El mundo atraviesa los niveles más altos de migración forzada de los que existen registros. Los conflictos, los desastres naturales y otras emergencias han obligado a más de 70 millones de personas a abandonar sus hogares, de las cuales unos 26 millones se han convertido en refugiados. A menudo soportan viajes largos y peligrosos, tras los cuales deben averiguar cómo reconstruir sus vidas. Afortunadamente, existen formas de ayudar a estos refugiados y la economía local del lugar donde ahora viven.
En estos tiempos de división y desacuerdo políticos, sin duda algunos cuestionarán si la asistencia humanitaria puede ser realmente eficaz. Pero existen pruebas sólidas de que los enfoques innovadores y flexibles de la asistencia humanitaria pueden marcar una gran diferencia de manera eficiente y rentable.
La entrega de asistencia monetaria es uno de esos enfoques, y ya ha resultado invaluable para los refugiados sirios en Jordania, Líbano y Turquía. En particular, la Red de Seguridad Social de Emergencia (ESSN) de Turquía ha permitido a unos 1,6 millones de refugiados no solo satisfacer sus necesidades básicas, sino también participar en la economía local.
Única por su escala, enfoque e impacto, la ESSN se puso en marcha a finales de 2016 por la Unión Europea (UE) y el Gobierno de Turquía, y el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA) la ejecuta junto con la Media Luna Roja Turca. Proporciona a las familias refugiadas elegibles una tarjeta de débito que se carga cada mes con 120 liras turcas (21 dólares) por miembro de la familia, además de un complemento trimestral según el tamaño de la familia. Según una investigación del PMA, los refugiados suelen gastar el dinero en alquiler, electricidad, alimentos y salud.
Desde el lanzamiento del programa, el número de beneficiarios que retiran a sus hijos de la escuela ha disminuido más de un 50 %, y el número de padres beneficiarios que afirman haber tenido que renunciar a alimentos para garantizar que sus hijos tengan suficiente se ha reducido un 45 %. Más fundamentalmente, como demuestra la campaña #IncredibleOrdinary del PMA, al empoderar a los refugiados para que tomen decisiones cotidianas, desde qué comer hasta cómo llegar al trabajo, por sí mismos y no impuestas por otros, se restaura un sentido de libertad, dignidad e identidad a personas que lo han perdido todo.
La buena noticia es que el apoyo a la ayuda a los refugiados y al uso de este tipo de programas es sólido. En una reciente conferencia de donantes copresidida por la ONU y la Unión Europea, más de 50 países se comprometieron a aportar una cifra récord de 6.970 millones de dólares para apoyar a millones de sirios necesitados, tanto dentro como fuera del país.
La ESSN, financiada íntegramente por la UE, es un testimonio del compromiso de Europa no solo con la ayuda a los refugiados, sino también con el apoyo al gobierno y a la sociedad turcos, que han mostrado una hospitalidad excepcional con los 3,6 millones de sirios que actualmente viven en su país. En total, Turquía acoge a unos 4 millones de refugiados, muchos más que cualquier otro país del mundo. Esto ha provocado una grave presión sobre los servicios públicos y otros recursos locales.
Al permitir que los refugiados accedan a una vivienda, consuman una dieta más variada y mantengan a sus hijos en la escuela, la ESSN ha contribuido a aliviar esa presión. Además, al convertir a los refugiados en consumidores activos, ha supuesto un gran impulso para la economía turca, con un valor superior a 1.000 millones de dólares a lo largo de dos años y medio.
La ESSN está lejos de ser el primer programa de asistencia monetaria con un impacto tan significativo. En la última década, el éxito de estos programas ha alentado su continua adaptación y expansión. En 2009, los programas de asistencia monetaria del PMA entregaron unos 10 millones de dólares en diez países. En 2018, se entregaban 1.760 millones de dólares en 62 países.
Por supuesto, la asistencia monetaria no es una panacea. También se necesitan otras iniciativas, como los programas de distribución de alimentos y de asistencia nutricional, para proteger a las personas atrapadas en zonas afectadas por conflictos o tras desastres naturales. Pero en lugares donde los mercados están lo suficientemente desarrollados como para ofrecer los bienes y servicios necesarios, como las ciudades en las que cada vez más refugiados se encuentran, la asistencia monetaria puede cambiar realmente la vida.
Los refugiados merecen la oportunidad de reconstruir sus vidas con dignidad y autonomía. Los programas de asistencia monetaria les ofrecen esa oportunidad.



