Por qué necesitamos instituciones para resolver los problemas del mundo

Por qué necesitamos instituciones para resolver los problemas del mundo
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Con las medidas extraordinarias adoptadas esta semana por el Banco Central Europeo, el mundo vuelve a confiar en la política monetaria como fuente de estabilidad. Basta con retroceder una semana para encontrar las causas de la volatilidad cambiaria actual y comprender que los mejores esfuerzos de los bancos centrales no serán suficientes si todas las partes interesadas principales en esta crisis no actúan juntas.

Los acontecimientos de esta semana son el último de los muchos ejemplos que he observado en casi medio siglo dedicado a los asuntos globales. Los «problemas perversos» que orientan los acontecimientos a escala mundial solo pueden abordarse cuando todas las partes interesadas de la sociedad logran alcanzar un acuerdo común mediante el diálogo y la interacción, basados en la confianza mutua.

El mundo se enfrenta ahora a desafíos interconectados y complejos, impulsados por fuerzas globales sin precedentes. Estas fuerzas son bien conocidas, aunque no se comprendan del todo, y se han debatido ampliamente esta semana en Davos, no solo en el ámbito económico, sino también en las dimensiones geopolítica, tecnológica y social.

De la desintegración de los Estados nación al agotamiento de los líderes

Entre ellos figuran la desintegración de los Estados nación, a medida que la ciudadanía redefine sus identidades bajo el impulso de las fuerzas de la tecnología y la globalización; la transformación de la naturaleza del trabajo y una grave crisis de empleo tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo; los cambios a largo plazo en los niveles de crecimiento en todo el mundo desarrollado; una «crisis de la mediana edad» en las economías emergentes; un síndrome de «agotamiento» entre los líderes, llevados al límite; y el resurgimiento de la competencia estratégica entre países y regiones, a medida que se hacen sentir las limitaciones de los recursos.

Estas y muchas otras tendencias globales multiplican el número y la complejidad de los desafíos que trascienden los ámbitos tradicionales de gobernanza y los marcos formales de nuestro sistema internacional.

Desafíos como estos exigen un nuevo tipo de institución global. Aunque quizá no sepamos del todo cómo serán las instituciones del mañana, sí sabemos que el entorno en el que operarán no será más fácil que aquel en el que vivimos actualmente.

Sabemos que las instituciones del mañana deberán ser informales, flexibles y ágiles, porque los desafíos surgen más rápido que nunca y, ante todo, las instituciones deben responder con prontitud. Sabemos que deberán estar conectadas en red, porque no es posible abordar los desafíos sin contar con los líderes más pertinentes y los conocimientos especializados más acertados. También sabemos que las instituciones deben poder reunir a las personas tanto en línea como en persona, ya que el progreso se logra mediante la interacción continua, cara a cara y virtual.

Es importante señalar que, para ser eficaces, las instituciones deben ser confiables e imparciales.

Esta semana, el Foro Económico Mundial recibió el reconocimiento oficial como institución internacional de cooperación público-privada. Espero que esto siente las bases para cumplir nuestra misión: ofrecer continuidad tanto al contexto como a los desafíos, de modo que los líderes puedan dar forma a respuestas que trasciendan los intereses que representan y nos hagan avanzar.

Aunque la Reunión Anual de Davos concluirá hoy, nuestro trabajo apenas comienza.

Autor: El profesor Klaus Schwab es fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial.

Imagen: El logotipo de la Reunión Anual 2015 del Foro Económico Mundial se ve en el centro de congresos de Davos, el 20 de enero de 2015.

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