En 1973, Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, presentó el primer Manifiesto de Davos, un conjunto de principios éticos.
Cincuenta años después de su fundación, el Foro ha presentado un nuevo manifiesto.
La economía mundial ha experimentado una enorme transformación en este periodo, con el auge de las grandes tecnológicas, China, la desigualdad salarial y las empresas éticas.
Cuando se empezó a planificar en 1970 el primer Simposio Europeo de Gestión en Davos, una localidad de esquí poco conocida de los Alpes suizos, la idea de que las empresas debían tener en cuenta mucho más que los resultados financieros seguía siendo bastante novedosa. Aquella primera versión de lo que se convertiría en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial contribuyó a establecer la idea de que las empresas deben servir a la sociedad en su conjunto, y no solo a los accionistas: un concepto de «partes interesadas» recogido en el Manifiesto de Davos de 1973.
Avanzando casi 50 años, la generalización del capitalismo de las partes interesadas está en pleno apogeo. Un ejemplo: la Business Roundtable, una organización que reúne a los consejeros delegados de las mayores empresas estadounidenses y que en su día definió el propósito de una empresa como el de servir a los accionistas, redefinió recientemente dicho propósito para incluir un compromiso con todas las partes interesadas. Otros cambios importantes ocurridos en las últimas cinco décadas incluyen la creciente influencia de las empresas tecnológicas, la mayor presencia de multinacionales de países en desarrollo, la ampliación del grupo mundial de talento y un preocupante aumento de la desigualdad de ingresos.
Una vocación social
¿Podría haber prosperado hace 50 años una empresa como Patagonia, la firma de ropa de exterior que define su razón de ser como salvar el planeta, ¿verdad? El auge de la innovación social, destinada a tener un impacto ambiental o social positivo, de forma muy similar a lo expuesto en el Manifiesto de Davos, ha sido una tendencia especialmente llamativa en las últimas décadas. Solo desde 2014, el número de «B Corporations» certificadas, es decir, empresas con compromisos verificados de equilibrar beneficios y propósito abordando cuestiones como la desigualdad y los derechos de los trabajadores, ha aumentado alrededor de un 366%:
Un gigante empresarial de otro tipo
¿Cómo han cambiado en los últimos 50 años las empresas más influyentes del mundo? En resumen: más tecnología y menos extracción de recursos naturales. Una medida de ello es el Promedio Industrial Dow Jones, el índice bursátil estadounidense de referencia. Las 30 empresas del Dow en 1970 incluían nombres como American Can y Texaco, y solo una, Eastman Kodak Company, era una empresa tecnológica. Actualmente hay cinco empresas tecnológicas en el índice (entre ellas Apple y Microsoft), y mientras que en 1970 la mitad de las empresas incluidas eran fabricantes, esa cifra se ha reducido a ocho; asimismo, las petroleras han pasado de tres a dos, y las de productos químicos y minería, de cinco a una. Aquí vemos la composición del Dow por sector, entonces y ahora:
El auge del mundo en desarrollo
No solo ha cambiado en el último medio siglo el tipo de empresas que influyen en la economía mundial, sino también su ubicación. En 1970, las multinacionales de economías emergentes representaban apenas el 0,4 % de la inversión extranjera directa saliente mundial, cifra que se disparó hasta el 15,8 % en 2008. Actualmente, dos de las diez mayores empresas del mundo por capitalización bursátil proceden de la Gran China: Tencent y Alibaba (el resto son estadounidenses). Aquí vemos los incrementos de capitalización bursátil desde 2009 de las empresas que se encuentran entre las 100 más grandes del mundo, según el lugar en el que tienen su sede; en el caso de las empresas chinas de este grupo, el aumento ha sido del 141 %, mientras que para las empresas del resto del mundo, excluidos Estados Unidos y Europa, ha sido del 40 %:
Un grupo de talento más amplio
La población mundial se ha vuelto mucho más móvil en el último medio siglo. Según la ONU, el número total de migrantes internacionales aumentó un 78 % entre 1990 y este año, hasta casi 272 millones. Los lugares que han abierto sus mercados laborales a candidatos extranjeros han visto multiplicarse sus opciones para contratar la mano de obra que tanto necesitan. Singapur, que encabezó el Índice Global de Competitividad del Foro para 2019, es un ejemplo elocuente. Aquí vemos el desglose de la población de Singapur en 1970 y en 2010, donde los «no residentes» son extranjeros con un permiso de empleo o un permiso de trabajo en la ciudad-Estado:
Aumento de la desigualdad de ingresos
No todas las tendencias han sido necesariamente positivas en los últimos 50 años. La desigualdad de ingresos ha aumentado en muchas partes del mundo, lo que ha contribuido a avivar el malestar social y el auge de la retórica populista. Según un informe publicado este año por la OCDE, la brecha entre ricos y pobres se ha ampliado en la gran mayoría de los países miembros durante las últimas décadas. Un informe separado de la OCDE informe puso de manifiesto el aumento de la desigualdad de ingresos en los países miembros entre 1970 y 2000, donde las puntuaciones más bajas del «coeficiente de Gini» indican menos desigualdad, y las más altas, más desigualdad. Aquí vemos el aumento de las puntuaciones (y de la desigualdad de ingresos) en tres de esos países:
Para más contexto, aquí tiene una serie de enlaces a lecturas más profundas, cortesía de la plataforma Strategic Intelligence del Foro Económico Mundial:
- ¿Por qué hablan los consejeros delegados estadounidenses del capitalismo de las partes interesadas? Por un lado, los inversores activistas les han complicado la vida. Por otro, la política y la opinión pública están cambiando en Estados Unidos, donde dos destacados candidatos a la nominación presidencial demócrata de 2020, Bernie Sanders y Elizabeth Warren, han reclamado grandes cambios en la forma en que se dirigen las corporaciones. (Project Syndicate)
- Durante casi 50 años, la doctrina de que las empresas saben mejor y de que la regulación es perjudicial ha sido la posición política por defecto de la corporación estadounidense, y la «innovación sin permiso» ha dado lugar a la «explotación sin permiso». Ahora esperamos la primera prueba concreta de que esto está cambiando. (Brookings)
- Singapur se presenta como una de las grandes historias de éxito económico del último medio siglo, pero ello se debe a su personalidad dividida: por un lado, es un enclave de bajos impuestos y escasa regulación que atrae capital global; por otro, aplica políticas intervencionistas destinadas a fomentar la cohesión social en materia de vivienda y educación. Si el Reino Unido realmente quiere seguir el modelo de la ciudad-Estado tras el Brexit, le conviene perseguir ambas caras de esa personalidad. (CityMetric)
- El Reino Unido no tiene un gran historial en los últimos 50 años en lo que respecta a fomentar la cohesión social. De hecho, contribuyó significativamente a la desigualdad en la Unión Europea a lo largo de los años, ya fuera a través del papel de Margaret Thatcher en la culminación del mercado único, influyendo en la respuesta de la UE a la crisis bancaria de 2008 o incidiendo en la estrategia de la UE para construir una economía basada en el conocimiento. (LSE)
- Los opositores a la globalización han aumentado en número en las últimas décadas, ya sean votantes de Trump o agricultores franceses. Pero los sesgos antiglobalización inherentes contribuyen a menudo a políticas públicas equivocadas que no benefician a nadie. Un ejemplo: iniciar una guerra comercial con China, cuando los sectores estadounidenses que dependen de equipos chinos registran un crecimiento del empleo y unos aumentos salariales mayores que los demás. (Project Syndicate)
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