De la crisis a la confianza: el recorrido de 10 años de Azerbaiyán hacia la resiliencia económica

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  • Tras el desplome de los precios del petróleo de 2015, Azerbaiyán puso en marcha un programa integral destinado a reforzar su resiliencia económica.

  • Las medidas inmediatas, como el endurecimiento del gasto y la prevención de riesgos, han sido respaldadas por una reforma institucional más profunda y por la diversificación económica.

  • La experiencia del país muestra cómo las economías ricas en recursos pueden desarrollar resiliencia y adaptarse al turbulento panorama mundial actual.

Después de que el desplome de los precios del petróleo de 2015 sacudiera la economía de Azerbaiyán, muy dependiente de la energía, los responsables de políticas pusieron en marcha un amplio programa de reformas que ha transformado de manera sistemática el panorama macrofinanciero del país. Una década después, este recorrido adquiere un nuevo significado.

Mientras los mercados mundiales se enfrentan a una volatilidad renovada, impulsada por las tensiones geopolíticas, las transiciones climáticas y los ciclos inflacionarios, la experiencia de Azerbaiyán ofrece un ejemplo oportuno de cómo las economías ricas en recursos pueden avanzar hacia la resiliencia. La trayectoria del país subraya una lección fundamental: la solidez institucional y los marcos de políticas sólidos no son solo remedios posteriores a las crisis, sino necesidades permanentes en un mundo de riesgos acumulativos.

En 2015, los precios del crudo Brent cayeron más de un 40 %, lo que redujo drásticamente los ingresos fiscales de Azerbaiyán y dejó al descubierto debilidades estructurales en una economía en la que los hidrocarburos representaban aproximadamente tres cuartas partes de los ingresos por exportaciones. La moneda del país, el manat, sufrió dos fuertes devaluaciones, la inflación anual llegó brevemente a alcanzar dos dígitos y las reservas de divisas se redujeron en un tercio. La crisis, aunque dolorosa, se convirtió en un catalizador del cambio: las autoridades pasaron a un régimen de flotación gestionada para la moneda (que permite que el manat se mueva con las fuerzas del mercado, al tiempo que sigue permitiendo la intervención del banco central cuando es necesario), endurecieron el gasto fiscal y, lo que es fundamental, se comprometieron con una reforma institucional integral.

1. Fortalecimiento del sistema bancario

El Banco Central de Azerbaiyán (CBA) y el Servicio de Control Financiero respondieron en primer lugar. Se aceleró la adopción de las normas de capital y liquidez de Basilea III; la supervisión basada en el riesgo sustituyó a la mera verificación del cumplimiento formal; los bancos heredados se consolidaron o cerraron si no podían cumplir los requisitos. La ratio de préstamos morosos (NPL), que alcanzó un máximo del 21 % en 2016, se redujo al 2,4 % a finales de 2024; una mejora espectacular que demuestra que los bancos lograron sanear los créditos fallidos y restaurar la confianza en el sistema. La adecuación de capital total (el colchón de capital que los bancos mantienen para absorber posibles pérdidas) se sitúa actualmente en una media del 17 %, muy por encima de los requisitos mínimos; las pruebas de resistencia periódicas orientan la adopción de medidas correctoras oportunas.

La tecnología ha sido otro pilar. Un entorno regulatorio de pruebas abierto en 2020 impulsó el sector fintech del país, que crece con rapidez, mientras que la plataforma de pagos instantáneos recién lanzada procesa más de un millón de transacciones minoristas diarias. Estas innovaciones respaldan el objetivo del Gobierno de elevar la cobertura de inclusión financiera del 66 % al 80 % de los adultos para 2026.

2. Reajuste de la política fiscal

En materia de finanzas públicas, el Ministerio de Finanzas introdujo un Marco de Gasto a Medio Plazo (MTEF) y una regla fiscal que limita el déficit primario no petrolero al 17,5 % del PIB no petrolero para 2027. En 2024, el déficit primario no petrolero se situó en el 20,6 %, superando su objetivo en 3,4 puntos porcentuales, lo que demuestra que el Gobierno está reduciendo su dependencia de los ingresos petroleros más rápido de lo previsto y reforzando la sostenibilidad fiscal. La presupuestación plurianual, complementada con supuestos conservadores sobre el precio del petróleo, protege los programas básicos, incluso cuando los mercados fluctúan. Otras reformas complementarias mejoraron la contratación pública electrónica, ampliaron la cobertura de la Cuenta Única del Tesoro y pusieron en marcha paneles de control casi en tiempo real para los organismos de gasto.

El compromiso de Azerbaiyán con la responsabilidad fiscal ha dado resultados medibles. A finales de 2024, la ratio de deuda pública sobre el PIB se situó en el 21,7 %, muy por debajo del techo a medio plazo del 30 %. El país también avanzó hasta el puesto 23 a nivel mundial en el Índice de Presupuesto Abierto 2023, con una puntuación de 67 sobre 100, 22 puntos por encima de la media internacional.

Lo más importante es que el Fondo Estatal del Petróleo de Azerbaiyán (SOFAZ) reforzó su mandato de inversión, diversificándose hacia infraestructuras, bonos verdes y capital privado. Conjuntamente, los activos del CBA y de SOFAZ ascendían a 73 000 millones de dólares en junio de 2025, equivalentes a casi dos años de importaciones, lo que proporciona un formidable colchón externo.

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3. Mejora de la gobernanza y la transparencia

Más allá de los marcos fiscales y financieros, la gobernanza institucional ha experimentado una mejora notable. La Asociación Bancaria de Azerbaiyán (ABA) ha establecido desde 2020 más de 15 grupos de trabajo técnicos, que abarcan ámbitos como la cultura del riesgo, las finanzas sostenibles, la regulación fintech y las normas prudenciales. Estas plataformas han facilitado un diálogo periódico entre los reguladores y el sector privado, lo que ha contribuido a acelerar la modernización de la supervisión y a ampliar la participación de las partes interesadas.

La transparencia regulatoria ha avanzado de forma significativa. El Banco Central ahora publica Informes de Estabilidad Financiera semestrales, boletines monetarios y macroeconómicos mensuales, y celebra periódicamente sesiones informativas de orientación prospectiva. Todos los bancos comerciales están obligados a publicar divulgaciones de riesgo normalizadas, que incluyen métricas de adecuación de capital, liquidez y concentración.

En 2024, Azerbaiyán se convirtió en uno de los primeros países de la región en publicar una taxonomía verde nacional destinada a movilizar las finanzas sostenibles y alinear los mercados de capitales con los objetivos ESG. Las autoridades de supervisión también han aplicado una supervisión de PBC/FT basada en el riesgo en todas las entidades financieras de nivel 1 y han completado la digitalización total de los trámites regulatorios del sector bancario, medidas que refuerzan las salvaguardas frente a los delitos financieros, al tiempo que hacen que la supervisión regulatoria sea más rápida, más transparente y menos onerosa para los bancos.

Este doble enfoque, que consiste en cerrar las brechas históricas y, al mismo tiempo, incorporar herramientas de riesgo con visión de futuro, ha posicionado a Azerbaiyán para atender tanto las necesidades de desarrollo nacionales como las normas internacionales en evolución. La resiliencia se refleja ahora no solo en los colchones fiscales, sino también en la transparencia institucional y en la creciente sofisticación de la coordinación de políticas en todos los sectores económicos.

4. Unir fuerzas frente al riesgo macrofinanciero

Desde 2021, la respuesta a las crisis se coordina en los niveles más altos de la gobernanza económica. Los exámenes conjuntos de escenarios, que abarcan las perturbaciones de las materias primas, los efectos derrame de los conflictos regionales y los ajustes de los tipos de interés mundiales, orientan medidas interinstitucionales como el apoyo a la liquidez y la concesión selectiva de moratorias de préstamos. Un cuadro de mando compartido de semáforos permite una actuación oportuna y unificada entre las autoridades fiscales, monetarias y regulatorias.

Resultados tangibles y retos de futuro

Los beneficios son visibles. En 2025, Fitch y Moody’s elevaron las calificaciones soberanas de Azerbaiyán a BBB- y Baa3, respectivamente, citando la disciplina en la gestión fiscal y los sólidos colchones externos. La inflación general se situó en el 2,2 % en 2024, frente al 12 % de los años inmediatamente posteriores a la devaluación. El PIB real creció un 4,1 % en 2024, frente al 1,4 % de 2023, con un fuerte crecimiento del sector no petrolero, del 6,1 %, en sectores como la construcción, las TIC, el transporte y el turismo.

Los inversores internacionales se han fijado en ello. Las entradas de IED alcanzaron los 4100 millones de dólares en 2024, su nivel más alto desde 2013, y más de un tercio se destinó a proyectos de energía renovable alineados con el compromiso de Azerbaiyán de alcanzar cero emisiones netas en 2050.

Pese a los avances, persisten los desafíos. La profundización de los mercados de capitales en moneda local, la plena alineación de la supervisión bancaria con el Derecho de la UE y la aceleración de la transición ESG de SOFAZ pondrán a prueba el compromiso de los responsables de políticas. Aun así, el historial de la última década sugiere que, ante una crisis, Azerbaiyán está preparado para adaptarse.

Al mismo tiempo, la agenda mundial de descarbonización puede ejercer una presión a largo plazo sobre los ingresos energéticos, lo que refuerza la urgencia de diversificar la economía. Azerbaiyán se encuentra ahora en una fase de transición hacia un modelo de crecimiento más equilibrado. Se están adoptando medidas concretas para impulsar el transporte, la agricultura, la industria, los servicios y la economía digital. La inversión en infraestructuras, la reforma regulatoria y el gasto específico en capital humano sustentan este cambio.

Aun así, queda mucho trabajo por hacer, en particular para ampliar las exportaciones no petroleras, profundizar los mercados nacionales y fomentar una producción competitiva a escala mundial. El país se mantiene en una fase crítica de construcción económica, con la resiliencia y la transformación como principios rectores.

Dado que las economías exportadoras de materias primas se enfrentan a un panorama mundial en rápida evolución, la resiliencia ya no puede depender únicamente de colchones o de herramientas de estabilización a corto plazo. La experiencia de Azerbaiyán ilustra cómo un marco de políticas coordinado, que vincule las reglas fiscales, la flexibilidad monetaria y la reforma regulatoria, puede ayudar a gestionar la volatilidad y sentar las bases de un crecimiento más sostenible y diversificado.

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