¿Puede la inversión verde pagarse a sí misma?

¿Puede la inversión verde pagarse a sí misma?
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En una serie de publicaciones de blog que preceden al lanzamiento del informe Green Investment 2013, el 21 de enero, por parte de la Green Growth Action Alliance del Foro Económico Mundial, varias voces destacadas presentarán sus perspectivas particulares. En la siguiente publicación, Simon Zadek, Senior Fellow del Global Green Growth Institute, analiza las tendencias actuales en materia de inversión verde.

Según el informe de la Green Growth Action Alliance, Green Investment, se necesitan US$100 billones de aquí a 2030 para financiar las necesidades de infraestructura a nivel mundial. Irónicamente, que el plan actual tenga éxito tal como se concibe sería un desastre para los inversores y para la comunidad mundial. Bloquear infraestructuras «marrones», intensivas en carbono y en recursos naturales, aceleraría nuestro avance hacia un aumento insostenible de 4C de la temperatura global en las próximas décadas.

La inversión verde es el único lujo que debemos permitirnos. Los inversores se muestran reticentes y aducen la reducción de los rendimientos ajustados al riesgo de la inversión verde. Y es cierto: según el informe de la Alliance, los costes adicionales ascienden a US$ 0,7 billones al año. Además, la ecologización conlleva mayores riesgos políticos, ya que el retroceso de las políticas en Estados Unidos y en el Reino Unido ha reducido drásticamente los rendimientos previstos de las energías renovables. Los riesgos tecnológicos de la captura y el almacenamiento de carbono, el gas de esquisto y la energía nuclear refuerzan aún más la reticencia de los inversores.

Todo ello es cierto, pero, en realidad, los inversores se equivocan: la inversión verde se pagará a sí misma. La Agencia Internacional de la Energía es una de las cada vez más numerosas voces autorizadas que destacan las posibles ganancias financieras netas de las inversiones verdes, en particular en energía verde y eficiencia energética. Además, los innovadores mecanismos de financiación público-privada han demostrado su eficacia para reducir y distribuir los riesgos.

Green Investment destaca experiencias exitosas en estos mecanismos, desde las tarifas reguladas (feed-in tariffs) hasta los bonos verdes y las garantías contra el riesgo político y cambiario que atraen la inversión privada. Los inversores suelen estar mal informados sobre estos enfoques probados y, como consecuencia, pierden oportunidades rentables. No hay mucho que ganar esperando a políticas perfectas que nunca llegarán o que, si llegan, provocarán una avalancha de inversiones y el potencial de obtener rendimientos más altos se perderá.

Las inversiones intensivas en carbono y en recursos naturales corren el riesgo de quedar «varadas» («stranded»), es decir, de perder un valor considerable en el futuro porque la comunidad inversora está valorando mal el riesgo. Los inversores no tienen en cuenta los cambios de política previstos, como los impuestos al carbono, la reducción de las subvenciones a los combustibles fósiles y las medidas relacionadas con el comercio, que reducirán drásticamente el valor de los activos intensivos en carbono. Una investigación de HSBC concluyó que, en los escenarios futuros que considera probables, el valor de los activos de carbón en poder de las grandes mineras del Reino Unido podría caer un 44 %.

En conjunto, la inversión marrón continuada socavará, con el tiempo, el crecimiento económico y, por tanto, dañará las perspectivas de inversión. El Banco Mundial ha concluido que la trayectoria actual de emisiones provocará un aumento de 4C de la temperatura global en los próximos 50 años y de 6C a finales de siglo. Al no tener en cuenta el riesgo climático, sir Nicholas Stern, presidente del Grantham Research Institute on Climate Change and the Environment, Reino Unido, señala que los inversores están, en la práctica, apostando por un aumento insostenible de la temperatura global, e incluso fomentándolo.

La inversión verde tiene sentido para los inversores con una visión a largo plazo y bien informada, y con expectativas razonables de rendimientos ajustados al riesgo. Pero se necesita un gestor de fondos valiente, inteligente y bien respaldado para salir de la sombra de una comunidad inversora que, en gran medida, apuesta a corto plazo contra sí misma. Los grandes inversores institucionales, los fondos de pensiones y las compañías de seguros, pese al creciente llamamiento a la «inversión sostenible», no están poniendo su dinero sobre la mesa.

Los países en desarrollo tienen la oportunidad de dar un salto por encima de los mercados de capitales más maduros y consolidados de los países ricos, adoptando una perspectiva a largo plazo al dar forma a la regulación, a la cultura de inversión y, directamente, a las decisiones de inversión allí donde participen instituciones controladas por el Estado. Existen oportunidades rentables que aprovechar evitando el cortoplacismo distorsionador, y enormes beneficios públicos al garantizar que la inversión verde establezca infraestructuras duraderas que sustenten sus futuras economías eficientes en carbono y en recursos naturales. Y la práctica confirma la realidad de este potencial. La inversión no perteneciente a la OCDE en energías renovables creció quince veces entre 2004 y 2011, a un ritmo del 47 % anual. La financiación de activos de energía limpia originada en países en desarrollo en 2012 va camino de superar, por primera vez, a la originada en países desarrollados.

Los mercados financieros pueden y deben orientarse para cumplir sus dos funciones interrelacionadas: ofrecer rendimientos sólidos ajustados al riesgo y apoyar la inversión en la economía sostenible del mañana.

Los inversores en activos marrones acabarán perdiendo dinero a medida que estos activos pierdan valor ante el aumento de los costes del carbono y de los recursos naturales. Pero, con las tendencias actuales, puede que sea demasiado tarde para cambiar el curso de la historia. Lo que se necesita es que los inversores privados reciban ayuda e incentivos para ecologizar sus carteras, pero también que sean penalizados si no lo hacen.

Cuatro medidas ayudarían:

  1. Ampliar las buenas prácticas: Es necesario extender la aplicación de experiencias exitosas en mecanismos de financiación pública que movilicen la inversión privada, como los descritos en Green Investment.

  2. Divulgar las prácticas: Podría exigirse a los inversores que revelen cómo valoran el carbono y los recursos naturales en la valoración de sus activos, de modo que queden sometidos al escrutinio público.

  3. Incorporar el riesgo marrón en los precios: La inversión se ecologizaría más rápido si las calificaciones crediticias, tanto corporativas como soberanas, tuvieran en cuenta estos riesgos ecológicos.

  4. Ampliar el alcance de las reformas: por último, las reformas de los mercados financieros que se emprendan en el futuro deben diseñarse teniendo en cuenta la resiliencia de la economía y del medio ambiente en su conjunto, y no solo la viabilidad de las instituciones y los mercados financieros.

Autor: Simon Zadek es actualmente investigador visitante en la Escuela de Economía y Gestión de la Universidad Tsinghua, y ha contribuido a la preparación del informe Green Investment. Es Senior Fellow del Global Green Growth Institute.

Imagen: Se ven aerogeneradores en una granja REUTERS/Larry Downing

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