Por qué se exageran los problemas económicos de Egipto

Por qué se exageran los problemas económicos de Egipto
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Si se da crédito a los indicadores macroeconómicos, el crecimiento económico de Egipto casi se ha detenido en los últimos tres años. Las entradas de inversión extranjera directa se han agotado y las tasas de crecimiento del PIB se han desplomado desde un máximo del 7 % en 2008 y 2009 hasta solo un 2 % en 2013. ¿Pero son fiables los indicadores?

La respuesta es sí y no. Aunque el PIB nunca debería considerarse una representación precisa de la salud económica de un país, en Egipto las cifras sí reflejan el colapso de toda la capacidad productiva del país en los años posteriores a la caída del régimen de Hosni Mubarak en 2011. Las principales agencias de calificación crediticia, que anteriormente consideraban a Egipto uno de los mercados emergentes más prometedores de la región, han rebajado drásticamente las calificaciones crediticias del país, lo que disuade a los inversores extranjeros. Además, la revolución contra Mubarak provocó una fuga masiva de capitales, que ha reducido a la mitad las reservas de divisas del país.

Y las malas noticias no terminan aquí. Desde 2011 ya se han sucedido siete gobiernos, y la agitación social ha llevado a los responsables políticos a adoptar una actitud defensiva que ha sofocado cualquier impulso reformista. Con un desempleo que ronda el 30-40 %, el Gobierno se enfrenta a una población desencantada y cada vez más amargada. Mientras tanto, el capitalismo de amiguetes alimenta la desigualdad de ingresos, obstaculiza el desarrollo rural y erosiona el sistema educativo.

Sin embargo, lo más preocupante es que las últimas tres décadas demuestran el fracaso de la macroeconomía convencional para orientar a los responsables políticos en la gestión del desarrollo. Un enfoque equivocado en el PIB ha descuidado los costes del agotamiento de los recursos naturales, la contaminación y otras externalidades, así como la distribución asimétrica del crecimiento en sectores económicos predeterminados, todo lo cual se ha asociado durante mucho tiempo con economías emergentes como la de Egipto.

Los responsables políticos suelen asumir que lo que no puede medirse fácilmente de forma estadística es intrascendente o irrelevante. Pero aplicar los análisis estáticos, lineales y cerrados de la macroeconomía convencional a sistemas abiertos, no lineales, dinámicos e interconectados está condenado a producir resultados erróneos.

El economista británico E.F. Schumacher sostuvo que las instituciones humanas, como estructuras complejas con una gobernanza dinámica, requieren un análisis sistémico amplio. Asimismo, la prosperidad de un país solo puede medirse adecuadamente incluyendo elementos de la filosofía moral y la sociología, que quedan fuera de los límites de la creación de riqueza y de la racionalidad individual que constituyen el ámbito del análisis macroeconómico convencional.

Desde esta perspectiva, la economía de Egipto no está tan moribunda como sugieren el PIB y otros indicadores del país. De hecho, Egipto va por buen camino y está emprendiendo una transición hacia una economía resiliente orientada a una mayor competitividad. Pero, como los cambios pertinentes no se recogen ni se reflejan adecuadamente en los datos de las cuentas nacionales, las percepciones no coinciden con la actividad que se desarrolla por debajo del nivel macroeconómico.

Además de la inyección de 12 000 millones de dólares para reponer las reservas de divisas del país y de la adopción de nuevas políticas orientadas al mercado para fomentar la competencia, el Gobierno del presidente Abdel Fattah el-Sisi ha introducido algunas medidas de gran alcance. Por ejemplo, las autoridades han impulsado la industria de microfinanciación para conceder crédito a la población pobre y con escaso acceso a la banca. Igual de importante es que el Gobierno ha recortado drásticamente las subvenciones energéticas, manifiestamente ineficientes, y ha presentado un nuevo megaproyecto: ampliar el Canal de Suez para acomodar el tráfico cada vez mayor.

Pero quizá el paso más drástico ha sido formalizar muchas partes de la economía. Dado que la economía informal se estima en 360 000 millones de dólares, las nuevas políticas pretenden incorporar toda esta actividad subterránea a la producción registrada de Egipto. Este proyecto ha recibido una amplia aprobación de funcionarios, economistas y empresarios, lo que refleja la creencia generalizada de que impulsar el crecimiento y la competitividad comienza desde la base.

En resumen, las perspectivas de la economía egipcia no son tan sombrías como muchos creen. Con la revolución ya terminada, el mundo ha oído poco sobre cómo el país se está reconstruyendo. Como resultado, existe una tendencia a suponer que Egipto ha llegado a un callejón sin salida económico.

La realidad, sin embargo, es que el país avanza, lenta pero firmemente, alejándose del Estado omnipresente y omnipotente que ha dominado la vida económica egipcia durante muchas décadas. Las autoridades han empezado a utilizar todas las palancas a su disposición para aumentar la competitividad y liberar el potencial del pueblo egipcio.

El Gobierno de Egipto tiene la capacidad de crear un entorno favorable e inclusivo para el crecimiento, la innovación y el cambio emprendedor. Solo hace falta un poco más de voluntad para desafiar a los grandes actores establecidos, cuya posición rara vez genera resultados sociales y económicos óptimos. Si se encuentra esa voluntad, los egipcios podrían por fin alcanzar la prosperidad que merecen.

Publicado en colaboración con Project Syndicate.

Autor: Merit Al-Sayed es economista y gestor de la implementación de proyectos estratégicos en el Arab African International Bank de El Cairo. Mark Esposito es miembro del cuerpo docente de la Harvard University Extension School, profesor asociado de negocios y economía en la Grenoble Graduate School of Business y miembro sénior asociado de la University of Cambridge-CISL. Terence Tse, profesor asociado de finanzas en ESCP Europe, dirige los estudios de competitividad del i7 Institute for Innovation and Competitiveness.

Imagen: El sol se pone sobre los minaretes y las Grandes Pirámides de Guiza (derecha) en el Casco Antiguo de El Cairo, el 31 de diciembre de 2013. REUTERS/Amr Abdallah Dalsh.

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