La definición de activos intangibles debe actualizarse para incluir los conocimientos y las competencias que los sustentan.
Nuevas investigaciones muestran que las empresas que invirtieron en estos activos están logrando niveles más altos de crecimiento.
Los responsables políticos pueden impulsar la recuperación económica ayudando a definir estos activos e invirtiendo en competencias y educación.
Las revoluciones industriales y tecnológicas han cambiado repetidamente la forma en que se genera el crecimiento. Pasamos de la agricultura a las fábricas y luego a los ordenadores. Pero el crecimiento de mañana bien podría verse impulsado por algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más complejo: el conocimiento.
En nuestro mundo cada vez más desmaterializado, nuestras herramientas son cada vez menos tangibles. Ahora es el momento de prestar atención a los llamados «activos intangibles», que son mucho más que una categoría esotérica de inversión que interesa sobre todo a los contables. Las pruebas cada vez más numerosas sugieren que los intangibles están transformando las economías e impulsando el crecimiento.
El verdadero alcance de su valor está siendo muy subestimado, ya que estos activos no se reflejan por completo en las cuentas nacionales ni en los balances corporativos. A medida que las economías empiezan a recuperarse de la pandemia, una oleada de inversión en activos intangibles podría infundir nueva vida a la productividad y desbloquear más crecimiento, siempre que se desplieguen de forma eficaz.
Nuestra nueva investigación revela que las empresas, los sectores y las economías que más invierten en activos intangibles – propiedad intelectual (PI), investigación, tecnología, software, capital humano, capacidades digitales, directivas y organizativas – crecen más rápido. Los intangibles están asociados a una mayor productividad y crecimiento en las empresas, los sectores e incluso economías enteras.
Las empresas situadas en el 10 % superior en crecimiento del valor añadido bruto (VAB), una medida del crecimiento económico, las llamadas «de mayor crecimiento», invierten 2,6 veces más en activos intangibles que el 50 % inferior de las empresas, conocidas también como «de menor crecimiento». En medio del debate perenne sobre el descenso estructural a largo plazo de la inversión privada, puede que las empresas (o al menos las de alto rendimiento) estén, de hecho, invirtiendo mucho, pero más en intangibles que en activos tangibles.

Existe un vínculo similar a nivel sectorial. Los sectores que han invertido más del 12 % de su VAB en activos intangibles lograron un crecimiento un 28 % superior al de otros sectores. En economías con grandes sectores ricos en intangibles, el impacto puede haber sido suficiente para impulsar el crecimiento de toda la economía. De hecho, también parece existir un vínculo entre la inversión en intangibles y el crecimiento de la productividad (total de factores). Tras la crisis financiera mundial de 2008, el crecimiento de la inversión en intangibles se desaceleró; el crecimiento de la productividad también se ralentizó.
¿Por qué hay que redefinir los activos intangibles?
Estos indicios de una relación entre los intangibles y el crecimiento sugieren con fuerza que deberíamos centrarnos más en ellos. Pero antes, debemos definirlos adecuadamente. Tradicionalmente, la mayoría de las empresas han considerado los intangibles como fondo de comercio, PI y software, pero esta visión es demasiado restrictiva. Una definición más amplia ha sido citada por Jonathan Haskel y Stian Westlake: los intangibles abarcan el capital humano –el talento y las competencias que sustentan la economía del conocimiento en expansión– y el saber hacer digital, organizativo y directivo.
Debido a los problemas de definición, es posible que no se valore suficientemente la magnitud del cambio hacia los intangibles. En los últimos 25 años, la inversión en activos intangibles ha aumentado de forma constante como proporción de la inversión total en Estados Unidos y en 10 economías europeas. En 1995, la proporción era de unos 70:30 a favor de la inversión tangible; en 2019, la proporción fue de 60:40. Durante 2020, cuando la pandemia golpeó tan duramente a las economías, parece que la inversión en intangibles experimentó otro impulso de crecimiento, reflejo de una aceleración de la digitalización. Puede que no tarde mucho en que los intangibles representen la mitad de toda la inversión.
Los intangibles abarcan el capital humano – el talento y las competencias que sustentan la economía del conocimiento en expansión.
Eric Hazan y Sven Smit.
Solo las empresas que lograron mantener las tasas de crecimiento de 2019 durante 2020 fueron aquellas que habían invertido cantidades significativas en toda la gama de intangibles: innovación, datos y análisis, capital humano y capital de marca. Los intangibles son interdependientes y, al invertir en toda la gama, las empresas crean sinergias y han demostrado ser más resistentes a las grandes conmociones económicas.
Pero no solo se trata de la inversión, sino de cómo se despliega. Una nueva encuesta a más de 860 directivos indica que la principal diferencia entre las empresas de mayor crecimiento y las de menor crecimiento no es solo que inviertan más en intangibles y reconozcan su importancia para la ventaja competitiva, sino que se centran en desplegarlos de forma eficaz.
Cuando se les pidió precisión sobre qué genera rendimientos desproporcionados en la encuesta a directivos, las empresas de mayor crecimiento dieron respuestas detalladas. Citan casos de uso específicos, procesos rigurosos, toma de decisiones basada en datos y el uso de la inversión en intangibles para incorporar datos, talento, innovación y propósito en sus operaciones cotidianas. En definitiva, las de menor crecimiento planifican, mientras que las de mayor crecimiento pasan a la acción.
Para las empresas de mayor crecimiento, obtener acceso a los datos es solo un primer paso básico; piensan en cómo usar los datos en tiempo real, invierten en talento analítico y en una arquitectura tecnológica flexible. También tienen más del doble de probabilidades de considerar la personalización como elemento central de la experiencia del cliente.
Además, las empresas de mayor crecimiento tienen el doble de probabilidades que las de menor crecimiento de transformar sus propios modelos de negocio, en lugar de esperar a ser disruptadas. De hecho, indicaron que buscan activamente oportunidades para invertir en innovación disruptiva. Las empresas de mayor crecimiento también parecen entender que desplegar intangibles es un objetivo en movimiento, y que necesitan reexaminar continuamente qué tipo de intangibles tienen más probabilidades de: aportar competitividad y crecimiento; poder escalarse; generar sinergias que puedan crear valor en otras áreas de la economía del aprendizaje.
Los responsables políticos deben desempeñar su papel
Si los intangibles desempeñan un papel cada vez mayor en la generación de crecimiento, sería beneficioso que más empresas dieran prioridad a estas inversiones, y la fórmula que emplean las empresas de mayor crecimiento apunta el camino a seguir. Los responsables políticos pueden contribuir impulsando esfuerzos a gran escala para intensificar el desarrollo de competencias y garantizando que exista la infraestructura de conocimiento adecuada, incluida una educación de alta calidad, tecnologías de la comunicación y el gasto en especialidades científicas.
También pueden garantizar que exista la infraestructura institucional adecuada, con una normativa actualizada en todos los aspectos de la economía digital y del conocimiento. Un primer paso útil sería que los gobiernos trabajen con las agencias estadísticas nacionales para actualizar las definiciones de intangibles y adaptarlas a las realidades de la economía del conocimiento moderna.



