Cómo reconfigurar el crecimiento económico para una nueva era

Global economic growth has lost momentum; reigniting it will be essential to addressing looming challenges.
Global economic growth has lost momentum; reigniting it will be essential to addressing looming challenges.Image: Unsplash/Conrad Alexander
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  • El crecimiento mundial ha perdido impulso; reactivarlo será esencial para afrontar los desafíos que se avecinan.

  • Pero hacerlo no debe ir en detrimento de otras prioridades, como la sostenibilidad y la igualdad.

  • Para contribuir a la respuesta, el Foro Económico Mundial presenta un marco que complementa las métricas tradicionales de crecimiento y ofrece una visión más integral de su calidad.

Desde la crisis financiera de 2007, el crecimiento mundial ha perdido impulso. En promedio, el crecimiento del PIB ha pasado de más del 2 % en las economías avanzadas y casi el 6 % en las economías emergentes y en desarrollo a principios de la década de 2000 a menos del 1,5 % y menos del 2 %, respectivamente, en el período posterior a la COVID-19.

Esta desaceleración se ha visto agravada por una sucesión de crisis —geopolíticas, financieras y medioambientales— que han suscitado preguntas no solo sobre la conveniencia de los enfoques predominantes para estimular el crecimiento económico, sino también sobre los objetivos y valores que lo sustentan.

Calidad y cantidad

Reactivar el crecimiento mundial será esencial para afrontar los desafíos que se avecinan.

Sin embargo, en el pasado, centrarse a corto plazo en el crecimiento a toda costa ha contribuido al daño medioambiental, ha agravado la desigualdad y ha eliminado salvaguardias de resiliencia en aras de la máxima eficiencia.

La cuestión no es si el mundo necesita más crecimiento, sino hasta qué punto la naturaleza del crecimiento necesario también puede impulsar otras prioridades importantes.

Para contribuir a la respuesta, el Foro Económico Mundial presenta un nuevo marco cuantitativo que complementa las métricas tradicionales de crecimiento y ofrece una visión más integral de su calidad. Se basa en cuatro pilares: capacidad de innovación, inclusividad, sostenibilidad y resiliencia.

Hoy vemos que la economía mundial se encuentra a medio camino de una trayectoria ideal de crecimiento plenamente innovador, inclusivo, sostenible y resiliente. Ninguna economía ha obtenido, en ninguna de las cuatro dimensiones del marco, una puntuación superior a 80; 100 es el máximo teórico posible.

Perfiles de crecimiento

Economías de ingreso alto, con un PIB medio per cápita de 52 475 $ (en paridad de poder adquisitivo) en 2023, registraron un crecimiento medio anual del PIB per cápita del 1,01 % durante los cinco años anteriores, de 2018 a 2023. Su trayectoria de crecimiento suele caracterizarse por puntuaciones altas en inclusividad (68,9), capacidad de innovación (59,4) y resiliencia (61,9), aunque todavía pueden mejorar en sostenibilidad (45,8).

Entre los países de este grupo figuran Australia, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Arabia Saudita, Corea del Sur, el Reino Unido y Estados Unidos. Algunas puntuaciones destacadas son las de Suiza (80,4), Singapur (76,4) y Estados Unidos (74,1) en capacidad de innovación; Finlandia (77,7) y Canadá (75,8) en inclusividad; Suecia (60,9), Alemania (56,3) y el Reino Unido (54,0) en sostenibilidad; y Australia (69,5) y Japón (66,3) en resiliencia.

Entre los desafíos comunes que impiden que este grupo alcance un crecimiento más equilibrado destacan la disponibilidad de talento, el acceso a oportunidades laborales equitativas, el lento desarrollo y adopción de tecnologías verdes, y la insuficiencia de la recapacitación y el aprendizaje permanente.

Economías de ingreso mediano alto, con un PIB medio per cápita de 17 900 $ en 2023, registraron un crecimiento medio anual del PIB per cápita del 1,32 % durante los cinco años anteriores. Su trayectoria de crecimiento suele dar relativamente mucha importancia a la inclusividad (54,8) y la resiliencia (50,0), aunque todavía pueden mejorar en sostenibilidad (44,0) y capacidad de innovación (39,3).

Entre los países de este grupo figuran Argentina, Brasil, Indonesia, México, Sudáfrica y Türkiye. Algunas puntuaciones destacadas son las de Malasia (52,3) y Sudáfrica (44,1) en capacidad de innovación; Brasil (56,0) y Costa Rica (48,8) en sostenibilidad; e Indonesia (57,9) en resiliencia.

Entre los desafíos comunes que impiden que este grupo alcance un crecimiento más equilibrado destacan la capacidad de investigación, la desigualdad de riqueza e ingresos, la alta intensidad energética no renovable y la generación de residuos, y la estabilidad financiera.

Economías de ingreso mediano bajo, con un PIB medio per cápita de 7 633 $ en 2023, registraron un crecimiento medio anual del PIB per cápita del 1,95 % durante los cinco años anteriores. Su trayectoria de crecimiento suele centrarse en la resiliencia (45,8); sus puntuaciones en sostenibilidad (50,0) son superiores a las de las economías más ricas, aunque todavía pueden mejorar en inclusividad (44,8) y capacidad de innovación (34,9).

Entre los países de este grupo figuran Bangladesh, Egipto, India, Nigeria, Pakistán, Filipinas y Viet Nam. Algunas puntuaciones destacadas son las de Jordania (45,1) en capacidad de innovación; Viet Nam (56,2) en inclusividad; Kenia (57,2) e India (56,0) en sostenibilidad; y Filipinas (54,1) en resiliencia.

Entre los desafíos comunes que impiden que este grupo alcance un crecimiento más equilibrado destacan la absorción de tecnología, la falta de redes de protección social, la inversión insuficiente en energías renovables y la capacidad insuficiente del sistema sanitario.

Economías de ingreso bajo, con un PIB medio per cápita de 1 533 $ en 2023, registraron un crecimiento medio anual del PIB per cápita de tan solo el 0,22 % durante los cinco años anteriores. Su trayectoria de crecimiento suele caracterizarse por una huella medioambiental per cápita mucho menor —lo que se traduce en un alto desempeño en sostenibilidad (52,7)—, aunque todavía pueden mejorar en resiliencia (39,0), inclusividad (29,9) y capacidad de innovación (26,8).

Ruanda destaca por sus puntuaciones altas, en particular por su sólido desempeño en resiliencia (52,8). Entre los desafíos comunes que impiden que este grupo alcance un crecimiento más equilibrado destacan el capital y la conectividad en TIC, el acceso a la conectividad y a una nutrición saludable, la regulación medioambiental insuficiente y la diversificación insuficiente de las fuentes de energía.

Una vía hacia un crecimiento mejor

Aunque cada país afronta sus propias disyuntivas y sinergias al diseñar sus políticas, hay algunas lecciones que son casi universales.

La mayoría de los países no están suficientemente preparados para el cambio demográfico. En las economías de ingreso alto, la disponibilidad de talento es un obstáculo cada vez mayor para seguir impulsando la innovación. Esto genera oportunidades para el comercio de servicios procedentes de economías en desarrollo que aún están en gran medida sin aprovechar, en parte debido a la baja digitalización.

Las tasas de digitalización de las economías avanzadas y en desarrollo divergen en vez de converger, lo que provoca brechas económicas persistentes y oportunidades de innovación desaprovechadas. La digitalización para todos, junto con la infraestructura y los servicios que la acompañan, es fundamental.

La desigualdad de ingresos ha aumentado por primera vez en décadas y actualmente es el obstáculo más evidente para que el crecimiento sea inclusivo. Será esencial garantizar un amplio acceso a servicios básicos como la salud y el aprendizaje permanente, además de una protección social adecuada.

Los compromisos institucionales aún no se han traducido en la integración sistémica de la reducción de emisiones en los modelos de crecimiento. La financiación y la tecnología verdes son los eslabones que faltan en el camino hacia la sostenibilidad.

Por último, los enfoques introspectivos no bastan para lograr resiliencia: las economías más abiertas siguen teniendo mayores ingresos per cápita y se recuperan mejor de las perturbaciones. También son fundamentales las iniciativas locales, como fortalecer la arquitectura financiera y la seguridad alimentaria.

La Iniciativa Future of Growth del Foro Económico Mundial encabezará una campaña de dos años para ayudar a los responsables de formular políticas a equilibrar el crecimiento, la innovación, la inclusión, la sostenibilidad y la resiliencia.

Necesitamos actuar con mayor urgencia y ambición para reconfigurar el crecimiento en esta nueva era. Los responsables de formular políticas en ámbitos clave —finanzas, industria, economía, comercio, planificación, medioambiente y trabajo— deben prestar atención.

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