición del país desde 2011 de «la falta de debate público» sobre el tema, el gobierno egipcio ha seguido financiando programas centrados en la planificación familiar voluntaria.

Egipto necesita una nueva estrategia para abordar su bomba demográfica de tiempo. Hay lecciones que aprender en la región, incluso de países con los que Egipto no siempre ha mantenido buenas relaciones.

Cómo hizo frente Irán a la superpoblación

Los programas de control de la población de Irán podrían servir de ejemplo de cómo combatir los riesgos de la superpoblación. En los primeros años de la República Islámica, el ayatolá Jomeini animó a la gente a tener familias más numerosas. Pero no fue hasta el fin de la guerra entre Irán e Irak, en 1988, cuando el régimen iraní comprendió que era necesario adoptar políticas para impedir que la población del país se duplicara rápidamente hasta alcanzar unos 120 millones. Un artículo de Los Angeles Times describe cómo Irán experimentó la mayor y más rápida caída de la fecundidad jamás registrada: de unos siete nacimientos por mujer a menos de dos en la actualidad, en el transcurso de unos 30 años. Mediante fatuas (edictos religiosos), Jomeini puso anticonceptivos a disposición gratuita «en clínicas gubernamentales, incluidos miles de centros de salud rurales [:] El personal sanitario promovía la anticoncepción como una forma de dejar más tiempo entre nacimientos y contribuir a reducir la mortalidad materna e infantil. Las parejas que tenían previsto casarse debían recibir asesoramiento sobre planificación familiar». El gobierno también ofrecía vasectomías gratuitas.

La tasa de fecundidad de Irán cayó tanto que, en 2011, la administración de Ahmadineyad, entonces en el poder, decidió eliminar el sistema de planificación familiar del país e introducir incentivos económicos para animar a las familias iraníes a tener más hijos. Pese a este drástico cambio en el enfoque del gobierno, muchos iraníes dudaban de que acabar con el sistema gratuito de planificación familiar del país afectara al número de hijos que la mayoría de las familias iraníes decidían tener. Había otro factor que había afectado a la tasa de fecundidad de Irán: una inversión en educación. De 1976 a 2011, la tasa de alfabetización entre los jóvenes del país se había duplicado, hasta alcanzar el 98%.

Con una población iraní más instruida que 35 años atrás, parece que sus integrantes pudieron tomar decisiones informadas sobre el tamaño de sus familias. Los llamamientos del gobierno a procrear podían sopesarse frente al desafío de criar a una familia numerosa en un período de inflación e inestabilidad económica.
La educación parece haber sido una de las herramientas más eficaces para la planificación familiar.

Numerosos organismos internacionales, entre ellos el Grupo Banco Mundial, sostienen que la correlaciónentre la educación y la planificación familiar es directa. Las mujeres con formación tienden a tener familias más pequeñas y saludables. Asimismo, las tasas de fecundidad disminuyen cuando las mujeres tienen al menos siete años de educación. Si bien la planificación familiar es fundamental para prevenir riesgos para la salud de las mujeres embarazadas, la educación es lo que además capacita a la población para tomar decisiones acertadas.

Para abordar su rápido crecimiento demográfico, Egipto podría centrarse primero en la calidad de su educación pública.

Este artículo apareció originalmente en Voices and Views: MENA Blog del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autora: Holly Dagres es una analista y comentarista iraní-estadounidense especializada en asuntos de Oriente Medio. Se crio entre Los Ángeles y Teherán y actualmente reside en El Cairo, Egipto.

Imagen: Coches atrapados en un atasco en el centro de El Cairo, 4 de septiembre de 2013. REUTERS/Amr Abdallah Dalsh.

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