En comparación con otras regiones, los países africanos tienen un bajo nivel de infraestructuras, especialmente en energía y transporte; el potencial de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) no se ha aprovechado plenamente. Este marcado déficit de infraestructuras, unido a regulaciones comerciales onerosas, ha elevado el coste de hacer negocios y ha limitado la productividad nacional. Además, supone un cuello de botella crítico para la integración regional. Hoy en día, los países africanos se cuentan entre las economías menos competitivas del mundo.
Según el Africa Competitiveness Report 2013, las economías africanas pueden iniciar el proceso de integración profunda si sus redes de infraestructuras se diseñan de forma que conecten los centros de producción y los centros de distribución de todo el continente. Dicha infraestructura permitirá a África competir de manera eficaz, acceder a los mercados regionales y beneficiarse de la globalización mediante la inversión y el comercio. Para lograrlo se requiere una infraestructura nacional y transfronteriza eficiente y segura, así como un sistema coherente de regulación de las transacciones empresariales.
Se necesita una inversión considerable en infraestructuras mediante fuentes de financiación innovadoras para subsanar el bajo nivel de competitividad de África. De hecho, el Programa para el Desarrollo de Infraestructuras en África (PIDA) calcula que África tendrá que invertir hasta 93 000 millones de US$ anuales hasta 2020, tanto en inversión de capital como en mantenimiento. Los gobiernos harían bien en crear condiciones que favorezcan la participación del sector privado, en particular mediante asociaciones público-privadas. También es necesario fomentar el desarrollo de los bonos de infraestructura como instrumento de financiación.
Entorno de infraestructuras y regulación: situación actual y retos
Solo el 30 % de la población de África tiene acceso a la electricidad, frente al 70 % o el 90 % en otras regiones del mundo. Además, el acceso por carretera en África se limita a alrededor del 34 % de la población, frente al 50 % en otras zonas del mundo en desarrollo. Aunque se han logrado avances considerables en las TIC, como demuestra el enorme aumento de las conexiones de telefonía móvil en la última década, África partía de una base baja y su tasa de penetración de Internet es de solo alrededor del 6 %, frente a una media del 40 % en el resto del mundo.
Los 15 países sin litoral del continente afrontan retos particulares a la hora de exportar e importar bienes debido a la falta de infraestructuras multimodales. Además, muchos puertos africanos presentan graves problemas de capacidad, agravados por un sistema de transporte terrestre interior ineficaz. Las ineficiencias en los puertos africanos provocan tiempos de tramitación lentos y tasas más elevadas que las de otras regiones comparables.
El déficit energético del continente se debe a la limitada capacidad de generación, en gran medida por la falta de financiación a largo plazo. La falta de inversión a gran escala es consecuencia de la limitada participación de los agentes del sector privado y de las dificultades para movilizar financiación a largo plazo de los sistemas financieros africanos con el fin de costear grandes proyectos, como las infraestructuras. En consecuencia, existe una necesidad crítica de inversiones innovadoras en el sector energético, incluida la inversión procedente de recursos movilizados a nivel nacional. Sin embargo, el atractivo de esta inversión se ve socavado por tarifas y subsidios que distorsionan los precios relativos y la rentabilidad. Las instalaciones energéticas de toda África necesitan con urgencia nuevas fuentes de inversión innovadoras, en particular para la generación, las líneas de transmisión y la distribución.
A nivel regional, debería prestarse atención urgente al desarrollo de infraestructuras energéticas regionales para alcanzar economías de escala. En el sector eléctrico, solo África Austral ha logrado la transición a un mercado eléctrico regional competitivo, y solo se han realizado unas pocas inversiones importantes en infraestructuras energéticas regionales del continente, entre ellas las conexiones Etiopía–Yibuti y Etiopía–Kenia, así como la columna vertebral de transmisión costera de 300 kilovoltios (kV) entre Nigeria y Benín.
La prolongada falta de inversión en transporte de África ha dado lugar a infraestructuras de transporte en mal estado. Los países africanos invirtieron, de media, entre el 15 % y el 25 % del PIB en infraestructuras de transporte durante el periodo 2005-2012, mientras que India y China invirtieron alrededor del 32 % y el 42 % del PIB, respectivamente, en el mismo periodo. Esta escasa inversión ha provocado que los costes de transporte de África sean considerablemente más elevados (hasta un 100 % superiores) que en otros países en desarrollo de bajos ingresos.
África ha avanzado en las TIC, en particular en lo relativo al despliegue de infraestructuras mediante cables submarinos y tecnologías móviles. En 2011, 19 cables submarinos conectaban África con el resto del mundo, frente a solo tres en 2005. Como consecuencia, la capacidad acumulada aumentó de 2.900 gigabytes a 102 terabytes en ese periodo. África está saltándose las redes fijas y pasando directamente a las tecnologías móviles. El subsector de la telefonía móvil ha sido el más dinámico de todos, y la proporción de población que recibe señal móvil se ha multiplicado por diez en cinco años. Una de las innovaciones más destacadas en el uso de las TIC en África ha sido el sector del dinero móvil, como demuestra Kenia.
Aunque el subsector de las TIC ha sido el más dinámico de los subsectores de infraestructuras, en algunos países el avance se ha visto limitado por el monopolio estatal, lo que ha generado costes excesivos y ha socavado el acceso y la calidad de los servicios de TIC. En consecuencia, el precio de la banda ancha y de las llamadas internacionales es excesivo, y la ausencia de competencia repercute negativamente tanto en los ingresos como en la productividad de las empresas públicas y privadas, lo que socava la inversión.
Cómo el desarrollo de infraestructuras influye en la competitividad de África
Los modos de transporte eficaces (carreteras de calidad, ferrocarriles, transporte aéreo y puertos) permiten a los emprendedores llevar sus bienes y servicios al mercado de forma segura y puntual, facilitan el desplazamiento de los trabajadores a su lugar de trabajo y fomentan la inversión extranjera directa. Las economías también dependen de un suministro eléctrico libre de interrupciones y carencias, para que las empresas y las fábricas puedan funcionar sin obstáculos. Además, una red de telecomunicaciones sólida y extensa permite un flujo rápido y libre de información, lo que aumenta la eficiencia económica global al garantizar que las empresas puedan comunicarse y tomar decisiones oportunas, teniendo en cuenta toda la información pertinente disponible.
Los datos demuestran que existe una relación positiva entre la inversión en infraestructuras y el crecimiento económico. Esto ocurre porque una infraestructura sólida acelera las tasas de convergencia del crecimiento anual hasta en un 13 % y también aumenta el crecimiento anual per cápita en casi un 1 %. El impacto más fuerte procede de las telecomunicaciones, seguidas de las carreteras y la electricidad. Se estima que invertir de forma sostenida un 1 % adicional del PIB en transporte y comunicaciones incrementa la tasa de crecimiento del PIB per cápita en un 0,6 %. El crecimiento de la productividad, y por tanto la competitividad, es mayor en los países con una oferta adecuada de servicios de infraestructura.
Mthuli Ncube es economista jefe y vicepresidente del Banco Africano de Desarrollo.
Imagen: Un vendedor ambulante que vende tarjetas de teléfono móvil en un cruce de carreteras en Uagadugú, Burkina Faso. REUTERS/Darrin Zammit Lupi



