Cómo la colaboración impulsa la economía circular

Cómo la colaboración impulsa la economía circular
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La necesidad es la madre de la innovación, parafraseando el famoso dicho. Necesitamos un nuevo modelo de economía circular para construir empresas verdaderamente sostenibles, un hecho que reconocen los líderes empresariales que se reúnen este año en el Foro Económico Mundial de Davos.

La economía circular ocupa un lugar destacado en la agenda, incluida la cuestión vital de cómo desarrollar las nuevas cadenas de valor que la sustentarán. En nuestro negocio, mantenemos conversaciones periódicas con nuestros socios y concebimos nuevos enfoques «circulares», como los «mercados de segunda vida», en los que los productos se reacondicionan y se comercializan entre nuevos clientes, lo que prolonga su vida útil y crea nuevas fuentes de ingresos.

Lo cierto es que el cambio climático y la escasez de recursos no desaparecerán a menos que cambiemos las cosas. Un mayor uso de energías renovables y un aprovechamiento más inteligente de los recursos del planeta son fundamentales para el modelo circular, en el que se adoptan cada vez más métodos de refabricación, reciclaje y reutilización. Necesitaremos este cambio a medida que el mundo esté cada vez más poblado y más personas tengan suficiente riqueza para consumir nuevos bienes y servicios.

Se prevé que para 2030 habrá 5.000 millones de consumidores de clase media en el planeta. Este cambio también promete ser muy rentable: una investigación de McKinsey y la Fundación Ellen MacArthur calcula que los métodos empresariales circulares podrían generar un billón de dólares al año en ahorros de costes.

Estamos en los albores de esta revolución, pero podemos ver la necesidad, y todo el ingenio que podamos reunir nos ayudará a llegar a buen puerto. Uno de los retos para llevar a cabo esta transformación es adaptar las cadenas de valor que conectan las redes comerciales del mundo al proceso circular. Necesitamos flujos de materiales que circulen en sistemas de ciclo cerrado: debemos poder desmontar fácilmente los productos y aprovechar todos los materiales cuando se devuelvan. Necesitamos nuevos modelos de reacondicionamiento y refabricación que generen nuevas fuentes de ingresos en el mercado de segunda vida.

Todo esto se sustentará en enfoques más orientados a los servicios. En lugar de poseer activos, los clientes los alquilarán y harán que los fabricantes los revisen y mantengan. Al final de su primer ciclo de vida, los fabricantes los recuperarán y los prepararán para una segunda vida.

Como parte de una empresa que ofrece soluciones para sustentar estas nuevas cadenas de valor circulares, es emocionante ver cómo van tomando forma. En una amplia variedad de sectores —sanidad, agricultura, industria y construcción— vemos arraigar acuerdos de gestión de activos a lo largo de su ciclo de vida. Esto está haciendo realidad el sueño de los visionarios de la economía circular, que llevan mucho tiempo sosteniendo que debemos pasar de una cultura de propiedad de activos a otra basada en los servicios. El fabricante sigue a cargo del activo —ya sea un escáner de resonancia magnética, una carretilla elevadora o una cosechadora— y, con la ayuda de los demás socios de la cadena de valor, puede planificar cómo prolongar la vida útil del producto.

Un importante fabricante de remolques con el que trabajamos está desarrollando una exitosa división de reacondicionamiento, que prolonga la vida útil de sus productos y reduce los costes para sus clientes. El CEO afirma que el nuevo negocio de segunda vida tiene valor estratégico para sus clientes finales. Estas divisiones de reacondicionamiento también prosperan en otros sectores manufactureros con los que trabajamos, como los de las carretillas elevadoras y los escáneres de resonancia magnética.

La actitud de la gente está cambiando. Empezamos a vislumbrar un mundo en el que, por ejemplo, los usuarios de equipos costosos pero esenciales para el sector de la construcción estarán dispuestos a prestar su maquinaria a otras empresas cuando no la necesiten. La posibilidad de utilizar activos como estos con mayor eficiencia supondrá un enorme impulso para las empresas y la economía.

Hemos comprobado que trabajar estrechamente con nuestros socios para descubrir cómo hacer realidad la economía circular conduce a soluciones. En un caso, nuestra división de movilidad, Athlon, inició «el debate sobre los neumáticos ecológicos», que reunió a integrantes de la cadena de suministro de neumáticos, ONG, clientes y otras partes interesadas para aumentar el porcentaje de neumáticos reciclados, rediseñar la composición de los materiales de los neumáticos del futuro y sentar las bases para futuros debates.

Como socio, también hemos experimentado el poder de trabajar juntos en una iniciativa llamada Circular Economy Challenge, puesta en marcha por nuestra empresa matriz, Rabobank, en la que nueve organizaciones de los sectores de la alimentación y la agricultura y del automóvil se unieron para buscar formas de desarrollar modelos circulares. Esto llevó invariablemente a dos preguntas clave: cómo pueden acordar los socios de la cadena de valor repartirse los costes adicionales que implica adoptar un modelo circular y cómo hacerlo posible mediante soluciones financieras innovadoras.

Mediante la colaboración y el trabajo conjunto con nuestros socios a lo largo de la cadena de valor, estamos descubriendo que podemos dar el paso hacia la economía circular.

Autor: Bill Stephenson es CEO y presidente del Consejo de Administración de DLL.

Imagen: Billetes triturados y comprimidos para convertirlos en combustible para calefacción se distribuyen en la Fundación para Ayudar al Autismo, en Miskolc, al este de Hungría, el 7 de febrero de 2012. REUTERS/Laszlo Balogh.

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