Ayudar a las personas refugiadas a salir de la pobreza podría empezar simplemente dándoles dinero en efectivo

An employee counts Euro notes at the Bank of Taiwan head office in Taipei May 10, 2010. Global policymakers unleashed an emergency rescue package worth about $1 trillion to stabilise world financial markets and prevent the Greek debt crisis from destroying the euro currency. REUTERS/Pichi Chuang (TAIWAN - Tags: BUSINESS) - RTR2DOS9
Cash handouts to Syrian refugees have reaped big benefits.Image: REUTERS/Pichi Chuang
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Junto con las iniciativas humanitarias a gran escala, los investigadores están probando una forma sencilla de ayudar a las personas refugiadas a salir de la pobreza, mejorar su alimentación, aumentar la asistencia escolar, reducir el trabajo infantil y empoderar a las mujeres.

La solución: darles dinero en efectivo.

En la comunidad dedicada a la investigación sobre filantropía, se ha demostrado que las transferencias directas de dinero en efectivo pueden mejorar la calidad de vida de las personas en los países en desarrollo. Datos recientes indican que funcionan igual de bien para quienes huyen de países devastados por la guerra: en ambos casos, las personas carecen de la seguridad económica y social que proporciona el dinero.

A pesar de la eficacia de los programas de transferencias de efectivo, los datos actuales muestran que solo el 6 % del gasto humanitario se destina a ese fin. A los expertos les preocupa que con demasiada frecuencia se pase por alto este enfoque, en favor de programas más amplios y costosos que no necesariamente ayudan a las personas de forma más eficaz.

Un nuevo informe del Overseas Development Institute, un centro de estudios con sede en el Reino Unido, analiza los efectos de las transferencias de efectivo que la Agencia de la ONU para los Refugiados (UNCHR) entregó a unas 32 000 familias sirias que vivían en Jordania (alrededor de una cuarta parte de la población refugiada del país). En el marco del programa, las familias recibieron entre 75 y 400 dólares a intervalos regulares durante un año.

Los investigadores descubrieron que las transferencias produjeron muchos de los beneficios previstos: mayor bienestar en el día a día, más seguridad financiera y mejor calidad de vida. El informe recoge las respuestas de 140 sirios en 60 entrevistas familiares. En promedio, las personas encuestadas llevaban 3,5 años en el país.

Entre los hallazgos:

- Casi todos los beneficiarios utilizaron el dinero para pagar el alquiler, que aproximadamente la mitad señaló como su primera prioridad, dada la generalizada inseguridad habitacional.

- La seguridad que brindaban los pagos periódicos alivió la preocupación por el futuro: aproximadamente un tercio de los beneficiarios declaró tener menos estrés.

- Aunque la población estudiada no era representativa de la población refugiada de Jordania, los datos sugieren que el dinero en efectivo redujo la necesidad de recurrir a «estrategias negativas de afrontamiento», como el trabajo infantil.

- Las transferencias de efectivo no mejoraron las tasas de empleo ni ciertos indicadores de los medios de vida, como los derechos de las mujeres, lo que refleja los límites sociales y culturales del dinero en efectivo.

- Hombres y mujeres utilizaron el dinero de formas muy parecidas.

Si los hallazgos se traducen en políticas eficaces, sugieren los autores, el dinero debería entregarse de forma periódica y puntual. Las transferencias de emergencia por única vez pueden ser útiles a corto plazo, pero la mitad de las personas refugiadas en todo el mundo lleva desplazada al menos 10 años, por lo que necesita beneficios a más largo plazo.

Sin embargo, los autores también señalan que organizaciones como el ACNUR tendrían que complementar los programas de transferencias de efectivo con otras iniciativas para cubrir ciertas carencias. Por ejemplo, es probable que el dinero no ayude a las niñas y las mujeres a superar los numerosos obstáculos que enfrentan para acceder a la atención sanitaria y la educación, y alcanzar la igualdad en el mercado laboral.

Los nuevos hallazgos sugieren que un programa eficaz de transferencias de efectivo requiere cooperación en ambos frentes: intervenciones amplias para facilitar el acceso a empleos seguros y legales, y formas de asistencia menos activas —como las transferencias de efectivo— para aliviar las dificultades cotidianas de quienes huyen de sus hogares.

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