Nuestras ciudades se construyen ladrillo a ladrillo, a menudo con prácticas constructivas que han evolucionado poco en el último siglo y que prestan poca atención a una planificación adecuada y al desarrollo sostenible.
Sin embargo, las nuevas innovaciones y tecnologías han producido formas progresivas de construir el entorno edificado para garantizar que la infraestructura urbana, una vez instalada, pueda contribuir de forma valiosa al funcionamiento de una ciudad durante siglos, resistiendo muchos cambios de uso y función. Una buena infraestructura urbana debe anticipar el cambio, construirse para adaptarse y ser resiliente.
El Global Agenda Council on the Future of Cities ha detallado las 10 innovaciones urbanas más importantes que darán forma al futuro de nuestras ciudades. En el centro de estas innovaciones está la comprensión de que las ciudades del futuro deben ser flexibles y adaptables, tanto en el día a día –haciendo más con menos espacio y recursos– como a largo plazo, siendo capaces de adaptarse a las poderosas megatendencias que ejercen una presión considerable sobre el entorno urbano. Las tres tendencias clave que darán forma a la agenda de las ciudades durante los próximos años son: los cambios demográficos, un entorno cambiante y la escasez de recursos; y la disrupción tecnológica y de los modelos de negocio.
Cambios demográficos
Naciones Unidas informa de que la población mundial ascenderá a 9.600 millones de personas en 2050. Casi todo este crecimiento se producirá en las ciudades; se estima que el 66 % de la población mundial vivirá en zonas urbanas en 2050. La mayoría de estas ciudades se encuentran en el sur global y, en la actualidad, carecen de la capacidad y los recursos necesarios para garantizar que su crecimiento sea sostenible.
Un crecimiento descontrolado de la población urbana puede dar lugar a una expansión urbana vasta e insostenible, o a la creación de barrios marginales densos con malas condiciones de vida. Las ciudades deberán acoger a más personas sin aumentar su huella urbana; es decir, aumentar la densidad sin reducir la calidad de vida. Esto puede lograrse con espacios habitables reprogramables, como los que ha desarrollado el MIT en sus apartamentos reprogramables o mediante la construcción de estructuras con múltiples usos en mente, garantizando que puedan emplearse para fines distintos en diferentes momentos del día o de la semana, como reutilizar espacios de oficinas o escuelas para actividades sociales o de ocio por las tardes o los fines de semana.
En el mundo desarrollado, años de descenso de la natalidad y de mayor esperanza de vida están provocando un envejecimiento acelerado de la población, con sus propios retos. Los efectos de este cambio demográfico ya se dejan sentir en países como Japón, Italia, Alemania y Noruega, lo que presiona a las ciudades para que repiensen la provisión de infraestructura urbana, adopten el diseño universal y reutilicen y reconviertan edificios e infraestructuras que quedan obsoletos.
Esta tendencia también aumenta la demanda de servicios sanitarios y sociales, así como de viviendas que atiendan las necesidades de las personas a lo largo de una vida de 100 años. Tokio es una ciudad a la vanguardia de esta tendencia: se estima que cierran 200 escuelas al año y la ciudad las reconvierte en centros de educación de adultos, residencias para mayores y espacios de ocio y ejercicio para las personas mayores. Las ciudades de otras economías avanzadas deben prepararse para esta eventualidad.
Cambio del entorno y escasez de recursos
El clima del mundo durante el próximo siglo probablemente cambiará de forma drástica. El aumento de la frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos, la desertificación y la subida del nivel del mar amenazan directamente a las ciudades del mundo. Quince de las 20 ciudades más grandes del mundo se encuentran en zonas costeras amenazadas por la subida del nivel del mar y las marejadas ciclónicas. Para afrontar estos desafíos, las ciudades deben ser resilientes e integrar mecanismos de adaptación en su tejido urbano. Si están bien diseñadas, las infraestructuras que protegen frente a fenómenos climáticos de alto impacto también pueden ser flexibles y cumplir una función valiosa durante toda su vida útil. Proyectos como la Dry Line de Nueva York, o el parque de skate con defensa contra inundaciones de Roskilde, combinan infraestructuras resilientes con un espacio para actividades comunitarias de ocio.
Fuente: Outlook on the Global Agenda 2015
El urbanista Patrick Abercrombie, autor del plan maestro de Londres posterior a la Segunda Guerra Mundial, reservó su entorno rural como un «cinturón verde» destinado a preservar el campo, al tiempo que proporcionaba sustento a la ciudad. Hoy el cinturón verde de la ciudad es global, y la escasez de agua y de recursos en cualquier región puede alterar con facilidad el delicado equilibrio entre una ciudad y su red mundial de producción.
La llegada de la agricultura urbana ayudará a mitigar este riesgo. Las granjas urbanas son en gran medida hidropónicas –suministran agua y nutrientes directamente a las raíces– y de ciclo cerrado, lo que significa que utilizan hasta un 90 % menos de agua. Pueden situarse en cualquier lugar y apilarse verticalmente, lo que las hace hasta 100 veces más productivas por hectárea. Para 2050, la población mundial demandará un 70 % más de alimentos que los consumidos hoy; las granjas urbanas ayudarán a las ciudades a alimentar a sus crecientes poblaciones, creando un cinturón verde vertical y añadiendo flexibilidad al sistema alimentario con rendimientos garantizados y cadenas de suministro de bajo riesgo.
Las ciudades consumen enormes cantidades de todo tipo de recursos, desde los materiales con que se construyen hasta las demandas de sus ciudadanos en productos y envases. Las ciudades no pueden seguir el modelo de extraer, fabricar y desechar, que llena vertederos y agota recursos finitos, y deben avanzar hacia una economía más circular. Es necesario implantar sistemas de reutilización y reciclaje para gestionar de forma inteligente los residuos, y los propios materiales de construcción deben diseñarse para su reutilización. El programa de la Unión Europea Buildings as Material Banks, crea edificios reutilizables que almacenan y registran el valor de sus materiales compuestos a lo largo de su vida útil. Otros emplean materiales reciclados con valor añadido, como contenedores marítimos para ofrecer viviendas flexibles y de bajo coste a estudiantes y jóvenes profesionales.
Disrupción tecnológica y de los modelos de negocio
Las ciudades son motores económicos. Según McKinsey, 600 ciudades son responsables del 60 % del PIB mundial. La economía sana de una ciudad sostiene a su población mediante salarios y actividad emprendedora. Sin embargo, toda actividad económica está sujeta a disrupciones; los cambios en los modelos de negocio pueden crear nuevas oportunidades, pero ciudades desde Detroit hasta Liverpool han sufrido los posibles efectos negativos del cambio industrial.
En la cuarta revolución industrial, es probable que veamos los mayores cambios industriales de una generación, que transformarán la forma en que trabajamos y vivimos en el entorno urbano. Innovaciones como la impresión 3D, la inteligencia artificial y la robótica de nueva generación cambiarán los modelos de trabajo y producción de formas imposibles de predecir. Las ciudades y las empresas deben ser adaptables. Google, una empresa a la vanguardia de este cambio, prevé que su modelo de negocio podría transformarse drásticamente. Su nueva sede de Mountain View está adaptada a esta situación: se trata de una serie de enormes domos bajo los cuales pueden montarse rápidamente cualquier número de estructuras, adecuadas para cualquier propósito; lo que la hace completamente reprogramable para cualquier uso eventual. Las ciudades deben adoptar un enfoque similar en la construcción.
La economía colaborativa puede definirse como la distribución y el intercambio de bienes y servicios excedentes entre particulares, facilitados en gran medida por la tecnología moderna. Este nuevo modelo está teniendo un profundo impacto en el entorno urbano. Muchos consumidores se alejan de la propiedad y se orientan hacia el acceso, alquilando el acceso a la movilidad, el entretenimiento o el espacio.
Las empresas de la economía colaborativa añaden de forma natural una capa de flexibilidad a la ciudad. Airbnb, por ejemplo, permite a las personas alquilar sus apartamentos cuando están fuera de la ciudad, aumentando con facilidad la capacidad de la ciudad para acoger afluencias de visitantes a medida que crece la demanda. A medida que la economía colaborativa se desarrolla, empresas similares permitirán a las ciudades impulsar notablemente su eficiencia, garantizando que no se desperdicie ningún exceso de capacidad.
La humanidad se enfrenta a la titánica tarea de añadir más de 2.000 millones de personas a la población urbana antes de 2050, lo que equivale a crear una ciudad del tamaño de Londres cada mes durante las próximas dos décadas. Para alojar, alimentar y dar empleo a estas personas, las ciudades tendrán que hacer más con menos; deben ser más inteligentes, más ecológicas y más eficientes. Tendrán que innovar.
La Summit on the Global Agenda 2015 se celebra en Abu Dabi del 25 al 27 de octubre. El informe Top 10 Urban Innovations puede consultarse aquí.
Autores: Alice Charles, responsable de comunidad del sector de infraestructuras y desarrollo urbano del Foro Económico Mundial, y James Pennington, especialista en redes de conocimiento y análisis del Foro Económico Mundial.
Imagen: Un hombre observa el horizonte de Shanghái desde el edificio Shanghai Financial Center, 25 de octubre de 2011. REUTERS/Carlos Barria




