El desafío de las tasas de interés en China

El desafío de las tasas de interés en China
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NUEVA YORK – La exitosa transformación de China, de país de ingreso mediano a país moderno de ingreso alto, dependerá en gran medida de las reformas que el gobierno emprenda en la próxima década. Las reformas financieras deberían encabezar la agenda, comenzando por la liberalización de las tasas de interés. Pero liberalizar las tasas de interés conlleva tanto riesgos como beneficios, y creará tanto ganadores como perdedores, por lo que los responsables de las políticas deben ser prudentes en su enfoque.

En 2012, el Banco Popular de China permitió a los bancos comerciales fijar tasas de interés sobre los depósitos hasta un 10 % por encima de la tasa de referencia, y sobre los préstamos bancarios hasta un 20 % por debajo. Así, si el PBOC fija la tasa de interés de los depósitos a un año en 3 %, los bancos comerciales pueden ofrecer a los depositantes una tasa de hasta 3,3 %. Muchos analistas consideraron que esta medida, que introdujo un pequeño grado de competencia entre los bancos comerciales, algo inexistente hasta entonces, era una señal de que China pronto liberalizaría aún más las tasas de interés.

Pero cualquier nuevo avance hacia la liberalización de las tasas de interés debe tener en cuenta todos los costos y beneficios potenciales. Los responsables de las políticas chinas deberían comenzar con un examen detallado de los efectos de la actual represión financiera (la práctica de mantener las tasas de interés por debajo del nivel de equilibrio del mercado).

El grado de represión financiera en un país puede estimarse calculando la brecha entre la tasa media de crecimiento del PIB nominal y la tasa media de interés a largo plazo; una brecha mayor indica una represión más severa. En los últimos 20 años, esta brecha ha sido de ocho puntos porcentuales en China, frente a unos cuatro puntos porcentuales en promedio en las economías emergentes y casi cero en la mayoría de las economías desarrolladas, donde las tasas de interés están totalmente liberalizadas.

Los bancos centrales de los países en desarrollo mantienen artificialmente bajas las tasas de interés para garantizar financiación suficiente y de bajo costo para el sector público, evitando al mismo tiempo grandes déficits fiscales e inflación elevada. Pero, a largo plazo, unas tasas de interés tan bajas también pueden desincentivar el ahorro de los hogares, provocar una inversión insuficiente del sector privado y, en última instancia, dar lugar a una subinversión generalizada en la economía, como ocurrió en el pasado en muchos países latinoamericanos.

En muchos aspectos, China está rompiendo el molde. A pesar de la severa represión financiera, ha experimentado un ahorro y una inversión extremadamente elevados, debido principalmente a la fuerte propensión al ahorro de los hogares chinos y a la inversión masiva impulsada por el gobierno, en particular por parte de los gobiernos locales.

Los efectos adversos de la represión financiera en China se reflejan principalmente en sus desequilibrios económicos. Las bajas tasas de interés de los depósitos incentivan a los ahorradores, especialmente a los hogares, a invertir en activos fijos en lugar de mantener su dinero en los bancos. Esto genera sobrecapacidad en algunos sectores, reflejada, por ejemplo, en la creciente burbuja inmobiliaria de China, y subinversión en otros.

Más importante aún, la represión financiera contribuye a ampliar la disparidad entre las empresas estatales y las pequeñas y medianas empresas (pymes): las primeras disfrutan de tasas de interés artificialmente bajas por parte de los bancos comerciales, mientras que las segundas se ven obligadas a pagar tasas de interés extremadamente altas en el sistema bancario paralelo (o no pueden acceder en absoluto a financiación externa).

La liberalización de las tasas de interés, junto con otras reformas financieras, ayudaría a mejorar la eficiencia en la asignación de capital y a optimizar la estructura económica. También podría ser un requisito previo para que China profundice sus mercados financieros, en particular el mercado de bonos, sentando una base sólida para flexibilizar el tipo de cambio del renminbi y abrir aún más las cuentas de capital y financieras de China, una condición previa para la eventual adopción del renminbi como moneda de reserva internacional.

Las pymes y los hogares con ahorro neto son los que más se beneficiarían de la liberalización de las tasas de interés. Pero los “ganadores” de la represión financiera, es decir, los bancos comerciales y las empresas estatales, deberán afrontar nuevos desafíos.

En el sistema actual, los diferenciales fijos entre las tasas de interés de los depósitos y las de los préstamos se traducen en beneficios monopolísticos para los bancos comerciales. (Los diferenciales de tres puntos porcentuales de que han disfrutado los bancos chinos son aproximadamente equiparables a los de sus homólogos de países desarrollados.) Al crear más competencia por los ingresos por intereses y reducir los diferenciales netos de las tasas de interés, la liberalización de las tasas podría reducir la rentabilidad de los bancos, mientras que las empresas estatales probablemente serían las más afectadas, debido a costos de financiación mucho más elevados.

Otro riesgo importante de la liberalización de las tasas de interés en China proviene del aumento de la deuda pública, en particular de la deuda de los gobiernos locales, que ha crecido significativamente tras la crisis financiera mundial. Un parámetro clave para determinar la sostenibilidad a largo plazo de la deuda pública es la brecha entre las tasas de interés y la tasa de crecimiento del PIB nominal. En China, la deuda pública total asciende actualmente a aproximadamente 60-70 % del PIB, una carga manejable. Pero, una vez liberalizadas las tasas de interés, se prevé que la relación deuda/PIB del sector público aumente sustancialmente.

Ante estos desafíos, los líderes de China deben adoptar un enfoque prudente frente a la liberalización de las tasas de interés. La implementación gradual permitiría a los perdedores ajustar su comportamiento antes de que sea demasiado tarde, al tiempo que se mantiene el impulso de reformas fundamentales, que deberían ser la máxima prioridad de los responsables de las políticas. Al fin y al cabo, como ha señalado el primer ministro Li Keqiang, “las reformas serán el mayor dividendo para China”.

Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no necesariamente las del Foro Económico Mundial. Publicado en colaboración con Project Syndicate.

Autor: Pingfan Hong es jefe de la Unidad de Seguimiento de la Economía Mundial del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas.

Imagen: Una obra de construcción en Pinghu, provincia de Zhejiang, 28 de septiembre de 2012. REUTERS/Aly Song

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