Cada vez se reconoce más a los migrantes como actores transnacionales que pueden contribuir al desarrollo de sus países de origen sin regresar a ellos. En las últimas décadas, los países de acogida y los países de origen han comenzado a mirar más allá de las remesas financieras de los migrantes y a considerar también las remesas sociales. Muchos programas de ayuda y consolidación de la paz buscan aprovechar el acceso de los migrantes a sus países de origen y el conocimiento que tienen de ellos.
Los países de acogida, incluidos los Estados miembros de la UE, colaboran cada vez más con las diásporas como socios para el desarrollo en la formulación de políticas relativas a sus países de origen. Muchos Estados miembros financian programas para las diásporas en el marco de la temática de migración para el desarrollo. Sin embargo, la fragmentación de las diásporas sigue siendo un desafío para los donantes. Esto no sorprende, dado que las diásporas están formadas por distintos grupos de migrantes y por personas que migraron en distintas etapas. En algunos casos, los donantes responden a esta diversidad alentando la creación de organizaciones paraguas que reúnan y representen a cada facción. Dada la diversidad de muchas diásporas, es poco probable lograr una «unificación» integral y eficaz.
Es importante tener en cuenta que las distintas facciones tienen fortalezas y debilidades diferentes. Las diásporas de refugiados, que suelen quedar excluidas de los programas de desarrollo, comprenden el poder, la política y el potencial de la consolidación de la paz. En el plano político, pueden representar a personas que no tienen voz en su país de origen. En el plano práctico, pueden tener una ventaja comparativa para asesorar sobre la marginación, la reconciliación y la desmovilización. También pueden ejercer influencia o, al menos, servir de canal de comunicación con grupos en sus países de origen que deben formar parte de un acuerdo integral sobre cuestiones de guerra y paz.
Un aspecto que dificulta a los donantes la colaboración con las diásporas de refugiados es su tendencia a estar muy politizadas. Según los donantes, la politización afecta el tono y la eficacia de la cooperación para el desarrollo. Además, los grupos politizados pueden tender a alejarse del desarrollo local y centrarse en la reforma del gobierno nacional.
Esta complicación puede abordarse diferenciando con más cuidado a los socios durante la selección para los programas de desarrollo que aprovechan las diásporas. Una propuesta sería diseñar programas y procedimientos de selección para incorporar grupos a un conjunto de «diásporas para el desarrollo». Si los programas incluyen objetivos explícitamente políticos —como la resolución de conflictos, la consolidación de la paz o la desmovilización—, estos pueden separarse administrativamente en la forma de reclutar a las organizaciones de la diáspora como participantes, mediante un conjunto de «diásporas para la consolidación de la paz». Formalizar esa política puede ser más eficiente que abordarla de manera improvisada.
Ciertamente, las diásporas de refugiados no deberían quedar excluidas de los programas de desarrollo, como suele ocurrir actualmente. En cambio, una división burocrática que fomente la creación de distintos conjuntos de organizaciones permitirá que los grupos se especialicen de manera útil en ámbitos de desarrollo y consolidación de la paz. Así, los refugiados y otros migrantes podrían elegir por sí mismos según sus ambiciones y habilidades.
Un enfoque como este, centrado en eliminar las tensiones políticas cuando no son necesarias, puede contribuir a que las actividades de consolidación de la paz y desarrollo no terminen antes de empezar.
Esta publicación apareció originalmente en el blog People Move del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Jacob Townsend es experto en migración y ha trabajado para gobiernos, organizaciones internacionales y empresas privadas en distintos aspectos de la migración. Zdena Middernacht trabaja en Bruselas y es gerente de programas en Farsight.
Imagen: Una niña se esconde detrás de un adulto. REUTERS/Finbarr O’Reilly.



