Más allá de la ayuda: qué pueden aprender otros países de China

Vehicles are seen on a main avenue during the evening rush hour at sunset in Beijing September 3, 2014. REUTERS/Jason Lee (CHINA - Tags: BUSINESS ENVIRONMENT TPX IMAGES OF THE DAY TRANSPORT) - RTR44STN
China has a clear comparative advantage in infrastructure construction, owing to its lower labor costs and vast domestic market.Image: REUTERS/Jason Lee
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Pese a la aparente tranquilidad de las reuniones de primavera de este año del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, hay motivos de preocupación por la economía mundial. La inminente salida «dura» del Reino Unido de la Unión Europea y la agenda antiglobalización del presidente de EE. UU., Donald Trump, están generando incertidumbre económica y seguirán haciéndolo durante algún tiempo.

A diferencia de Trump, el presidente chino Xi Jinping ha salido en defensa de la globalización y ha puesto nuevo capital a disposición para crear bienes públicos globales, mejorar la conectividad y crear empleos en países en desarrollo. Más de 60 países han acogido con satisfacción la iniciativa «Un cinturón, una ruta» de Xi, y 28 jefes de Estado asistirán a una cumbre de OBOR en Pekín el 14 de mayo. Entonces, ¿qué motiva a China a perseguir esta visión grandiosa, que tantos países, especialmente del mundo en desarrollo, han abrazado?

En nuestro nuevo libro, Más allá de la ayuda: cooperación para el desarrollo y transformación estructural, sostenemos que la ayuda oficial al desarrollo (AOD) no tiene por qué ser siempre en condiciones concesionarias y defendemos ir «más allá de la ayuda», hacia un enfoque más amplio —como el que adopta China— que incluya el comercio y la inversión. Actualmente, la definición de AOD de la OCDE ni siquiera incluye algunos de los instrumentos más eficaces para facilitar la transformación estructural en los países receptores, como la inversión en capital y los grandes préstamos no concesionarios para infraestructura.

Al combinar la ayuda con el comercio y la inversión, tanto los países donantes como los receptores pueden beneficiarse. Por ejemplo, la cooperación para el desarrollo Sur-Sur utiliza las tres actividades para aprovechar las fortalezas económicas de los países receptores. Esto permite a la cooperación para el desarrollo Sur-Sur evitar los cuellos de botella en los países socios que suelen darse con el modelo estándar de AOD, que separa la ayuda del comercio y la inversión privada y, por tanto, impide que los países aprovechen sus ventajas comparativas.

En nuestro libro, analizamos este tema desde la perspectiva de la Nueva economía estructural. La Nueva Economía Estructural considera el desarrollo económico moderno como un proceso de cambio estructural continuo en las tecnologías, las industrias y la infraestructura física y blanda, todo lo cual aumenta la productividad laboral y, por ende, el ingreso per cápita.

Según la Nueva Economía Estructural, el enfoque más eficaz y sostenible para que un país de bajos ingresos impulse un crecimiento y un desarrollo dinámicos es desarrollar aquellos sectores en los que tiene ventajas comparativas latentes: allí donde los costos de producción son bajos, pero los costos de transacción son altos debido a una infraestructura física y blanda inadecuada. Los gobiernos pueden ayudar a reducir los costos de transacción mediante la creación de zonas económicas especiales o parques industriales, la mejora de la infraestructura y el fortalecimiento del entorno empresarial general en esos enclaves. Con este enfoque, un país en desarrollo puede crecer de forma dinámica y crear un círculo virtuoso de generación de empleo y reducción de la pobreza, aunque su infraestructura y su entorno empresarial generales sigan siendo deficientes.

Además, las grandes economías de mercados emergentes, como China, Brasil y la India, pueden usar sus ventajas comparativas en infraestructura y manufactura ligera para ayudar a otros. En el caso de China, esto concuerda con un principio confuciano: «Quien desea alcanzar el éxito también debe ayudar a los demás a tener éxito; quien desea desarrollarse también debe ayudar a los demás a desarrollarse».

China tiene una clara ventaja comparativa en la construcción de infraestructura, gracias a sus menores costos laborales (el costo de un capataz de obra en China equivale a una octava parte del de los países de la OCDE) y a su vasto mercado interno, que le han permitido alcanzar economías de escala que otros países sencillamente no pueden lograr. En consecuencia, el costo total de construcción del ferrocarril de alta velocidad en China equivale a dos tercios del de los países industrializados.

Pero las ventajas comparativas de China en 46 de 97 subsectores —en particular, en la manufactura— también benefician a otros países en desarrollo. A medida que aumentan los costos laborales en China, las industrias intensivas en mano de obra se trasladan a países en desarrollo con salarios más bajos, lo que genera millones de oportunidades de empleo. Por ejemplo, Huajian Shoemaking Company, C&H Garments y China JD Group (un fabricante de prendas de vestir) operan actualmente en zonas económicas especiales de Etiopía, Ruanda y Tanzania, respectivamente.

Además de exportar sus ventajas comparativas, China también despliega «capital paciente», con vencimientos de diez años o más. En un artículo publicado recientemente, conceptualizamos el capital paciente como una inversión en una «relación», en la que el inversor mantiene una participación a largo plazo en el desarrollo de un país. Quienes aportan capital paciente son como los inversores en capital, pero están dispuestos a «inmovilizar» dinero en el sector real durante un período prolongado.

Quienes aportan capital paciente también están más dispuestos y mejor preparados para asumir riesgos. En el gráfico siguiente mostramos que la posición de activos externos netos de un país está estrechamente correlacionada con su orientación a largo plazo. En cambio, las posiciones de activos externos netos de los países con una orientación a corto plazo y una tasa de ahorro baja tienden a deteriorarse, mientras que sus deudas externas aumentan.

Image: Project Syndicate

El capital paciente desempeña un papel importante en la financiación de infraestructura, porque suele ir acompañado de conocimientos tecnológicos y administrativos que ayudan a mejorar la conectividad global y acelerar el desarrollo.

Hasta ahora, las grandes reservas de capital paciente de China se han utilizado para financiar proyectos nacionales. Sin embargo, se exportarán cada vez más a medida que más empresas y bancos chinos «se globalicen». De hecho, China podría convertirse pronto en el mayor acreedor neto del mundo, y una parte de sus activos externos netos adoptará la forma de capital paciente, adecuado para mejorar la infraestructura, desarrollar sectores manufactureros y crear empleos en todo el mundo.

Desde 2015, una proporción menor de la financiación para el desarrollo proviene de la ayuda tradicional y una proporción mayor, de instituciones de financiación para el desarrollo, bancos de desarrollo y fondos soberanos de riqueza de economías emergentes. China, por ejemplo, se ha comprometido a aportar 60.000 millones de dólares en financiación para el desarrollo de África durante el período 2016-2018, gran parte de ellos en forma de capital paciente.

China y otras economías emergentes también están pasando del bilateralismo al multilateralismo, al trabajar con socios del Norte y del Sur globales. A medida que nuevas instituciones dirigidas por países del Sur, como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura y el Nuevo Banco de Desarrollo, colaboran con bancos multilaterales de desarrollo ya establecidos, aprenden a ser mejores socios y dan impulso a los esfuerzos de desarrollo global.

Además, China intenta aprender de sus socios para mejorar sus propias normas de gobernanza, laborales y medioambientales. Este proceso bidireccional está dando lugar a nuevas ideas, teorías y conceptos, entre ellos nuestro libro. Debe acogerse con satisfacción que China asuma un papel global. Somos cautelosamente optimistas respecto a que el Norte y el Sur puedan trabajar juntos para garantizar la paz y la prosperidad para todos.

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