Cómo la automatización está reduciendo la participación de los trabajadores en la producción económica

An employee is seen walking over a mosaic of pound sterling symbols set in the floor of the front hall of the Bank of England in London, in this March 25, 2008 file photograph. Sterling had its biggest one-day loss against the dollar in 11 months on February 22, 2016 after London Mayor Boris Johnson threw his weight behind the campaign to leave the European Union, dealing a blow to David Cameron by increasing the chance of a British exit from the EU. REUTERS/Luke MacGregor/Files TPX IMAGES OF THE DAY - GF10000318413
The view that technology can make workers better off isn't reflect in the way automation effects labour.Image: REUTERS/Luke MacGregor
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Aquí hay un misterio: ¿por qué está disminuyendo la participación de los trabajadores en la producción económica total? Si cree que esto ha ocurrido siempre o que la respuesta es obvia, se equivoca. Por el contrario, durante la mayor parte de los últimos dos siglos de auges, crisis, guerras y revoluciones tecnológicas, la participación del trabajo en el PIB se mantuvo notablemente constante (alrededor del 65 % en EE. UU.). Ese hallazgo, cuando se descubrió por primera vez hace décadas, sorprendió a todos. El economista británico John Maynard Keynes lo calificó de «un pequeño milagro». No obstante, parecía un hecho de la vida: los salarios de los trabajadores crecen con el PIB.

Pero entonces, por supuesto, no fue así. A partir de la década de 1980, en todo el mundo, la participación del trabajo comenzó a caer lentamente. En 2000, empezó a caer rápidamente. Actualmente, la participación del trabajo es del 56 % en EE. UU., lo que equivale a unos 11 000 dólares menos de ingresos anuales para el hogar promedio que con una participación del 65 %. La caída ha sido aún más pronunciada en algunos países, en particular en Alemania, y también se ha producido en economías en desarrollo, como China, India y México.

¿Qué está ocurriendo? El principal sospechoso es la tecnología, pero la relación causal no es tan evidente como parece. Después de todo, los avances tecnológicos del siglo XIX fueron revolucionarios y mejoraron notablemente los niveles de vida. ¿Qué ha cambiado en los últimos 30 años en la relación entre la tecnología y la distribución de la riqueza?

Una investigación reciente de Daron Acemoglu, del MIT, y Pascual Restrepo, de la Universidad de Boston, presenta una forma novedosa y sorprendente de analizar los efectos de la tecnología en los trabajadores. Según señalan, la automatización siempre elimina empleos, y la tecnología también crea nuevos; por ejemplo, la maquinaria desplazó a muchos trabajadores agrícolas en el siglo XIX, pero también creó millones de nuevos empleos en la industria manufacturera. Puede que esto sea de conocimiento común, pero no se disponía fácilmente de cifras exhaustivas sobre las tareas eliminadas y creadas por la tecnología.

Así que los investigadores hicieron un intenso trabajo con los números y los encontraron. «Miremos los 40 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial», dice Acemoglu, refiriéndose a un período en el que la participación del trabajo seguía estable. «Hubo bastante automatización [que eliminó tareas], pero también bastante introducción de nuevas tareas; eran casi idénticas». (Piense en todos los nuevos empleos en servicios, a medida que estos se convirtieron en una parte mucho mayor de la economía estadounidense en las décadas de 1950 y 1960). «Luego, el cambio radical de los últimos 30 años: la automatización se acelera un poco, pero la introducción de nuevas tareas se vuelve muy, muy lenta. Ese es el gran hallazgo principal».

Y ahí está también el misterio. La implicación significativa de esta investigación es la siguiente: por primera vez en la historia moderna, la automatización no es necesariamente buena para los trabajadores en su conjunto. «Nuestra evidencia y nuestro enfoque conceptual» no respaldan «la presunción de que el cambio tecnológico siempre y en todas partes será favorable a la mano de obra», escriben Acemoglu y Restrepo. «Si el origen del crecimiento de la productividad en el futuro sigue siendo la automatización, la posición relativa del trabajo disminuirá».

Image: Oficina de Estadísticas Laborales de EE. UU.

Una vez más, ¿por qué? Para los no economistas que observamos el mundo que nos rodea, es difícil no concluir que la explicación general implica el poder creciente de la tecnología: una combinación de la ley de Moore, algoritmos avanzados y conectividad universal, todo a un costo cada vez menor. Quizá la tecnología haya superado algún umbral en relación con las capacidades humanas. Si es así, el capital no complementaría el trabajo con tecnología, como siempre ha hecho, sino que en ocasiones tendría incentivos para sustituirlo por completo. El número de empleos no automatizables, existentes o aún por imaginar, se reduciría. Daniel Susskind, de la Universidad de Oxford, ha propuesto un modelo económico basado en un nuevo tipo de capital en esta línea, el «capital avanzado», que desplaza puramente el trabajo. Su modelo conduce a un escenario en el que «los salarios se reducen a cero».

Prácticamente ningún otro investigador está dispuesto a llegar a esa conclusión. Pero la visión cada vez más generalizada, según la cual la tecnología aún puede mejorar la situación de los trabajadores, aunque no necesariamente lo haga, refleja un cambio que transformará el mundo en la forma en que la automatización afecta al trabajo. Exige nuevas suposiciones por parte de los líderes empresariales y gubernamentales, de los inversores y de los trabajadores. Sugiere que los votantes podrían exigir políticas públicas que controlen el efecto de la tecnología sobre los trabajadores, ya que no se puede contar con que la tecnología mejore en general el bienestar de los trabajadores.

En una conferencia de 2013, el exsecretario del Tesoro Lawrence Summers afirmó: «Este conjunto de avances será la característica económica definitoria de nuestra era». Cada día que pasa, eso parece más cierto. Se está produciendo una importante reorganización social en sus primeras etapas. Prepárense para la agitación.

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