¿Puede la Unión Africana cambiar las prácticas crediticias mundiales?

A signage at an entrance to the African Union (AU) Mission is pictured in Washington, D.C., U.S. December 15, 2020. Picture taken with a long exposure. REUTERS/Raphael Satter
The African Union is looking to introduce an Africa-based credit rating agencyImage: REUTERS/Raphael Satter
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  • La Unión Africana ha estado haciendo valer su voz en materia de calificación y evaluación crediticias.

  • Reclama la creación de una agencia de calificación crediticia con sede en África, conocida como AfCRA.

  • Aunque el argumento de que una voz alternativa con mayor conocimiento de África constituye un punto de partida razonable para defender AfCRA, aún quedan por abordar cuestiones importantes.

En los últimos tiempos, la Unión Africana ha estado haciendo valer su voz en materia de calificación y evaluación crediticias.

A través de su agencia Mecanismo Africano de Evaluación por Pares, una organización creada inicialmente como órgano de vigilancia mutua de la gobernanza entre los Estados africanos, ha puesto en marcha una campaña para ofrecer una alternativa a la labor de las tres grandes agencias mundiales de calificación crediticia (Fitch, Moody’s y S&P) en África y justificar la urgente necesidad de una agencia de calificación crediticia con sede en África, conocida como AfCRA.

La reciente decisión de Fitch, una agencia de calificación con sede en Nueva York, de rebajar la calificación de Afreximbank, el segundo mayor banco multilateral de desarrollo (BMD) de África, a BBB —un nivel por encima de la categoría especulativa— ha insuflado nuevos bríos a la campaña de la Unión Africana.

La posición de la Unión Africana se ve reforzada por varias premisas plausibles: las calificaciones crediticias afectan al costo del crédito para África, lo que agrava la crisis del servicio de la deuda y, por tanto, priva al continente de recursos para financiar su desarrollo.

Además, algunos analistas dicen que pueden discernir un sesgo sistémico contra África por parte de las tres grandes agencias de calificación, todas ellas de origen estadounidense.

Con estos antecedentes, ¿cómo podría alguien oponerse a una agencia africana especializada en calificación crediticia?

Sin embargo, un examen más detenido de la posición de la Unión Africana revela fisuras en sus propuestas de políticas y en su postura de defensa.

El caso de Afreximbank

Hasta ahora, la Unión Africana ha sostenido lo siguiente:

a) La decisión de Fitch de rebajar la calificación de Afreximbank presenta fallos técnicos, porque es incorrecto afirmar que Ghana, Zambia y Sudán del Sur están en situación de impago. A juicio de la Unión Africana, estos países solo están «invitando» a Afreximbank a negociar una reestructuración.

b) El tratado por el que se creó Afreximbank le concede la «condición de acreedor preferente» y, por tanto, los países no tendrían, en ningún caso, fundamento jurídico para incurrir en impago.

Ambos argumentos son difíciles de sostener ante hechos claros que los contradicen.

Ghana había reconocido que llevaba dos años en situación de impago, una medida que ha suscitado discretos reproches de algunos altos cargos de la Unión Africana. Zambia no paga sus obligaciones con Afreximbank desde 2021. Y Afreximbank ha tenido que llevar a Sudán del Sur ante los tribunales para intentar recuperar su dinero.

Según las reglas de Fitch, basta con que una deuda esté vencida durante seis meses para que se clasifique como improductiva. La deuda total pendiente de estos países también basta para que Afreximbank supere el umbral del 6 % de deuda improductiva que Fitch considera un riesgo crediticio elevado.

En cuanto a la «condición de acreedor preferente», la Carta de Abiyán por la que se creó Afreximbank no dice nada al respecto. Los capítulos sobre inmunidades y privilegios no mencionan el tratamiento de la deuda ni cómo debería clasificarse en cuanto a prelación la deuda de los préstamos del banco con sede en El Cairo. Esto contrasta por completo con los tratados que establecen organizaciones para las que la condición de acreedor preferente es esencial, como el Mecanismo Europeo de Estabilización Financiera.

De hecho, resulta poco coherente pensar que, al crear Afreximbank, los jefes de Estado quisieran concederle la condición de acreedor preferente, ya que su mandato debía consistir en financiar el comercio del sector privado africano. La práctica consolidada establece que los préstamos al sector privado no gozan de la condición de acreedor preferente. Así, por ejemplo, las agencias de calificación no aplican esa condición a los préstamos de la Corporación Financiera Internacional al sector privado. Cuando Afreximbank se fundó en 1993, los jefes de Estado no podían prever las exposiciones soberanas que tiene hoy.

De hecho, pese a esas exposiciones soberanas, el 92 % de las exposiciones de Afreximbank siguen correspondiendo al sector privado. Cerca del 40 % de sus accionistas son entidades privadas que asumen riesgos. Todo esto contrasta claramente con entidades como el BAfD y el Banco Mundial, que sí gozan de la condición de acreedor preferente y son propiedad exclusiva de los gobiernos.

África cuenta ahora con un grupo bastante diverso de instituciones financieras multilaterales. Algunas desempeñan funciones muy especializadas. ¿Deberían todas y cada una gozar de la condición de acreedor preferente? De ser así, ¿quién soportaría el mayor impacto si un país africano tuviera que reestructurar su deuda?

No hay cero emisiones netas sin África.
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AfCRA

El impulso de la Unión Africana para crear una nueva agencia de calificación sin ninguno de los defectos de las tres grandes debe basarse en una crítica más sólida que su ataque a la decisión de Fitch de rebajar la calificación de Afreximbank.

Aunque el argumento de que una voz alternativa con mayor conocimiento de África constituye un punto de partida razonable para defender AfCRA, aún hay cuestiones importantes que no se han abordado plenamente. La evidencia de un sesgo crediticio sistémico contra África es objeto de controversia, por lo que constituye una base débil para crear una nueva organización de políticas públicas.

a) Crear una agencia de calificación crediticia verdaderamente de primer nivel, capaz de estar a la altura de la reputación de las tres grandes y, a la vez, ampliar la cobertura de los emisores soberanos y empresariales africanos y evaluar las emisiones nacionales e internacionales, costaría muchísimo dinero. Los intentos fallidos de crear una entidad de este tipo para Europa tras la crisis financiera mundial, cuando el rechazo a las tres grandes alcanzó su punto álgido, tenían un presupuesto aproximado de 400 millones de dólares. Hasta ahora, no se ha hecho público ningún modelo de negocio claro de AfCRA que demuestre que puede conseguir financiación sustancial.

b) Como respuesta parcial a la preocupación por la sostenibilidad financiera, la Unión Africana ha dicho que AfCRA será totalmente privada. Eso significa que no será una agencia de la Unión Africana, sino que contará únicamente con su respaldo. El único socio técnico privado que ha dado a conocer es CareEdge, de origen indio. La pregunta que se plantea es esta: ya hay al menos media docena de agencias regionales de calificación con sede en África; ¿por qué respaldaría la Unión Africana una empresa emergente?

c)La misma pregunta podría ampliarse. En el mundo hay alrededor de 150 agencias de calificación. Los gobiernos africanos pueden recurrir a cualquiera de ellas si creen que las tres grandes tienen un sesgo. La verdadera razón por la que acuden a las tres grandes es que controlan el 95 % del mercado en los principales centros financieros internacionales. Por eso, aunque Afreximbank cuenta con una calificación triple A de la agencia china CCXI y una calificación A2 de la sudafricana GCR, todo el mundo habla de la de Fitch. ¿Por qué prestarían los inversores más atención a la calificación de una agencia emergente que a las de las tres grandes?

d)Como era de esperar, otras regiones, como el Caribe, que han creado una voz alternativa en materia de calificación y la han mantenido activa durante más de dos décadas, no han informado de ninguna disminución de la influencia de las tres grandes.

La Unión Africana carece del estatus supranacional de entidades como la Unión Europea y se limita a formular políticas. Ese papel en materia de políticas ha brillado por su ausencia en el diseño de una arquitectura financiera continental capaz de abordar cuestiones apremiantes, como la manera de distribuir la condición de acreedor preferente entre el número cada vez mayor de instituciones de financiación del desarrollo de África y de establecer un mecanismo de estabilización financiera (equiparable al de la Unión Europea) con una condición de acreedor preferente incuestionable.

Quizá debería volver a centrarse en esos mandatos fundamentales y reducir las disfunciones, en lugar de implicarse directamente en ámbitos que requieren mucha ejecución, como las calificaciones crediticias, donde su credibilidad y capacidad son limitadas.

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