Al crecer, fui un niño extraordinariamente bueno. Sacaba buenas notas, fui a una buena escuela, me gradué y conseguí un buen trabajo. Pero, al llegar a la edad adulta, me di cuenta de que destacaba sobre todo en dos cosas: conseguir que las figuras de autoridad me apreciaran y trabajar por recompensas extrínsecas.
Cuando trabajo por motivadores extrínsecos en lugar de intrínsecos, un ángel sobre mi hombro me ruega que escuche a mi corazón, no a mi cuenta bancaria. Y cuanto más ignoro esa voz, más insensible me vuelvo.
Me he dejado engañar hasta creer que los motivadores extrínsecos, como el dinero y el estatus, son más importantes que los intrínsecos, como el amor y la creatividad. Ahora multipliquen mi problema por 300.000.000: esta es la raíz de la desigualdad económica en Estados Unidos. La insensibilidad no favorece la inclusión ni la equidad.
¿Cómo podemos resolver este problema? Tradicionalmente, el éxito económico se basa en el producto nacional bruto, que nos anima a centrarnos en la producción y en ganar dinero, aunque sea a costa de otras necesidades humanas fundamentales, como la creatividad y la libertad. Por ejemplo, acepté un trabajo que no me parecía significativo para ganar más dinero.
Si pudiera cambiar una sola cosa para crear una economía más justa y equitativa en Estados Unidos, redefiniría el éxito económico como la capacidad de una economía para satisfacer todas las necesidades humanas fundamentales, y no solo su capacidad para producir capital. A mí, en particular, me gusta la lista de necesidades humanas fundamentales de Manfred Max Neef: subsistencia, protección, afecto, comprensión, participación, ocio, creación, identidad y libertad. Pero cualquier medida del éxito económico que vaya más allá de la producción mejoraría nuestro mecanismo de evaluación actual.
Si los economistas de mi Gobierno tuvieran en cuenta estas necesidades humanas fundamentales, verían que, en realidad, Estados Unidos no es una nación tan próspera. Es raro encontrar a alguien con un trabajo que considere significativo. Y quienes tienen la suerte de contar con un empleo trabajan en exceso: la mayoría no utiliza todos sus días de vacaciones cada año.

No basta con que nuestro Gobierno y nuestros dirigentes piensen en satisfacer las necesidades humanas; cada uno de nosotros tiene que ponerlo en práctica. Tenemos que volver a entrenarnos para centrarnos en los motivadores intrínsecos, en lugar de los extrínsecos. Tenemos que recordar cómo escuchar los susurros de nuestro corazón. Si lo hacemos, quedará claro que la desigualdad que nos rodea no está bien, y sentiremos un deseo intrínseco de hacer algo al respecto. Esto exige mucho valor y transformación.
Y la transformación empieza conmigo. Decidí abordar este problema a escala personal eliminando de mi vida todo lo que hago por motivaciones extrínsecas. Dejé mi cómodo trabajo en Google para mudarme a China y trabajar como especialista en escenas de riesgo en la industria cinematográfica. Después dejé ese trabajo para crear un negocio de asesoría y ayudar a otras personas que quieren vivir para sí mismas, en vez de para las figuras de autoridad. En resumen, empecé a escuchar a mi corazón en lugar de a mi jefe, a mi profesor de matemáticas o a mis padres. Empecé a trabajar por motivadores intrínsecos, en lugar de extrínsecos.
Pero, para ser sincero, apenas he empezado a comprender lo mucho que me condiciona trabajar por motivadores extrínsecos, y solo he arañado la superficie de lo que supone erradicarlos por completo. Incluso con los pocos cambios que he hecho en mi vida, ha ocurrido algo maravilloso: quienes me rodean vieron mi crecimiento y empezaron a crear transformaciones similares en sus propias vidas.
Una de mis mejores amigas dirigía un negocio que detestaba, así que lo dejó y se mudó a Filipinas para convertirse en instructora de buceo en apnea. Sus amigos se sintieron tan inspirados por ella que también empezaron a transformarse. Y hay incontables ejemplos más, como el de un antiguo compañero de trabajo que dejó su cómodo empleo para cumplir su sueño de convertirse en nómada digital, después de conversar conmigo sobre mi recorrido.
En todos estos ejemplos, las personas no solo se sintieron más empoderadas y realizadas, sino que también se volvieron más compasivas. Nuestras vidas están tan entrelazadas que, cuanto más conectamos con nosotros mismos, más conectamos con los demás.
Cuando me di cuenta de lo poderoso que era esto, decidí hacerlo de forma más intencional. Puse en marcha un proyecto llamado Fearless. Es un grupo que se reúne con regularidad e invita a miembros de la comunidad a practicar el valor y la compasión. Lo hacemos creando listas de cosas que nos da miedo hacer, pero que también nos empoderarían, y luego planteamos retos basados en esas listas. Algunos han sido pequeños, como presentarse a los vecinos. Otros han sido grandes, como un viaje por carretera improvisado a Montreal (a 12 horas en coche de Detroit). Pero el hilo común de todos los retos ha sido un mayor empoderamiento y conexión.
Cuanto más empoderados nos sentimos, más defenderemos lo que sabemos que es justo. Cuanto más profundos sean nuestros vínculos con nosotros mismos y entre nosotros, menos toleraremos la desigualdad.
Eric Couillard es miembro de Global Shapers del Foro Económico Mundial y forma parte del centro de Detroit. Su artículo es el ganador de este mes del concurso de ensayos de Global Shapers, cuyo tema es el crecimiento inclusivo.



