Nueva York comparte terrenos vacíos; Seattle tiene una biblioteca de herramientas, mientras que en Barcelona la gente puede recurrir a un banco del tiempo cuando necesita que alguien pasee a su perro o le ayude con los deberes. Los restaurantes de Melbourne cuentan con su propia plataforma para vender excedentes de comida, mientras que Kigali tiene una aplicación para pedir mototaxis que comprueba la seguridad de los conductores.
Estos son solo cinco ejemplos de la economía colaborativa que aparecen en un nuevo informe del Foro Económico Mundial titulado Colaboración en las ciudades: «De compartir a la economía colaborativa».
La investigación muestra que las plataformas de economía colaborativa han experimentado un rápido crecimiento y que las empresas que las respaldan ya suman una cuota de mercado total de 4,3 billones de dólares y emplean directamente a 1,3 millones de personas.
Las posibilidades se multiplican, y la multitud de aplicaciones y la mayor conectividad permiten ampliar acuerdos e ideas locales. En consonancia, aumenta la financiación de las empresas emergentes que comparten activos, que alcanzó los 23.400 millones de dólares en 2016.

La economía colaborativa promete transformar la vida urbana, impulsar la economía, fomentar la convivencia, tender puentes entre generaciones y grupos étnicos, y contribuir al cuidado del medio ambiente mediante un uso eficiente de los recursos.
Pero el informe del Foro Económico Mundial también subraya que es fundamental comprender los riesgos y dejar atrás la mentalidad reguladora para aprovechar todo el potencial de estas iniciativas.
Estos son cinco de los mejores ejemplos que presenta el informe:
1. Nueva York comparte sus terrenos
Esta iniciativa ha recuperado más de 1.000 parcelas vacías de suelo público para las comunidades de la ciudad de Nueva York.
El grupo, 596 Acres, coloca en las vallas que rodean los terrenos vacíos carteles que dicen: «Esta tierra es tuya», y anima a la población local a solicitar permiso para convertir el espacio en un jardín, parque o huerto. El cartel también facilita el registro municipal de la propiedad del terreno y el número de teléfono de la agencia con la que hay que ponerse en contacto.

596 Acres ofrece apoyo y asesoramiento, pero son los propios residentes quienes llevan adelante el proceso.
Desde 2011, se han transformado 200 terrenos y se han creado 39 nuevos espacios gestionados por la comunidad. Casi todos han adquirido suficiente valor para que el gobierno municipal de Nueva York los declare espacios comunitarios.
La idea se está extendiendo, y ciudades como Melbourne y Filadelfia ya están reproduciendo el proceso.
2. Kigali hace más seguro compartir mototaxis
Muchas ciudades del mundo han desarrollado sus propias aplicaciones para pedir vehículos con conductor. Pero en Kigali, la capital de Ruanda, una iniciativa llamada SafeMotos ha añadido una capa de seguridad.
Alrededor del 80 % de los accidentes en Kigali involucran a mototaxis, y sus habitantes tienen 700 veces más probabilidades de morir en un accidente allí que en el Reino Unido. El fundador de SafeMotos decidió lanzar la plataforma después de sufrir un accidente él mismo.

A los conductores se les proporciona un teléfono inteligente con una aplicación que registra su velocidad, aceleración y los datos del GPS y del giroscopio. Luego, esos datos se envían a servidores que analizan la información sin procesar y calculan una puntuación general de seguridad. Para seguir registrados, los conductores deben obtener una puntuación superior a 90 sobre 100. También ofrece conductoras para las clientas.
Sin embargo, el marco regulatorio dista mucho de estar claro, y una nueva propuesta para fijar tarifas por kilómetro podría dificultar la competencia de SafeMotos.
La empresa busca asociarse con ciudades para crear normas que le permitan seguir operando y, al mismo tiempo, mejorar la seguridad vial.
3. Melbourne comparte sus alimentos
Melbourne cuenta con un impresionante total de 144 iniciativas de intercambio de alimentos mediadas por la tecnología, y ShareCity la clasificó en el tercer puesto mundial en esta categoríaShareCity.
Un ejemplo es Yume, que permite a mayoristas de alimentos, como restaurantes y cafeterías de la ciudad, vender o donar sus excedentes. Su fundador se propuso cambiar las cosas tras ser testigo de la cantidad de alimentos que se desperdiciaban en el sector comercial.
Por ejemplo, un proveedor hizo un inventario y descubrió que le quedaban ocho toneladas de porciones de salmón de la temporada navideña. Puso el excedente de salmón a la venta en Yume con un descuento del 25 %, y se vendió en una semana. El proveedor no solo obtuvo ingresos por sus productos excedentes, sino que también recibió un informe medioambiental que explicaba que había contribuido a ahorrar 16 toneladas de CO2 y 500.000 litros de agua. Todos los proveedores de Yume cuentan con los certificados de seguridad alimentaria pertinentes.
El sistema actual de suministro de alimentos en Australia hace que se desechen 9,5 millones de toneladas de comida cada año; 3,9 millones de toneladas proceden del sector comercial. Se calcula que entre 400.000 y 600.000 toneladas de esos alimentos podrían y deberían recuperarse y consumirse.
4. Barcelona comparte su tiempo
Leerle un libro a una persona mayor, ayudar con los deberes, regar las plantas, reparar cosas o simplemente acompañar a alguien a pasear. Son cosas sencillas, pero hay momentos en la vida en que algunas personas no tienen tiempo suficiente para hacer todo lo que necesitan.
En Barcelona, la ciudadanía intercambia su tiempo a través de los bancos del tiempo. Actualmente, la ciudad tiene 28 bancos del tiempo incluidos en su sitio web. La ciudadanía puede ofrecer su tiempo y también recuperarlo más adelante, cuando tenga una tarea que no pueda realizar por sí misma.

El ayuntamiento afirma que estas iniciativas ayudan a fomentar el espíritu de cooperación y la confianza en los demás, además de promover buenas relaciones entre habitantes de distintas edades y procedencias.
5. Seattle comparte sus cosas
Es una biblioteca: una biblioteca de objetos.

La ciudad de Seattle cuenta ahora con seis bibliotecas comunitarias de herramientas u objetos. Ninguna está gestionada directamente por el gobierno, pero la mayoría recibió apoyo mediante subvenciones para ponerse en marcha.
Muchas de estas bibliotecas se encuentran en zonas de ingresos bajos o mixtos y ofrecen acceso asequible a herramientas. Esto contribuye a todo tipo de cosas, desde la creación de empleo hasta permitir que las familias cuiden mejor sus hogares y fortalecer la resiliencia comunitaria.



