No son la tecnología ni la regulación lo que frenala cadena de bloques—un software que almacena y transfiere valor o datos a través de internet—; simplemente aún no hemos encontrado el próximo gran caso de uso.Dos informespublicados esta semana por Data61, de CSIRO, no solo aportan a la conversación una solidez respaldada por una investigación rigurosa, sino que también ofrecen pistas sobre por qué algunos de los principales proyectos de cadena de bloques se han estancado.
Desde 2015, los bancos, los organismos reguladores, los gigantes tecnológicos y las empresas emergentes de todo el mundo han recaudado miles de millones de dólares para explorar la cadena de bloques.
Pero el único uso de la cadena de bloques que ha tenido verdadero éxito y puede ampliarse sigue siendo el de las criptomonedas como Bitcoin. Actualmente, los bitcoins cotizan a casi 4.000 dólares australianos, con una capitalización total de mercado de 61.400 millones de dólares australianos.
Pensemos en la cadena de bloques como una hoja de cálculo transparente o un «libro mayor público». Cuando alguien transfiere bitcoins, por ejemplo, unos «mineros» verifican la transacción, la cifran y añaden un «bloque» a la hoja de cálculo. La minería requiere mucha potencia informática, por lo que se incentiva a los mineros a participar en el sistema mediante una recompensa en bitcoins.

Aún falta encontrar la manera de reunir todas estas piezas para darles usos distintos de las criptomonedas.
Debido a toda la potencia informática que se necesita para verificar y cifrar nuevos bloques, mantener en funcionamiento una red de cadena de bloqueses caro y consume mucha electricidad. Por este motivo, solo debería utilizarse una cadena de bloques si resuelve problemas concretos. Por ejemplo, podría permitir que los usuarios consultaran los libros mayores y las transacciones de los demás, eliminando así la necesidad de que un tercero de confianza gestione el riesgo. La propia cadena de bloques, mediante una criptografía sofisticada, proporcionaría privacidad y confianza.
Por el contrario, si ya hay un tercero central que gestiona la confianza entre los usuarios y verifica las transacciones (algo que los bancos ya hacen para sus clientes), probablemente no haga falta una cadena de bloques. De lo contrario, una base de datos sofisticada o un sistema experto serían alternativas más baratas y sencillas.
Oportunidades y riesgos
Los informes de Data61describen algunas de las posibles oportunidades que ofrece la cadena de bloques en Australia, como vigilar la propagación de plagas o enfermedades animales y vegetales, la vigilancia fronteriza, el seguimiento de la propiedad intelectual y los sistemas de identidad que ofrecen mayor certeza sobre los derechos, las prestaciones y las obligaciones fiscales. Los informes también identifican algunos riesgos.
Los riesgos son tanto comerciales como técnicos. Por ejemplo, los libros mayores públicos no garantizan la privacidad y, en general, las cadenas de bloques no son adecuadas para almacenar grandes volúmenes de datos de alta velocidad. La cadena de bloques de Bitcoin lleva más de un año sufriendo este mismo problema. Encontrar una solución es prioritario para los desarrolladores que quieran atraer el número de usuarios necesario para que mantener una red sea rentable.
El uso de la cadena de bloques en transacciones financieras también plantea dificultades para cumplir con la legislación contra el blanqueo de capitales, que exige que cualquiera que preste servicios financieros, por ejemplo, verifique la identidad de sus clientes.
Estas deficiencias podrían explicar por qué varios proyectos de cadena de bloques de gran repercusión se han estancado recientemente. Por ejemplo, la semana pasada, el Banco de Canadá anunció que su proyecto de cadena de bloques, Jasper, aún no está preparado para gestionar liquidaciones. Aludiendo a problemas de transparencia y privacidad, el banco concluyó que las ventajas de usar la cadena de bloques no compensaban los riesgos.
Pero el riesgo no es la única razón por la que los proyectos de cadena de bloques se estancan.
En febrero de 2017, el consorcio R3CEV de bancos y tecnólogos anunció, tras más de 18 meses de inversión, innovación y pruebas, que no utilizaría la cadena de bloques en su proyecto porque no la necesitaba.
Mientras tanto, en un discursopronunciado en la Conferencia Africana sobre la Cadena de Bloques en marzo de 2017, Andreas Antonopoulos advirtió que muchos de los recientes proyectos de «cadena de bloques» son intentos fraudulentos de captar capital bajo el disfraz de la innovación y las tecnologías disruptivas.
El santo grial de la cadena de bloques
Aunque Bitcoin ha demostrado lo que puede hacer la cadena de bloques, la tecnología aún necesita una aplicación revolucionaria que justifique todo el entusiasmo que genera. La candidata más probable hoy en día es el «contrato inteligente». Los contratos inteligentes son transacciones programables con una lógica interna compleja, capaces de interactuar con dispositivos conectados a internet y con otros contratos inteligentes.
Por ahora, el problema de los contratos inteligentes es que pueden manipularse. Para poner a prueba las capacidades de la cadena de bloques, hace falta un contrato inteligente de pequeña escala y bajo riesgo, con poco en juego, que, por ejemplo, regule el consumo de energía, gestione permisos o garantice el pago al suministrar un producto.
El informe sobre contratos inteligentesde Data61 enumera algunas posibilidades, pero primero debemos gestionar los riesgos de fraude, vulneración de la privacidad y crecimiento desmesurado de la cadena de bloques. Una vez reducidos estos riesgos a niveles nulos o insignificantes, podrá reanudarse el trabajo de fondo.



