En el centro de la mayoría de las grandes preguntas sobre el crecimiento y el desarrollo económicos subyace una preocupación por el bienestar humano: ¿cómo elevamos los ingresos y reducimos la pobreza?
Los historiadores económicos se han preguntado durante mucho tiempo cómo afectaron al bienestar las primeras etapas del proceso histórico de industrialización. Aunque la industrialización en Europa y Norteamérica elevó drásticamente el PIB per cápita, también generó algunos «males», entre ellos ciudades insalubres y jornadas laborales extenuantes en condiciones desagradables. El retrato que Friederich Engels hizo en 1845 de las condiciones de trabajo en las fábricas inglesas, por ejemplo, suena tan terrible como cualquier cosa de los talleres de explotación del tercer mundo actuales. Según algunos economistas, el crecimiento de los salarios reales fue demasiado lento para compensar las consecuencias negativas de la industrialización, lo que implica que quienes vivieron la Revolución Industrial estaban peor que las generaciones anteriores.1
Medir el bienestar humano
Un problema central para estudiar los niveles de vida del pasado es uno familiar para toda investigación histórica: las limitadas fuentes empíricas. Los historiadores económicos han construido salarios reales para estudiar el poder adquisitivo, y los historiadores demógrafos estudian la mortalidad y la morbilidad para comprender mejor cómo la industrialización y la urbanización afectaron a la salud. Pero estos estudios se ven limitados por pequeñas cantidades de datos potencialmente no representativos, ya que la mayoría de los datos recopilados por los contemporáneos respondían a algún propósito distinto de comprender el bienestar.
Basándose en la obra de los biólogos humanos, el historiador económico Robert Fogel, premio Nobel, desarrolló un enfoque pionero del estudio histórico del bienestar humano que se apoya en la medición del propio organismo humano. Su enfoque parte del hecho de que la estatura adulta refleja la nutrición neta durante la infancia y la adolescencia temprana.
Para alcanzar su plena estatura potencial, el cuerpo necesita una nutrición que pueda destinar al crecimiento después de aportar las calorías suficientes para la función metabólica y el esfuerzo laboral. Las enfermedades imponen sus propias exigencias a la aportación nutricional. Una mala nutrición, un esfuerzo laboral intenso y las enfermedades frecuentes producen personas bajas. El enfoque de la estatura humana de Fogel puede basarse en los registros de millones de hombres y mujeres cuya altura se registró en los últimos tres siglos. Reclutadores militares, administradores escolares, funcionarios de prisiones, traficantes de esclavos y muchos otros llevaban registros de la estatura de las personas, principalmente como una forma útil de identificar a los individuos. Fogel utilizó estos registros de estatura para documentar las tendencias a largo plazo en la reacción del cuerpo humano ante desarrollos económicos como la industrialización y la urbanización.
Las ideas de Fogel dieron fruto. Su trabajo dio lugar a cientos de estudios, a una revista especializada y a reinterpretaciones radicales de las implicaciones del crecimiento económico a largo plazo. Más notablemente, Fogel y otros señalan un fenómeno conocido como «enigma de la industrialización». En Estados Unidos, el Reino Unido y algunos otros países europeos, la gente parecía volverse más baja durante el período de industrialización temprana.
La figura 1 recoge la estatura media de los soldados de seis países durante los siglos XIX y XX. La experiencia estadounidense, donde la estatura media aparentemente descendió unos 5 cm (unas dos pulgadas) entre 1830 y 1880, es un ejemplo del enigma de la industrialización. Este resultado respalda una interpretación extremadamente pesimista de cómo la industrialización afecta al bienestar humano. Una cosa es sostener que los beneficios de la industrialización se repartieron de forma desigual o, en un primer momento, llegaron de forma tardía. El enigma de la industrialización implica que, al menos a corto plazo, la modernización económica empeoró la situación de la persona media.
Figura 1 Estatura media de los soldados voluntarios en Estados Unidos y en países seleccionados con reclutamiento obligatorio
¿Cómo puede ser? El hallazgo de que la gente se encogió en una economía en crecimiento, como lo expresa John Komlos, dio lugar a varias explicaciones posibles para el enigma. La mayoría se centra en la calidad y disponibilidad de los suministros de alimentos, la intensidad del esfuerzo laboral y las innegablemente insalubres condiciones de vida de los primeros trabajadores industriales tanto en Estados Unidos como en Europa. La posibilidad de que la gente estuviera peor (medida por su estatura) mientras los salarios reales aumentaban llevó a Komlos a postular que los niveles de vida «biológicos» y económicos podrían divergir durante las revoluciones industriales.
Problemas de sesgo de selección en los datos históricos sobre estatura
A pesar de haberse convertido en un hecho estilizado, dudamos de que el enigma de la industrialización sea real. Al seguir la agenda de las estaturas históricas, los historiadores han aprendido mucho sobre cómo vivía la gente. Y en el proceso han reunido millones de datos. Pero un rasgo común a la mayoría de estos conjuntos de datos es que no constituyen muestras representativas de la población subyacente.2
Durante los siglos XVIII y XIX, la mayoría de estas fuentes estuvieron sujetas a importantes fuerzas de selección. Consideremos a los soldados, una fuente favorita de datos sobre estatura. Ningún estudio tiene en cuenta el hecho de que la mayoría de los ejércitos del pasado dependían en gran medida de voluntarios. Los hombres dispuestos a alistarse en el ejército de Estados Unidos, económicamente dinámico, en las décadas de 1830 y 1840, por ejemplo, no eran una muestra aleatoria de la población estadounidense; de hecho, probablemente eran hombres cuyas oportunidades en el mercado laboral eran inferiores a las de quienes seguían siendo civiles.
En la medida en que las oportunidades del mercado laboral reflejen los mismos tipos de rasgos de origen y de «capital humano en salud» que determinan la estatura, cabría esperar que los soldados fueran más bajos que los civiles. Más importante aún, la magnitud de esta diferencia de estatura dependería de las variaciones en la estrechez de los mercados laborales civiles a lo largo del tiempo, así como del atractivo de la vida militar. Un pequeño ejército de voluntarios en un mercado laboral civil débil podría en realidad ser más alto que la población en su conjunto. Una vez que tenemos en cuenta la naturaleza autoseleccionada de las muestras, el fenómeno del «encogimiento en una economía en crecimiento» no es un enigma: es lo que cabría esperar.3
La idea básica se extiende a la mayoría de las demás fuentes utilizadas para estudiar la estatura en el pasado. Parte de lo que sabemos sobre las condiciones de vida de los esclavos de propiedad en Estados Unidos procede de los datos de estatura publicados para ayudar a identificar a los fugitivos. Pero ¿quién podía escaparse y qué esclavos fugados merecía la pena intentar recapturar? Solo los esclavos relativamente sanos podían huir, y solo los esclavos sanos y, por tanto, valiosos merecía la pena buscarlos. En este caso, el sesgo de selección lleva a una sobreestimación de la estatura media del esclavo y, por tanto, a una visión demasiado favorable de las condiciones materiales de los esclavos. Otra fuente importante sobre la estatura de los esclavos eran los «manifiestos de cabotaje», utilizados para asegurarse de que los esclavos transportados entre dos puertos estadounidenses no fueran importados de otro lugar, en violación de la prohibición de 1808 de importar esclavos. Dado que el envío de un esclavo implicaba un coste fijo, cabría esperar que solo se enviaran los más sanos —y más altos—, un ejemplo del efecto Alchian-Allen. Una vez más, el sesgo aquí es positivo; si nos basáramos únicamente en los manifiestos, sobrestimaríamos la estatura de los esclavos.4
De hecho, las únicas fuentes de datos históricos sobre estatura que no sufren este tipo de sesgo proceden de los pocos países que impusieron una forma de reclutamiento universal. La figura 1 recoge la estatura media en cinco ejércitos de reclutamiento obligatorio, además de Estados Unidos. Estados Unidos no tuvo un reclutamiento militar efectivo hasta la Primera Guerra Mundial. Llamativamente, el enigma de la industrialización no aparece en ningún país con reclutamiento. El ejército francés, por ejemplo, llamó a filas a casi todos los jóvenes y los midió, y la estatura media de los varones franceses medidos crece de forma monótona a lo largo del siglo XIX.
Nueva investigación
En una serie de artículos hemos explorado las implicaciones de estos problemas de selección muestral para lo que el enfoque de Fogel ha intentado deducir sobre las condiciones de vida en el pasado. El reto de nuestra investigación es el siguiente: no disponemos de muestras aleatorias de las mismas poblaciones para las que tenemos datos de estatura, por lo que no podemos contrastar directamente la selección basada en características observables. Y saber si existe selección por características observables sería solo la mitad de la batalla. Si factores no observables afectan a la probabilidad de alistarse en el ejército, y si esos factores no observables están correlacionados con la estatura, también podríamos tener sesgo de selección, incluso sin selección por características observables.
Para explorar esta cuestión, adaptamos el famoso modelo de elección ocupacional de Roy para considerar una decisión estilizada de alistarse en el ejército. Simulamos el modelo para demostrar que cambios modestos en las condiciones del mercado laboral civil pueden generar oscilaciones en la estatura media militar similares a las que se han denominado enigma de la industrialización. También diseñamos un diagnóstico sencillo para detectar la selección en muestras militares, basado en la idea de que, si todos los hombres alcanzan la estatura adulta plena a una edad determinada (digamos, 23 años), la estatura media de los hombres nacidos en un mismo año que se alistan a los 23 años no debería diferir de la de quienes nacieron ese mismo año y se alistan a los 24. Cualquier diferencia en la estatura media sugiere que el atractivo del ejército cuando la cohorte tenía 23 años era distinto de su atractivo cuando tenía 24. La existencia de diferenciales de estatura específicos por edad que varían entre cohortes de nacimiento sugiere con firmeza la influencia de las alternativas del mercado laboral en las decisiones de alistamiento, lo que a su vez indica que la estatura medida varía con las condiciones económicas cambiantes. Si bien este enfoque no puede «corregir» el sesgo de selección, mostramos, utilizando varias fuentes muy empleadas en la literatura sobre estaturas, que la mayoría de las fuentes adolecen de este tipo de sesgo. Por último, un metaanálisis de casi 200 estudios publicados sobre estatura demuestra que el enigma de la industrialización y las inversiones similares en la estatura media aparecen casi siempre en muestras seleccionadas y/o muy pequeñas.5
Niveles de vida durante la primera industrialización
Entonces, ¿qué sabemos sobre los niveles de vida durante la primera industrialización? El enfoque de Fogel nos enseñó mucho, y el estudio de la historia a largo plazo del organismo humano sigue siendo una vía de exploración fructífera. Pero una de las primeras afirmaciones de Fogel resulta tener, en el mejor de los casos, un fundamento débil. La disminución medida de la estatura media durante la industrialización refleja en gran medida la naturaleza de las fuentes de datos, y no necesariamente cambios en la estatura de las poblaciones subyacentes.
A medida que las economías crecían, los mercados laborales estrechos desalentaron los alistamientos de los trabajadores más productivos, mientras que quienes se alistaban (y eran medidos) representaban cada vez más a los miembros menos favorecidos de la sociedad. La Revolución Industrial planteó desafíos a quienes afrontaban las transformaciones que trajo consigo, pero no hizo que la gente fuera más baja.[RB1]
Nota de los autores: Las opiniones aquí expresadas son las de los autores y no necesariamente las del Banco de la Reserva Federal de Atlanta ni del Sistema de la Reserva Federal.
Referencias
Asch, B J, J R Hosek, y J T Warner (2007), “New Economics of Manpower in the Post-Cold War Era”, en T Sandler y K Hartle (eds.) Handbook of Defense Economics Volume 2, 1077-1140.
Bodenhorn, H, T W Guinnane, y T A Mroz (2013), “Problems of sample-selection bias in the historical heights literature: a theoretical and empirical analysis”, SSRN n.º 2261335.
Bodenhorn, H, T W Guinnane, y T A Mroz (2014), “Sample Selection Bias in the Historical Heights Literature”, Economic Growth Center Discussion Paper, Universidad de Yale.
Bodenborn, H, T W Guinnane, y T Mroz (2015), “Sample-selection biases and the ‘industrialization puzzle’”, NBER Working Paper n.º 21249.
Feinstein, C H (1988), “Pessimism Perpetuated: Real Wages and the Standard of Living in Britain during and after the Industrial Revolution”, Journal of Economic History 58(3): 625-658.
Fogel, R W (1986), “Nutrition and the Decline in Mortality since 1700: Some Preliminary Findings”, en S L Engerman y R E Gallman (eds.), Long-Term Factors in American Economic Growth, Chicago: University of Chicago Press, 1986439-556.
Komlos, J (1998), “Shrinking in a Growing Economy? The Mystery of Physical Stature during the Industrial Revolution”, Journal of Economic History 58(3): 779-802.
Margo, R A y R H Steckel (1983), “Heights of Native-Born Whites during the Antebellum Period”,Journal of Economic History 43(1): 167-174.
Mokyr, J, y C Ó Gráda (1996), “Height and Health in the United Kingdom 1815–1860: Evidence from the East India Company Army”, Explorations in Economic History 33(2): 141-168.
Steckel, R H (1995), “Stature and the Standard of Living”, The Journal of Economic LiteratureXXXIII, diciembre: 1903-1940.
Notas finales
1 Feinstein (1988) muestra que los salarios reales de la clase trabajadora británica aumentaron menos del 15 % desde la década de 1780 hasta la de 1850
2 Steckel (1995) ofrece una visión general de los métodos y de los primeros hallazgos de este enfoque
3 Estados Unidos se ha enfrentado a un problema similar desde que pasó a un ejército totalmente voluntario en 1973; durante las fases de expansión del ciclo económico, los atributos medidos de los reclutas disminuyen (véase Asch et al 2007).
4 Los antropometristas, como se denomina a estos investigadores, han demostrado un enorme ingenio para localizar fuentes. Por desgracia, el problema de la selección aparece en la mayoría de ellas. Los hombres —y, con menos frecuencia, las mujeres— encarcelados por delitos eran normalmente medidos y constituyen la base de muchos estudios sobre estatura. De nuevo, se trata de una muestra basada en la elección y está sujeta a la crítica de la selección. Otras muestras, incluidos los titulares de pasaportes y los estudiantes, se refieren a individuos que estaban lejos de ser representativos de la población general
5 Véase Bodernhorn et al. (2014 y 2015). Mokyr y Ó Gráda (1996) señalaron hace tiempo este problema de selección en su estudio sobre los hombres que se unieron al ejército de la Compañía de las Indias Orientales a comienzos del siglo XIX. Resultó que los soldados irlandeses eran más altos que los nacidos en Inglaterra y Gales, aunque todos los demás indicadores sugerían que Irlanda era mucho más pobre que Inglaterra
Este artículo se publica en colaboración con VoxEU. La publicación no implica el respaldo de los puntos de vista por parte del Foro Económico Mundial.
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Autores: Howard Bodenhorn es catedrático de Economía en la Universidad de Clemson e investigador asociado de la National Bureau of Economic Research. Timothy W. Guinnane es catedrático Philipp Golden Bartlett de Historia Económica en el Departamento de Economía de la Universidad de Yale. Thomas Mroz, titular de la cátedra Bernard B. y Eugenia A. Ramsey de Empresa Privada en la Universidad Estatal de Georgia, es catedrático de Economía en la Escuela de Estudios de Políticas Públicas Andrew Young.
Imagen: Un trabajador ensambla componentes de aerogeneradores en una fábrica de equipos de energía eólica en Zouping, provincia de Shandong, el 18 de mayo de 2011. REUTERS/China Daily.



