En muchos países del mundo se ha logrado la matriculación universal en la escuela primaria. Pero la calidad sigue siendo un desafío constante. ¿Cómo lograr que los estudiantes aprendan más? Una solución que suele plantearse en América Latina y el Caribe es aumentar la duración de la jornada escolar. Desde Mais Educação en Brasil hasta Jornada Escolar Completa en Chile, muchos gobiernos están considerando o ya están incorporando más horas a la jornada escolar.
¿Ayudarán más horas?
La calidad de la educación se ve limitada por diversos factores, y las horas de escolaridad no son necesariamente lo primero que viene a la mente. Sin embargo, antes de implementar los programas de jornada extendida, los estudiantes pasaban muy poco tiempo en la escuela. Según Alfaro & Holland(2012), antes de que en 2006 comenzara la implementación de Jornada Escolar Extendida en Río Negro, Argentina, los estudiantes asistían a la escuela apenas cuatro horas al día. Por esa misma época, la jornada escolar también duraba cuatro horas en São Paulo, Brasil. En última instancia, esto puede traducirse en muchas menos horas de instrucción a lo largo de un año. Por ejemplo, entre los países que participan en la evaluación internacional de estudiantes PISA, el tiempo anual de instrucción obligatoria iba desde menos de 600 horas en Polonia hasta más de 1.000 en Italia, como se muestra en la figura de abajo.

Fuente: Holland, Alfaro, & Evans (2015), con datos de PISA de 2009
Cabe imaginar varias maneras en que más horas de escolaridad podrían traducirse en una mejora del aprendizaje de los estudiantes: más tiempo en la escuela podría significar más tiempo productivo dedicado a aprender lectura, matemáticas y otras materias académicas. También podría facilitar que los padres trabajen, aumenten sus ingresos e inviertan en recursos educativos complementarios.
Al mismo tiempo, si la calidad de la instrucción es baja o las horas adicionales se dedican al recreo en lugar del aprendizaje, es posible que no se traduzcan en una mejora del aprendizaje. (De hecho, cabe imaginar una situación en la que las actividades extracurriculares durante una jornada escolar más larga sustituyan el estudio en casa y tengan un efecto negativo.) Como también muestra la figura anterior, no existe una correlación simple entre las horas de instrucción y los resultados en lectura. Esto no significa necesariamente que no haya una relación: muchos factores determinan tanto las decisiones sobre el tiempo de instrucción como los resultados en lectura, así que una simple correlación entre países no es la mejor manera de averiguar si más horas de escolaridad son eficaces.
¿Qué muestran los estudios sobre los efectos educativos?
La manera más clara de calcular el efecto de ampliar la jornada escolar probablemente sería realizar un ensayo aleatorizado dentro de un país. A falta de ello, los investigadores han intentado aprovechar las variaciones geográficas en la implementación de estos programas. Como este tema es prioritario en muchos países de América Latina y el Caribe, revisamos la evidencia local disponible aquí. Identificamos 11 estudios que muestran el efecto de ampliar la jornada escolar en los resultados de aprendizaje, 4 estudios (¡con cierto solapamiento!) sobre otros resultados educativos, como la promoción de curso, y 4 estudios sobre efectos en otros resultados. De los 11 que analizan resultados de aprendizaje, 8 son estudios de emparejamiento por puntaje de propensión y los demás utilizan alguna variante del método de diferencias en diferencias. La mayoría de los estudios encuentran efectos positivos y estadísticamente significativos, aunque al menos dos hallan efectos negativos y significativos en los resultados de las pruebas. Al mismo tiempo, la magnitud de los efectos suele ser pequeña. Una evaluación de un programa de jornada escolar completa en Uruguay registró aumentos de 0,07 desviaciones estándar en matemáticas y 0,04 en lengua (Cerdan-Infantes & Vermeersch). Una evaluación realizada en Brasil por De Aquino no encontró efectos significativos en matemáticas y halló una diferencia de apenas unos puntos en lengua en una prueba nacional (De Aquino). Otra evaluación en Brasil encontró efectos de 0,05 en lengua y 0,06 en matemáticas (en cuarto grado; sin efectos en octavo grado: Xerxenevsky). Y una evaluación en Chile no encontró efectos en matemáticas y halló un efecto de apenas 3 puntos (de unos 230) en una prueba de lengua entre la muestra de escuelas públicas (Garcia). Hay un par de excepciones, pero se entiende la idea: aunque suele haber efectos significativos, tienden a ser pequeños.
¿Y qué hay de otros efectos?
Solo unos pocos estudios han analizado otros efectos. Pires & Urzua encuentran efectos negativos en la maternidad adolescente y el abandono de la escuela secundaria en Chile. Del mismo modo, Berthelon & Kruger analizan Chile (¡también!) y encuentran el mismo efecto negativo en la maternidad adolescente, además de una reducción de las tasas de delincuencia municipal. Un estudio analiza el efecto en la participación de las mujeres en la fuerza laboral: Contreras, Sepúlveda, & Cabrera encuentran que la jornada escolar completa en Chile tiene un efecto positivo y significativo en la participación de las mujeres en la fuerza laboral (el margen externo), aunque disminuya el promedio de horas trabajadas (el margen interno).
¿Vale la pena?
Recopilamos datos sobre el costo de ampliar la jornada escolar en Uruguay y luego los combinamos con las estimaciones de impacto de Cerdan-Infantes & Vermeersch. Después utilizamos las medidas de costo-efectividad de muchas otras intervenciones educativas, tomadas de Evans & Popova. El resultado se puede ver en la figura de abajo. (En realidad, apenas se alcanza a ver: ampliar la jornada escolar es mucho menos costo-efectivo que cualquiera de las otras intervenciones, por lo que apenas aparece en el gráfico.) El cálculo se hizo utilizando tipos de cambio, como recomiendan Dhaliwal et al. en su análisis de costo-efectividad. Si usamos cifras ajustadas por paridad del poder adquisitivo, Uruguay pasa de ser 1/10 de costo-efectivo que la siguiente intervención a 1/5. Así que la conclusión no cambia.

Fuente: Holland, Alfaro, & Evans (2015) calculan el costo-efectividad para Uruguay. El resto de la figura está adaptado de Evans & Popova (2014), con datos de J-PAL (2014).
No somos los primeros en advertirlo. Cerdán-Infantes & Vermeersch, sin realizar un análisis formal de costos, señalan que los efectos estimados son pequeños y afirman: «Aunque el programa parece haber generado efectos positivos en los resultados de aprendizaje de las escuelas participantes, el programa de jornada escolar completa es costoso». Del mismo modo, Valenzuela —al examinar la experiencia de Chile— señala que «la pequeña magnitud de los efectos genera dudas sobre su costo-efectividad».
Otra consideración clave es que, a diferencia de un programa de tutorías de refuerzo o de suministro de información, ampliar la jornada escolar tiene muchas más probabilidades de ser políticamente irreversible.
Puede que aquí el análisis de costo-efectividad pierda fuerza. El costo-efectividad mide el beneficio adicional por cada 100 dólares (u otra cantidad). Requiere un único resultado y resulta muy útil para comparar programas con un objetivo principal (como mejorar el aprendizaje de los estudiantes). El análisis de costo-beneficio requiere asignar un valor monetario a diversos beneficios (el aprendizaje de los estudiantes, el aumento del empleo materno y la reducción de la delincuencia); idealmente, permite comparar programas más diversos, pero también requiere supuestos sólidos.
Si el argumento es que los gobiernos deberían ampliar la jornada escolar, no con fines educativos (porque claramente hay formas más costo-efectivas de hacerlo), sino para promover la participación femenina en la fuerza laboral o reducir la delincuencia juvenil, cabe preguntarse: ¿De verdad creemos que esta es la manera más eficaz y costo-efectiva de lograr esos resultados?
Las jornadas escolares más largas tienen ventajas, pero una mejor enseñanza u otras intervenciones podrían beneficiar mucho más a los niños y costar mucho menos a los gobiernos.
Este artículo se publicó originalmente en The World Bank’s Development Impact. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
Para estar al día con la Agenda suscríbase a nuestro boletín semanal.
Autor: David es economista sénior en la Oficina del Economista Jefe para la región de África del Banco Mundial. Peter Holland es especialista sénior en educación en el Banco Mundial y jefe del equipo de trabajo en Argentina, México y Uruguay.
Imagen: Lápices de colores en una caja de madera en una escuela infantil. REUTERS/Michaela Rehle.



