Las economías avanzadas se enfrentarán a grandes cambios demográficos y a una transformación tecnológica radical en las próximas décadas. Esta columna muestra cómo la demografía y los cambios tecnológicos endógenos, que engloban tanto la innovación como la automatización, pueden interactuar para limitar las perspectivas de crecimiento futuro y alterar la distribución de la renta de los factores. Debido a una disyuntiva entre innovación y automatización, es probable que una menor fecundidad y el envejecimiento de la población generen más automatización, pero también den lugar a una reducción del crecimiento del PIB per cápita y de la participación de la renta laboral.
La baja productividad y los bajos tipos de interés, así como la caída de las participaciones de la renta laboral, son señales macroeconómicas de nuestra época y, al parecer, han llegado para quedarse. Se considera que los cambios demográficos (baja fecundidad, aumento continuo de la longevidad y envejecimiento de la población asociado a la jubilación de los baby boomers) son relevantes para la caída del tipo de interés natural (Aksoy et al. 2019, Carvalho et al. 2016) y para el resurgimiento de la hipótesis del estancamiento secular (Summers 2014). Por un lado, se ha constatado que los cambios en la estructura demográfica de las últimas cuatro décadas están negativamente asociados con el crecimiento y la innovación (Aksoy et al. 2019). Por otro lado, estudios más recientes han demostrado que la demografía fomenta la automatización y, por tanto, el crecimiento de la productividad (Acemoglu y Restrepo 2018a). ¿Seguirán las tendencias demográficas ejerciendo una presión negativa sobre el crecimiento de la productividad, contribuyendo a su mal desempeño en la última década y en adelante? ¿O podrían las posibilidades que trae la digitalización y una nueva ola de automatización (robótica e inteligencia artificial), impulsadas por el envejecimiento, revertir la tendencia actual?
Un modelo macroeconómico de los cambios demográficos y tecnológicos
Hemos estudiado (y cuantificado) las implicaciones de las interacciones entre la demografía y el progreso tecnológico para el crecimiento y la participación de la renta laboral (Basso y Jimeno 2019), centrándonos en tres elementos principales:
Un marco simple de ciclo de vida en el que la fecundidad, la longevidad y la edad de jubilación determinan la estructura por edades y la oferta de trabajo en los distintos sectores (como en Gertler 1999).
Una estructura productiva con dos sectores: uno intensivo en trabajo, que utiliza capital, bienes intermedios y trabajo (sector intensivo en trabajo) como insumos, y otro automatizado, en el que los insumos son capital, bienes intermedios y robots (similar a Acemoglu y Restrepo 2018b).
Un sector de I+D que comprende dos actividades: la innovación (creación de nuevos bienes) y la automatización (desarrollo de procedimientos que permiten producir bienes con robots, en lugar de emplear trabajo).
Así, la principal fuente de crecimiento es la innovación, es decir, la generación de nuevas ideas (bienes) que incrementan la productividad global (efecto productividad). Al crear nuevos bienes, la innovación también genera nuevas oportunidades de empleo (efecto de reinserción). Finalmente, como los robots son más productivos que el trabajo, la automatización también aumenta la productividad, pero destruye empleos (efecto desplazamiento).
¿Cuáles son los efectos de los cambios demográficos en este marco? Identificamos tres canales clave:
En primer lugar, los cambios en la oferta de trabajo afectan a los precios de los factores (salarios y precio de los robots), alterando la rentabilidad relativa de los sectores intensivos en trabajo y de los automatizados y, por tanto, los incentivos para innovar y automatizar.
En segundo lugar, los cambios demográficos afectan al ahorro y al tipo de interés, alterando la cantidad de recursos disponibles para la inversión en acumulación de capital, innovación y automatización.
En tercer lugar, en la medida en que la eficiencia de la I+D puede depender de la estructura por edades de la población, la tasa de aparición de nuevos bienes también se ve afectada cuando cambia la estructura por edades de la población.
Crecimiento de la población y envejecimiento a largo plazo
La automatización, al reasignar la producción de un sector intensivo en trabajo a un sector automatizado, podría generar finalmente un desequilibrio entre las participaciones de la renta del trabajo y de los robots, impidiendo que la economía alcance una senda de crecimiento equilibrado a largo plazo con participaciones de los factores constantes y eliminando por completo el trabajo como factor fundamental de producción. Evitamos esta singularidad sin trabajo restringiendo la ganancia de productividad de la fabricación de robots, lo que sostiene su precio relativo en términos del bien final. En última instancia, a medida que la economía se desarrolla y gana complejidad, los robots capaces de reemplazar el trabajo en la producción de una variedad creciente de bienes también deben volverse más difíciles de producir.
Centrándonos en las sendas de crecimiento equilibrado definidas bajo esta restricción, se extraen dos conclusiones analíticas importantes.
Una caída de la fecundidad lleva a la economía a una nueva senda de crecimiento equilibrado con un menor crecimiento del PIB per cápita, un mayor grado de automatización y una menor participación de la renta laboral.
La senda de crecimiento equilibrado de una economía con una población más envejecida (con crecimiento constante de la población en edad de trabajar) implica tipos de interés más bajos, un mayor grado de automatización y una menor participación de la renta laboral.
Estos resultados surgen de las disyuntivas entre innovación y automatización. En una senda de crecimiento equilibrado, la innovación y la automatización deben crecer a la misma tasa. Por lo tanto, la creación de nuevos bienes, que incrementa la productividad laboral, es la principal fuente de cambio tecnológico. Por un lado, una caída del crecimiento de la oferta de trabajo reduce el incentivo para innovar, lo que hace bajar la tasa de crecimiento. Por otro lado, un menor crecimiento de la oferta de trabajo aumenta el incentivo para automatizar, por lo que la cuota de la producción de los robots sobre el producto aumenta y la participación de la renta laboral disminuye.
La transición demográfica: una perspectiva pesimista
Utilizando una calibración estándar y las proporciones de población de trabajadores (de 20 a 65 años) y jubilados (mayores de 65) en 1993 y 2055, analizamos las consecuencias de los cambios demográficos previstos para las próximas décadas en Estados Unidos y en la «Europa central» (definida como la agregación de Alemania, Francia, Italia y España). La figura 1 muestra los principales resultados.
Figura 1 Cambios demográficos en Estados Unidos y Europa
Nuestra interpretación de estos resultados es la siguiente. A medida que disminuye la mortalidad, aumenta el ahorro y baja el tipo de interés, lo que proporciona más recursos para la innovación, la automatización y las inversiones de capital. Al disminuir la fecundidad, la nueva cohorte de trabajadores que se incorpora al mercado laboral también se reduce, lo que eleva los salarios y reduce la rentabilidad del sector intensivo en trabajo, impulsando la automatización. Como los robots son más productivos que el trabajo, la productividad aumenta. Ambos mecanismos conducen a un aumento inicial del crecimiento de la producción. Sin embargo, a medida que caen los beneficios del sector intensivo en trabajo, disminuye la inversión en innovación. Además, una caída de la fecundidad implica que el grupo de trabajadores disponibles para la innovación se reduce. Al disminuir el crecimiento de los nuevos bienes, el crecimiento global se reduce, lo que frena el ritmo de la automatización en el futuro.
Por tanto, una menor fecundidad y una mayor longevidad conducen a una mayor automatización tanto en Estados Unidos como en Europa, con un efecto más intenso en Europa, como se observa en los datos disponibles sobre la densidad de robots. A pesar de los efectos positivos de la automatización, dado que los recursos se desvían de la innovación, los cambios demográficos conducen a un menor crecimiento de la producción a medio plazo. Nuestros resultados indican que la demografía también podría contribuir a reforzar tres tendencias observadas en las últimas décadas, a saber, la caída de los tipos de interés reales, la caída de las participaciones de la renta laboral (Elsby et al. 2013, Karabarbounis y Neiman 2014) y la caída del precio de los robots (Graetz y Michaels 2018).
Existen especificaciones alternativas que podrían hacer menos probable este resultado pesimista. Por ejemplo, los escenarios que contemplan un retraso de la edad de jubilación, la migración de trabajadores de la producción a la I+D, un aumento de la brecha de productividad entre robots y trabajadores, y una mayor participación de las máquinas en la innovación (inteligencia artificial) mitigan los efectos negativos de los cambios demográficos sobre el crecimiento. Sin embargo, también hay escenarios en los que la automatización aumenta muy rápidamente («robocalipsis»), deprimiendo significativamente la participación de la renta laboral y el crecimiento futuro. Esto ocurre cuando la restricción de la senda de crecimiento equilibrado no se aplica durante la transición y, por tanto, a medida que aumenta la automatización, los robots también se producen de forma más eficiente y su precio baja.
Conclusiones
Es cierto que existe una gran incertidumbre sobre la naturaleza de los futuros cambios tecnológicos que traerán la robótica y la inteligencia artificial. En particular, sigue siendo una cuestión abierta hasta qué punto podrían ser complementarias del trabajo (como el cambio tecnológico sesgado hacia las cualificaciones del pasado) o sustituir a los trabajadores hasta el punto de eliminar el trabajo humano como insumo fundamental en la producción de algunos bienes, servicios e ideas (I+D). Sin embargo, las interacciones de los cambios demográficos y tecnológicos, destacadas por los mecanismos de transmisión que describimos, tienen nuevas implicaciones para el crecimiento y las desigualdades, que podrían requerir afrontarse con nuevos paradigmas tanto en el frente académico como en el político.



