¿Acaba India de lograr un milagro monetario y político?
Consideremos la sucesión de acontecimientos en la saga de la desmonetización. En noviembre, el Gobierno llevó a cabo una intervención económica de alto riesgo y grandes consecuencias en la mayor democracia del mundo, con el objetivo de reducir la corrupción. De la noche a la mañana, se anuló el 86% del efectivo en circulación. En un país que depende del efectivo en casi un 90%, se desató el caos. Como dije entonces, fue un caso práctico de una política deficiente y una ejecución aún peor.
Pasaron cuatro meses. El país salió de aquello con pocas secuelas evidentes. Aunque todavía está por verse el impacto en la corrupción, el Gobierno del primer ministro Narendra Modi fue recompensado con una victoria en las elecciones estatales de mitad de mandato, considerada un referéndum sobre su medida sin precedentes.
Salvo por los cantos, los bailes y los cambios de vestuario, esta sucesión de acontecimientos podría haber salido de Bollywood, una industria cinematográfica ampliamente conocida por sus fantasías desbordantes.
El experimento de desmonetización de India ha suscitado reflexiones importantes sobre el efectivo, la corrupción, los datos y la economía digital. Veamos algunas conclusiones nuevas:
La desmonetización no es la mejor herramienta para erradicar la corrupción
La razón inicial esgrimida para la drástica medida de desmonetización fue sacar a la luz el llamado mercado «negro», alimentado por dinero obtenido ilegalmente y no declarado a efectos fiscales. La existencia de esta economía paralela supone un lastre considerable para la economía india: según datos publicados recientemente, datos publicados, solo alrededor del 1% de los indios pagó impuestos sobre sus ingresos en 2013. Cuando se anunció el cambio de política, se dio a la población hasta el 30 de diciembre de 2016 para devolver a los bancos los billetes de 500 y 1.000 rupias, o arriesgarse a perder su valor.
Según un informe de Bloomberg, se estimó que los bancos habían recibido 14,97 billones de rupias (unos 220.000 millones de dólares) para la fecha límite del 30 de diciembre, es decir, el 97% de los 15,4 billones de rupias en moneda desmonetizada. Aunque todavía debe contabilizarse formalmente el valor real de la moneda depositada, no cabe duda de que se devolvió la mayor parte de la moneda invalidada. Llevará tiempo clasificar el dinero depositado y determinar su legitimidad. Estos niveles de depósitos desmintieron las expectativas de que enormes cantidades de riqueza no declarada no regresarían a los bancos y de que los operadores del mercado negro perderían ese dinero, ya que no podrían depositar su efectivo no declarado sin ser descubiertos. Eso no ocurrió, presumiblemente en parte gracias al ingenio de la gente: encontró muchas formas de volver a depositar su dinero en los bancos, fuera legítimo o no.
Habría sido mejor desmonetizar los billetes de alta denominación menos utilizados (Larry Summers escribió sobre la idea aquí). India invalidó los billetes de 500 y 1.000 rupias (con un valor aproximado de 7,50 y 15 dólares, respectivamente), que representaban el 86% de toda la moneda en circulación. Estas monedas de uso extendido afectaron a una enorme cantidad de personas de todos los estratos socioeconómicos, incluidas las más pobres.
Además, cuando las personas corruptas necesitan lugares donde ocultar sus ganancias ilícitas, el efectivo no suele encabezar su lista. Solo una pequeña proporción de la riqueza no declarada se conserva en efectivo. En un análisis de las investigaciones fiscales, se determinó que el mayor nivel de detección de dinero ilegal en India se produjo en 2015–2016, y que el efectivo representaba apenas un 6%. El resto se había invertido en empresas, acciones, bienes inmuebles, joyas o activos «benami», adquiridos a nombre de otra persona.
Algunos expertos jurídicos han sostenido que la desmonetización infringe la ley. Afirman que la extinción repentina de la deuda pública que el Gobierno debe al titular del billete equivale a que el Gobierno prive a una persona de sus «bienes muebles» sin facilitarle acceso a un reemplazo o una compensación.
La política pública para erradicar la corrupción exige un enfoque sistémico, con incentivos y sanciones que impulsen cambios culturales, institucionales y de comportamiento a largo plazo. Las soluciones mágicas, como una desmonetización drástica, no funcionan.
La innovación y la creatividad surgieron en torno a los pagos digitales
Los ganadores indiscutibles del período de desmonetización fueron los proveedores de monederos móviles. Paytm, líder del mercado, afirmó tener 170 millones de usuarios, con un aumento del tráfico del 435% y un incremento del 250% tanto en el número total de transacciones como en su valor. Podría decirse que el auge de la actividad de los monederos móviles era natural, al menos para el 17% de la población que tenía un teléfono inteligente a principios de 2016.
En este ámbito destacó la capacidad de innovación del Gobierno. La aplicación de pagos respaldada por el Gobierno, BHIM, facilitaba las transferencias electrónicas entre cuentas bancarias; los usuarios podían introducir su número de identificación Aadhaar único de 12 dígitos para realizar pagos. El sistema, fácil de usar, funciona en un teléfono plegable convencional: no requiere un teléfono inteligente con conexión a internet. En otras palabras, era una solución inclusiva, y, si el servicio sigue mejorando, podría expandirse en el amplio mercado de India.
Además, hay planes para exigir pagos digitales en gasolineras, hospitales y universidades, y prohibir por completo las transacciones en efectivo superiores a 4.500 dólares. Indian Railways dejará de cobrar una comisión por servicio en los billetes reservados en línea, y el Gobierno está eliminando los aranceles sobre los terminales de punto de venta y los lectores de huellas dactilares.
Dejando a un lado los errores de política, estas medidas dan un impulso al ecosistema de los pagos digitales y a la tecnología adaptada a los consumidores y a su contexto.
La calidad de los datos y el contexto siguen siendo muy importantes
Las estimaciones oficiales de crecimiento del PIB de la Oficina Central de Estadística de India (CSO) indican que la economía creció un 7% en el trimestre que terminó en diciembre de 2016. Era exactamente lo que preveía la estimación anticipada de la CSO, antes de la desmonetización. Eso significa que la desmonetización no tuvo ningún impacto en la economía, algo sorprendente a la luz de las experiencias ampliamente divulgadas de cierres de pequeñas fábricas y empresas, trabajadores que perdieron sus salarios y proyectos aplazados.
Las cifras de la CSO presentan varios problemas. En primer lugar, hay un desfase entre el momento en que se elaboran las estimaciones y la llegada de los datos reales. Gran parte de esas estimaciones se basa en modelos que utilizan datos anteriores, mucho menos fiables cuando ocurre un acontecimiento como la desmonetización. En segundo lugar, el sector informal desempeña un papel desproporcionado en la economía del país: según una estimación, produce el 45% de la producción y emplea al 94% de la fuerza laboral. Es un sector del que resulta difícil obtener datos directos fiables. Además, depende principalmente del efectivo y fue el más afectado por la desmonetización.
Por último, India carece de datos nacionales fiables sobre ventas minoristas, por lo que los estadísticos deben usar cifras de producción para estimar el gasto de los consumidores. A las dificultades de estimación se suma que esas cifras de producción solo incluyen datos de empresas que cotizan en bolsa, por lo que representan insuficientemente a las empresas no registradas y a los productores manufactureros informales, precisamente quienes se vieron directamente afectados por la prohibición del efectivo.
Consideremos algunos datos adicionales del último trimestre de 2016. La producción de vehículos comerciales, el transporte ferroviario de mercancías, la recaudación del impuesto sobre los servicios y las ventas de electrodomésticos mostraron una desaceleración, lo que llevó a algunos economistas a fijar la previsión de crecimiento del PIB en un 6,4% en vez de un 7%. Además:
- La industria de bienes de consumo de alta rotación informó de una reducción de volumen de alrededor del 1%–2%. Hindustan Unilever Ltd (HUL) y Nestlé, dos de las mayores empresas del sector, registraron drásticas caídas de beneficios e ingresos. Según BW Disrupt, el volumen de ventas de HUL cayó un 4%.
- Las ventas de tractores a agricultores con abundante efectivo tras una buena temporada de lluvias fueron más débiles: el volumen aumentó solo un 18% entre octubre y diciembre, frente al incremento del 28% del trimestre anterior, informa Nikkei Asian Review.
- Las ventas de turismos crecieron un 1% interanual entre octubre y diciembre, frente al crecimiento del 18% del trimestre anterior. Maruti, el mayor fabricante de automóviles de India, registró un aumento del 3,5% en el volumen de ventas de automóviles, frente al crecimiento del 18,4% del trimestre anterior, según un resumen de Scroll.in.
- En el caso de los vehículos de dos ruedas (por ejemplo, las motos), las ventas cayeron un 22% en diciembre de 2016 respecto al diciembre anterior, lo que supuso la mayor contracción mensual desde 1997, según informó Business Standard.
Los datos oficiales sobre el conjunto de la economía tuvieron dificultades para reflejar la realidad sobre el terreno precisamente porque las transacciones en efectivo están fragmentadas y no se prestan a una recopilación precisa de datos.
Continúa el auge del «gran relato»
En última instancia, el público no juzgó las medidas del Gobierno de Modi basándose en cuestiones abstrusas, como el porcentaje del dinero depositado en los bancos, la proporción de activos ilegales que se conserva en efectivo o los pormenores del cálculo del crecimiento del PIB. Todas las personas que vivían en India tuvieron que experimentar algún tipo de trastorno o inconveniente. A pesar de ello, el mensaje que más caló fue que el Gobierno actuaba, y lo hacía con decisión, en nombre de la gente común para combatir la corrupción.
En cuanto a quienes cuestionaban la sensatez de la política, las declaraciones del primer ministro en un mitin electoral en el estado de Uttar Pradesh lo resumieron todo: «Por un lado están quienes [critican la prohibición de los billetes] y hablan de lo que dicen en Harvard, y por otro, el hijo de un hombre pobre que, gracias a su duro trabajo, intenta mejorar la economía».
El 11 de marzo, Uttar Pradesh otorgó una victoria electoral aplastante al partido del primer ministro. Mientras celebramos la era de los macrodatos, quizá sea el «gran relato» lo que impulsa las decisiones más trascendentales: lo hemos visto en el Reino Unido, en Estados Unidos, y ahora en India. Cuando la gente siente que luchas por ella, parece que incluso las pruebas más concretas, ya sean datos o historia, tienen cada vez menos influencia.
En última instancia, el triunfo del relato sobre los datos quizá sea la lección que deja la saga de la desmonetización en India. Y puede que, después de todo, dé para la trama de una superproducción de Bollywood.



