Las empresas o las personas que solicitan un préstamo deben demostrar que tienen una situación financiera sólida, y las ciudades no son diferentes:
Las ciudades necesitan solvencia crediticia para financiar costosos proyectos de infraestructura, pero esto suele suponer un gran desafío para los gobiernos del mundo en desarrollo.
Más de la mitad de la población mundial vive ahora en ciudades, una proporción que, según estima la ONU, aumentará a dos tercios para 2050. Se necesitan billones de dólares en inversiones para garantizar que estas ciudades sean lugares habitables y resilientes, con agua potable y saneamiento, buenos sistemas de transporte público y escuelas, y oportunidades económicas para sus habitantes.

Sin embargo, pocos bancos e inversores están dispuestos a apostar por ciudades con economías débiles, pues se las considera demasiado arriesgadas desde el punto de vista financiero. A diferencia de las ciudades de Estados Unidos y Europa, que tienen una larga trayectoria de endeudamiento y de obtención de préstamos e inversiones, la mayoría de las zonas urbanas de rápido crecimiento de las regiones en desarrollo ni siquiera tienen una calificación crediticia. Como consecuencia, los servicios municipales se resienten.
Arusha, en el norte de Tanzania, es un caso típico. De una población de poco más de 400.000 habitantes, hasta siete de cada 10 viven en asentamientos informales o no planificados, con acceso limitado o nulo al agua potable y la electricidad. Sin historial crediticio, las autoridades de Arusha no podían obtener la financiación comercial necesaria para proyectos de infraestructura esenciales.
A través de la Iniciativa de Solvencia Crediticia de las Ciudades —un programa puesto en marcha por el Banco Mundial, el Servicio de Asesoramiento para Infraestructuras Público-Privadas y la Fundación Rockefeller para ayudar a las ciudades más pobres del mundo a alcanzar la solvencia crediticia y un crecimiento resiliente—, Arusha ha adoptado una estrategia innovadora para fortalecer las finanzas municipales y, a su vez, reforzar la capacidad de la ciudad para atraer financiación.
Uno de los criterios más importantes para tener buen crédito es garantizar que los ingresos de la ciudad superen los gastos de forma previsible. Por eso, como primer paso, las autoridades municipales tuvieron que averiguar de dónde procedía todo el dinero de la ciudad y a qué ritmo podía crecer, así como cómo se fijaban los tipos impositivos y se recaudaban los impuestos.
Con la Herramienta de Solvencia Crediticia de las Ciudades, una herramienta de autoevaluación diseñada para ayudar a las ciudades a elaborar planes de acción que refuercen su solvencia crediticia, las autoridades municipales analizaron los datos y detectaron graves problemas en el sistema de recaudación de impuestos de Arusha. Más del 70% de los residentes de la ciudad nunca pagaba impuestos, y la mayoría de las pequeñas empresas no llevaba registros precisos.
Como segundo paso, en apoyo al Proyecto de Ciudades Estratégicas de Tanzania, la Iniciativa de Solvencia Crediticia colaboró con Arusha para utilizar un sistema de información geográfica —un programa cartográfico que permite visualizar e interpretar tendencias y patrones—, gracias al cual los funcionarios municipales pudieron identificar todas las propiedades y los ingresos potenciales de la extensa zona urbana, y elaborar un plan para mejorar la recaudación de impuestos.
Encontrar a quienes evaden impuestos es una cosa; conseguir que los paguen es otra. Con demasiada frecuencia, las ciudades que ofrecen servicios públicos deficientes encuentran resistencia a la recaudación de impuestos por parte de residentes que dicen ver pocas mejoras a cambio de su dinero. Para justificar claramente el pago de impuestos, la ciudad puso en marcha una campaña de concienciación pública que mostraba cómo los impuestos se traducen en beneficios tangibles, como carreteras, escuelas y hospitales nuevos.
Estos esfuerzos han dado frutos. Los ingresos de las arcas municipales aumentaron un 140% entre 2011 y 2015, los últimos años con datos disponibles, y la tendencia continuará en 2016. Gracias a estos ingresos adicionales, Arusha ya no depende en exceso de la financiación del gobierno central y las autoridades pueden buscar otras fuentes de inversión mientras la ciudad avanza hacia la solvencia crediticia.
Ya se están diseñando proyectos por un valor estimado de 10 millones de dólares, entre ellos estaciones de autobús, mercados y puentes. Por su proximidad al monte Kilimanjaro y al parque nacional Serengueti, Arusha también aspira a convertirse en un centro turístico ecológico.
Cualquiera que solicite un préstamo entenderá lo importante que es poner en orden las finanzas para garantizar la estabilidad económica y unos ingresos estables. Y aunque el presupuesto de una ciudad es obviamente más complejo que el de una persona, ambos persiguen lo mismo: unas finanzas transparentes, ordenadas y saneadas. En otras palabras, toda ciudad necesita una buena calificación crediticia para contribuir a asegurar un futuro mejor para sus habitantes.

